Domingo XIII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“Te seguiré adondequiera que vayas”
(Lc 9,51-62)






 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  1 Reyes 19,16.19-21

   “Te he elegido para que me sigas”             

   Salmo : 15
  “Me enseñarás la senda de la vida”

2ªLectura:  Gálatas 4,31-5,1.13-18

  “Para que seamos libres nos ha liberado Cristo”

Evangelio:    Lucas 9,51-62
   
“El que pone la mano en el arado y mira atrás no es apto para el Reino de Dios”












   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Con el pasaje de este domingo comienza una nueva sección en el evangelio de Lucas, a la que el evangelista le dedica una gran atención. Jesús decide firmemente encaminarse  hacia Jerusalén para consumar allí su misterio pascual. Este viaje será, además, la ocasión para instruir a sus seguidores sobre las exigencias del discipulado. El v. 51 marca el comienzo de un camino que termina en la insondable compañía del Padre. El camino tiene, por supuesto, un trazado físico, pero es ante todo un arquetipo, un modelo. Lucas va a ir exponiendo rasgos de un caminar en cristiano.
     El camino geográfico nos sitúa en un lugar de Samaría, no importa cuál. Samaría era la región situada entre Galilea al norte y Judea, con Jerusalén, al sur. Lo importante es que las relaciones entre judíos y samaritanos no eran en absoluto cordiales. Los samaritanos no eran ortodoxamente judíos: habían desarrollado unas tradiciones y una literatura propias, además de tener un templo autónomo. Heridos en su amor propio de judíos, Santiago y Juan le recuerdan a Jesús en el v. 54 una vieja tradición judía que habla de exterminio de samaritanos en tiempos de Elías, allá por el s. IX a. C. La tradición la encuentras recogida en el primer capítulo del segundo libro de los Reyes. Lucas comenta lacónicamente: Jesús se volvió y los reprendió. Y se marcharon a otra aldea.
     El camino como trazado geográfico continúa. Pero lo realmente importante es la voluntad de seguimiento. El verbo seguir domina la segunda parte del texto, en la que Lucas ha reunido tres máximas de Jesús. Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros, nidos; el Hijo del Hombre, nada de nada. Deja que los muertos entierren a sus muertos. El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no sirve. Lenguaje recio, desconcertante, estridente, absurdo en algún caso. ¿Acaso pueden los cadáveres enterrarse a sí mismos? ¡Y sin embargo esto es lo que Jesús dice! Toda cultura oral necesita de frases cortas y de imágenes extravagantes como vehículo de enseñanza memorizable. Cuanto más extravagantes y agresivas, mejor. Si alguno te golpea en una mejilla, ofrécele también la otra. Si alguien quiere quitarte el manto (ropa exterior), dale también la túnica (ropa interior) (/Lc 6,29). Precisamente su carácter desconcertante y gráfico confiere a estas frases la máxima garantía de autenticidad. Nos hallamos ante máximas literalmente pronunciadas por Jesús, quien indudablemente fue un consumado maestro del lenguaje y de la comunicación. Deja que los muertos entierren a sus muertos. Portentosa paradoja, por lo redonda, gráfica y absurda.
    Pero este mismo carácter paradójico, absurdo en ocasiones, debe llevarnos a resolver la incompatibilidad aparente en un pensamiento más profundo, a buscar el sentido de las máximas en un ámbito más hondo que el de su superficie de formulación. No siempre, sin embargo, se ha hecho esto y, así, se ha querido ver e incluso se sigue viendo en las tres máximas de hoy la invitación a sacrificar la seguridad personal (vs. 57-58), los deberes filiales (vs. 59-60) y los sentimientos y vínculos familiares (vs. 61-62). Tremenda aberración, que ha destrozado a muchas personas por haberse quedado en la superficie de la formulación y no haber ni siquiera sospechado el juego recio de la paradoja.
     La vida cristiana es un camino. Por eso, el viaje de Jesús hacia Jerusalén ha de ser leído por los discípulos de todos los tiempos como una parábola de lo que significa seguir a Jesús. Aunque no seamos misioneros itinerantes  ni debamos interpretar al pie de la letra lo que hemos leído, tenemos que tomar conciencia de que ser cristiano implica un compromiso muy serio que nos obliga a asumir riesgos y a replantearnos radicalmente nuestras prioridades.


 




 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • “Sígueme” ¿Cómo cuestiona esta página del evangelio tu manera de vivir el seguimiento de Cristo y tu relación con él?
  • “Te seguiré adondequiera que vayas” ¿Cómo te invita este texto a replantearte tu compromiso cristiano?
  • “Señor, déjame ir antes…” ¿Cuáles son tus prioridades en esta vida?

































     

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Domingo XXIII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“Si alguno quiere venir conmigo”
(Lc 14,25-33)






 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Sabiduría 9,13-18

    “¿Quién puede conocer los designios de Dios?”            

   Salmo : 89
  “Que adquiramos un corazón sabio”

2ªLectura:  Filemón 9,10.12-17

  “Recibe a Onésimo como a un hermano”

Evangelio:    Lucas 14, 25-35
    
“El que no viene detrás de mí no puede ser discípulo mío”












   

 

 

PALABRA DE VIDA

     No es fácil conocer los designios de Dios, quien nos manda acoger al esclavo como hermano querido o renunciar a todo para identificar la propia vida con la de Jesús. Todo ello nos desconcierta, por eso necesitamos que la sabiduría de Dios haga nacer en nosotros un corazón sabio, como nos ha dicho el salmo, con la sabiduría que da el hacer de Dios nuestro único refugio.
    Una vez más aparece explícita la perspectiva del camino. Un camino que Lucas concibe como reproducción del de Jesús, que es quien va delante marcándolo. Hacer este camino es ser discípulo de Jesús. Nos hallamos efectivamente ante un texto en el evangelista recoge tres condiciones para ser discípulo de Jesús.
    En la formulación de las mismas nos encontramos de nuevo con el lenguaje desconcertante y agresivo, hiriente incluso, de Jesús. Son formulaciones de choque, necesarias en una cultura cuyo vehículo prácticamente exclusivo de enseñanza era la palabra hablada. ¿Qué mejor forma de facilitar la memorización que la frase contundente e hiriente? "El que no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, a su propia vida, no puede ser discípulo mío". La traducción litúrgica ha tenido miedo y en vez de odiar ha traducido posponer. No cabe duda que una frase como ésta tenía garantizada la memorización por lo monstruoso de su formulación. Pero una formulación así no era un fin sino un medio didáctico para conseguir un fin, que no es otro que el de dar vueltas y vueltas a la frase hasta dar con su sentido. Y este sentido no es el de una renuncia voluntaria a los vínculos afectivos de la familia, como ha escrito un comentarista reciente. Lo que Jesús pide al discípulo no es romper con la familia lo que le pide es una disponibilidad total y absoluta. Jesús enuncia incisivamente el principio de la disponibilidad, dejando para sus oyentes la especificación concreta de las consecuencias.
    "El que no lleva su propia cruz no puede ser discípulo mío". Como formulación no se trata de ninguna metáfora. La crucifixión era la pena de muerte en la Palestina dominada por Roma. Jesús habla del riesgo de su camino e invita al discípulo a correr ese riesgo. "El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". El adiós a los bienes, a todos los bienes. Una frase así se le queda grabada a cualquiera La formulación es de nuevo realista e hiriente. ¿Qué pasaría si el dinero dejara de ser el móvil de la actuación humana? Pues esto es ni más ni menos lo que Jesús pide con esta frase. Una vez más nos hallamos ante un enunciado incisivo, que deja a los oyentes la especificación concreta de las consecuencias.
    En estas condiciones no cabe duda que ser discípulo de Jesús no es un camino fácil. Nos lo recuerda Lucas cuando introduce en el texto la parábola de un particular que quiere construir una fortificación para proteger sus tierras y la parábola de un rey que va a emprender una guerra. La fortificación a construir es cara; la guerra a emprender, desigual (un ejército de diez mil contra uno que dobla sus efectivos). Es decir, en ambos casos se trata de empresas difíciles y problemáticas y que, por ello mismo, no se pueden afrontar a la ligera. Ser discípulo de Jesús es también una empresa difícil, que tampoco se puede afrontar a la ligera.
    Bajo la forma de condiciones del caminar cristiano lo que en realidad sigue ofreciéndonos Lucas son nuevos rasgos de ese caminar. Estos nuevos rasgos son tres: absoluta disponibilidad, riesgo de muerte, el dinero no es ya la razón de ser y de actuar. La sola enumeración deja entrever su dificultad. Como ya veíamos el domingo pasado, esta dificultad no es de orden extrínseco sino intrínseco. Los rasgos de hoy apuntan hacia tendencias muy arraigadas en la psicología de la persona. El mínimo esfuerzo y el repliegue en uno mismo, el instinto de vivir, la seguridad del dinero: tres tendencias que parecen muy naturales a los hombres de todos los tiempos, y a los de hoy de manera especial.
    De esto se concluye que el ser cristiano no se ventila en el orden de la moralidad sino en el de las estructuras personales. Estamos demasiado habituados a pensar que ser cristiano es cumplir los mandamientos, cuando este cumplimiento es en realidad tarea común del cristiano y del que no lo es. Ser cristiano presupone, por supuesto, ese cumplimiento; pero no se agota en él ni mucho menos se especifica por él. Ser cristiano es una forma diferente de ser persona, una forma que se ventila en el profundo e invisible ámbito de las estructuras psicológicas, tales como la necesidad de repliegue, el instinto de vivir y la seguridad.
    Jesús deja las cosas claras en el camino que lleva a Jerusalén, de modo que ya nadie puede llamarse a engaño en cuestiones de seguimiento. Son palabras dirigidas a nosotros hoy, palabras difíciles, por eso le pedimos su Espíritu, para que remodele nuestra vida.

  

 




 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • En el camino del discipulado, Jesús es lo más importante; ¿estoy enfocando así mi relación con él?
  • ¿Me he sentado alguna vez a reflexionar con seriedad sobre lo que implica ser discípulo de Jesús, o vivo mi fe “a la ligera”?
  • ¿Qué comodidades hemos dejado para seguir a Jesús? ¿Cómo nos estimula esta certeza a dejar todo lo que no está en consonancia con Jesús y con el Reino para vivir con mayor esperanza y alegría?



































     

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“¡Señor, enséñanos a orar!”
(Lc 11,1-13)






 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Génesis 18,20-32

   “No se irrite mi Señor si sigo hablando”             

   Salmo : 137
  “Cuando te invoqué, me escuchaste”

2ªLectura:  Colosenses 2,12-14

  “Habéis sido sepultados con Cristo en el bautismo”

Evangelio:   Lucas 11,1-13
    
“Pedid y recibiréis”












   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Camino de Jerusalén, los discípulos ven rezar al maestro y brota en ellos la petición: “¡Señor, enséñanos a orar!”. De este modo, Lucas presenta a Jesús como modelo de oración para la Iglesia y expone que sin plegaria es imposible el discipulado. La ocasión es la oración del propio Jesús, una situación ya habitual (véase Lc. 3, 21; 6, 12; 9, 18.29), y el motivo, la petición de sus discípulos, deseosos de tener su propia plegaria a semejanza de los seguidores del Bautista. Parece evidente que Lucas quiere ofrecer el modelo de toda oración cristiana. Así lo confirman las palabras introductorias de Jesús: cuando oréis, decid.
        El modelo consta de los siguientes elementos: una invocación (¡Padre!), dos deseos y tres peticiones. La invocación es típica de Jesús y carece de paralelos en la tradición del judaísmo precristiano. Expresa intimidad, cercanía, confianza. Por su sencillez y limpieza contrasta con las recargadas formulaciones de muchas oraciones judías. Los dos deseos se refieren al Padre. El primero de ellos, santificado sea tu nombre, expresa el deseo de un reconocimiento, de que Dios sea conocido por los hombres en cuanto Padre. El segundo, venga tu reino, expresa en el fondo lo mismo que el anterior, esta vez bajo la perspectiva activa del Padre que se revela y se manifiesta. El cristiano aspira y pide al Padre que esta manifestación sea lo más plena y absoluta posible.
        La primera petición, danos cada día nuestro pan del mañana, plantea un problema en razón de que el texto original emplea un termino al parecer totalmente desconocido tanto en el resto de la literatura griega como en el lenguaje corriente. La traducción litúrgica ha optado por una interpretación de perspectiva escatológica, la cual, tal vez, no es la más acorde con las preocupaciones de Lucas, interesado más bien en los avatares de la existencia cotidiana. Por eso mismo son preferibles una de las dos siguientes interpretaciones: danos cada día la ración de pan correspondiente a cada día (Juan Crisóstomo); danos cada día el pan necesario para la existencia (Orígenes). El cristiano pide al Padre que socorra sus necesidades diarias de sustento.
    En la segunda petición el cristiano implora el perdón del Padre, ya que el pecado es una realidad esencialmente humana. A la petición se añade la frase explicativa porque también nosotros perdonamos. No es una exigencia o una condición, expresa sencillamente el convencimiento de que no se puede esperar el perdón del padre si se rehúsa el perdón humano.
    En la tercera petición el cristiano ruega al padre que no lo enfrente con situaciones en las que pueda peligrar su actitud de entrega y de confianza en El. La tentación de que aquí se habla no es tanto de naturaleza moral cuanto de actitud en la vida. La tentación en cuanto posibilidad de vivir la vida sin contar para nada con el Padre.
    El modelo de la oración cristiana constituye la primera parte del texto de hoy. La segunda es una composición de Lucas. Comienza con una parábola tomada de las costumbres de Palestina. Un viajero que, para evitar el calor del día, hace el viaje de noche y llega a casa de un amigo suyo, sin avisarle previamente de su llegada. A esas horas tan intempestivas, el dueño de la casa descubre que no tiene nada que ofrecerle; su despensa está vacía, las tiendas cerradas y no habrá pan fresco hasta la mañana siguiente. Pero el deber de hospitalidad es imperioso. ¿Qué hacer entonces? Acude a casa de un vecino suyo. Este aduce la imposibilidad de atenderle, puesto que levantarse y descorrer los cerrojos significaría molestar a todos los miembros de la familia que duermen en la única habitación de que consta la casa. Pero el otro insiste e insiste hasta que su insistencia logra el objetivo.
    En la composición de Lucas esta parábola no se relaciona con lo anterior (el modelo de oración cristiana), sino con lo siguiente, y sirve para ejemplificar la insistencia con la que el cristiano tiene que dirigirse al Padre pidiéndole espíritu santo, a sabiendas de que esa insistencia logrará su objetivo. La composición de Lucas en la segunda parte del texto es, pues, la siguiente: parábola de la petición insistente (vs. 5-8); aplicación de la parábola al caso cristiano (vs. 9-13). Esta composición nos da el siguiente desarrollo de pensamiento: así como el hombre, por su insistencia, obtuvo de su amigo el pan que le pedía, así también el cristiano, por su insistencia, obtendrá del Padre el espíritu que le pide. El hombre de la parábola necesitaba pan; el cristiano necesita espíritu santo, en la línea de Ezequiel 36, 26: "Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos". A este espíritu se refiere Jesús cuando dice: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá". Una vez más encontramos en los vs. 9-13 el lenguaje directo, incisivo, gráfico, agresivo incluso. Todo ello al servicio de inculcar al cristiano la enorme necesidad que tiene de estar poseído por el espíritu del Padre.
 

 




 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • El texto presenta el rostro de Dios Padre, que siempre escucha y se preocupa de sus hijos. ¿Es este Dios al que yo dirijo mi oración, o es más bien un Dios tapa-agujeros, un Dios de circunstancias?
  • “Cuando oréis…” ¿Cómo es mi oración?¿Está en consonancia con lo que dice el pasaje del evangelio de hoy?
  • ¿Qué compromiso concreto me invita a adoptar la Palabra de hoy?



































     

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Domingo XVI del Tiempo Ordinario Ciclo C:“María ha escogido la mejor parte”
(Lc 10,38-42)






 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Génesis 18,1-10

   “No pases sin detenerte con tu siervo”             

   Salmo : 14
  “Señor, ¿quién será huésped de tu tienda?”

2ªLectura:  Colosenses 1,24-28

  “Nosotros anunciamos a este Cristo”

Evangelio:   Lucas 10,38-42
    
“Marta lo recibió en su casa”












   

 

 

PALABRA DE VIDA

     La hospitalidad, habitual entre los pueblos del antiguo Oriente Medio, es un tema que está presente en las lecturas de hoy. Abrahán recibe en su tienda a unos misteriosos visitantes, a quienes identifica con el Señor mismo, y Marta y María reciben en su casa a Jesús, el Señor. Tal acogida no está exenta de dificultades. Igual que Abrahán y Sara se muestran reacios a creer el anuncio de fecundidad que les transmiten los visitantes, también a Marta le cuesta  comprender que lo más importante es acoger la Palabra del Señor.

     La habitual fórmula inicial litúrgica no debe impedirnos perder la perspectiva de camino hacia Jerusalén, en que Lucas sitúa expresamente el texto. Fuera de esta perspectiva el autor no tiene intereses localistas. Su atención se fija en dos mujeres, Marta y María. Todo intento de ulterior identificación de las mismas sería una distracción y un alejarse del texto. Sí, en cambio, debe resaltarse el hecho, porque probablemente no era normal en aquel entonces que las mujeres tomasen la iniciativa en ofrecer a los hombres su hospitalidad. Aún más, Jesús aparece como teniendo con Marta y María una gran confianza. Tanto la exigencia de Marta como la réplica de Jesús revelan una gran familiaridad y una amistad cordial. El hecho viene a confirmar el intencionado protagonismo que Lucas confiere a la mujer, en claro contraste con la mentalidad y las estructuras sociales de la época. Pero aún hay más en el texto de hoy. Lucas presenta a María en la postura clásica del discípulo, es decir, sentada a los pies del maestro. Contrastando con esta presentación, un dicho judío de la época rezaba así: El que enseña la Torá a una mujer le enseña necedades.
     Pero todavía hay más en el texto de hoy. Lucas hace de María un modelo de discípulo de Jesús en razón de la escucha de la palabra: éste es el objetivo central del texto, lo que Lucas quiere inculcar en sus lectores. La temática no es nueva. Ha aparecido ya en Lc. 6, 46-49, en Lc. 8,15 y 8,21. En estos textos se habla de escuchar y de poner en práctica lo escuchado. Hoy se insiste sólo en lo primero, en la escucha, a la que se califica de parte mejor y de la que no se puede prescindir si se quiere ser discípulo de Jesús.
     ¿La parte mejor por contraposición a otra peor, que sería la escogida por Marta? Aparentemente esto es lo que se deduce de la presentación por contraste que Lucas hace de las dos hermanas y de la respuesta de Jesús al requerimiento de Marta. La regañina que Marta pedía para su hermana por no ayudarle en los preparativos. Una vez más, sin embargo, la agresividad del lenguaje y la plasticidad narrativa nos desconciertan y nos desbordan. El contrate de situaciones ni tiene razón de ser en sí ni comporta valoración alguna. Se trata de un recurso gráfico para dar realce y viveza a la única idea que el escritor quiere desarrollar: la necesidad imperiosa que tiene el discípulo de estar atento a la palabra del maestro. Eso es todo. Ni se contraponen ámbitos de la vida ni se hace una división dual de la vida en contemplativa y activa. Interpretar este episodio como una recomendación de la vida contemplativa, en cuanto superior a la vida activa,  carece de fundamento en el propio relato, pues es una distinción originada posteriormente como fruto de otras preocupaciones teológicas. El mensaje del texto va exclusivamente dirigido al cristiano, al cual se le pide estar a la escucha de Jesús.
    El cristiano puede llegar a prescindir de todo, si la palabra de Jesús es su alimento y guía; si no lo es, todo le parecerá poco y nada le satisfará. Pero entonces, ¿en qué se distinguiría un cristiano de uno que no fuera o no se proclamara cristiano? En evidente contraste con la mentalidad y la práctica de la época Lucas no tiene reparo en presentar a una mujer en actitud de discípulo, sentada a los pies de Jesús, e incluso en hacer de ella un modelo de discípulo. Ello indica una línea de pensamiento que, implícitamente, abría horizontes a una nueva identidad personal de las mujeres y a una nueva posición social de las mismas.
    Marta y María no sólo son dos personajes del evangelio, sino dos actitudes que no pueden mantenerse la una sin la otra en los seguidores de Jesús. En nuestros días, donde lo que cuenta es el tiempo, la eficacia, los resultados, el pasaje de hoy puede convertirse en un toque de atención y de serenidad. Es necesario revisar nuestras actividades y el modo de realizarlas, por si acaso están disfrazadas de servicio cristiano pero no hunden sus raíces en “lo fundamental”.
  

 




 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • ¿Con cuál de las dos hermanas te identificas más? ¿Cómo te interpela el pasaje de hoy a partir de esa identificación?
  • “Andas inquieta y preocupada por muchas cosas” ¿En qué momento de mi vida percibo que caigo en el activismo?
  • ¿Consideras que el pasaje del evangelio de hoy puede aportar serenidad, confianza y mayor equilibrio a tu vida cotidiana?




































     

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Domingo XV del Tiempo Ordinario Ciclo C:“Vete y haz tu lo mismo”
(Lc 10,25-37)






 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Deuteronomio 30,10-14

   “El precepto que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas”             

   Salmo : 68
  “Respóndeme, Señor, pues tu amor es bondadoso”

2ªLectura:  Colosenses 1,15-20

  “Cristo es la imagen del Dios invisible”

Evangelio:   Lucas 10,25-37
    
“¿Y quién es mi  prójimo?”












   

 

 

PALABRA DE VIDA

     El libro del Deuteronomio presenta la práctica de la ley del Señor como algo asequible y positivo para el ser humano. El evangelio de Lucas lo aclara al afirmar que en ella se indica el camino que conduce a la vida eterna, y consiste en amar a Dios y al prójimo, y lo ilustra con el ejemplo del buen samaritano, que sabe aproximarse a quien lo necesita. Esta figura recuerda al mismo Cristo, “imagen del Dios invisible”, como nos dice la segunda lectura, la Carta a los Colosenses.
     Lucas interrumpe la dinámica de apoteosis paradisíaca del domingo pasado con la introducción de un personaje en actitud hostil. Se trata de un especialista e intérprete de la Ley o Carta Magna judía, conocida con el nombre de Pentateuco. Aunque Lucas indica la intención del personaje, nada dice sin embargo del alcance o los motivos de la misma. El desarrollo siguiente del texto deja bastante claro que el móvil de Lucas no es polémico, sino constructivo.
     El centro de atención lo acapara la palabra prójimo. Tres veces aparece el término: en cita de Levítico 19, 18, en labios del letrado y en labios de Jesús. En base a la cita de Levítico el letrado quiere saber quién es su prójimo. La contestación de Jesús empieza con una historia (un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó...) y termina con una contrapregunta (¿cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo?). Tenemos, pues, la siguiente secuencia: Amarás al prójimo como a ti mismo (Levítico) - ¿quién es mi prójimo? (letrado) - ¿quién se portó como prójimo? (Jesús). A poco que nos fijemos caeremos en la cuenta que la palabra prójimo no tiene el mismo sentido en toda la secuencia. Por un lado van Levíta y Letrado; por otro, Jesús.
    La parábola expuesta por Jesús desempeña una doble función: por un lado, no responder en los términos de la pregunta; por otro lado, preparar la contrapregunta. El significado de este procedimiento parece bastante evidente: el planteamiento del letrado no es adecuado y debe ser sustituido por otro. La pregunta ¿quién es mi prójimo?, debe dejar paso a esta otra: ¿soy yo capaz de hacerme prójimo de los demás?
    El caminar cristiano entra hoy en una dinámica de transformación social. Transformación silenciosa, como las verdaderas revoluciones. ¿Hemos pensado cómo sería la sociedad si las personas fuéramos samaritanos? Ser cristianos es ser samaritano. Prójimo es la persona que está junto a mí; prójimo soy yo en la medida que salgo de mí y me aproximo al otro.
    Lo cristiano no es amar al prójimo; lo cristiano es hacerse prójimo. Amar al prójimo tiene el riesgo de dividir a las personas en superiores e inferiores; sólo el hacerse prójimo evita ese riesgo. Es algo parecido a lo que significa misericordia, poner el corazón del lado del miserable, es decir, comprensión plena, que su causa sea la mía.
     Lucas atribuye la conversación a segundas intenciones del letrado. A la pregunta de éste responde Jesús pidiéndole que sea él mismo quien opine en base a la Ley en la que es especialista.
    Así lo hace el letrado y Jesús no tiene nada que objetarle. Todo lo contrario: bien respondido. Pero el letrado quiere justificar su primera pregunta e insiste formulando la auténtica objeción: ¿Y quién es mi prójimo? Jesús le cuenta entonces una parábola, es decir, una narración simbólica de la que se deduce una enseñanza. La enseñanza la encauza Jesús en los siguientes términos: ¿Cuál de estos tres te parece que se hizo prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Ante la respuesta del letrado, concluye Jesús: Haz tú lo mismo. Esta es la enseñanza.
     La pregunta inicial que hace el letrado a Jesús es de orden práctico: ¿Qué tengo que hacer? Y de este mismo orden es la conclusión final de Jesús: Haz tú lo mismo. Pero entre una y otra va a ocurrir algo significativo. Tratándose de un problema práctico probablemente la intención provocadora que Lucas atribuye al letrado sea también de este orden y no de orden doctrinal. Ahora bien, muy poco habríamos avanzado en la solución del problema práctico si Lucas no hubiera decidido dar entrada por segunda vez al letrado para que formule, en esta ocasión sin segundas intenciones, la verdadera dificultad. Esta no es otra que el alcance del término prójimo. ¿Qué se quiere decir con esta palabra? ¿A quién abarca? ¿Sólo a los connacionales y no a los extranjeros? ¿A los observantes de la Ley pero no a sus infractores aunque fueran judíos? En efecto, mientras no conozcamos con exactitud el alcance del término, no sabremos si cumplimos o no el mandamiento que dice amarás a tu prójimo como a ti mismo.
   

 




 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • “Vete y haz tu lo mismo” ¿Cómo te sientes reflejado en cada uno de los personajes de esta parábola? ¿Serías capaz de adquirir algún compromiso concreto a partir de ella?
  • “¿Quién te parece que fue prójimo?” ¿De qué personas tienes dificultades para “hacerte prójimo”? ¿Qué rodeos das para no acercarte a ellos?
  • “Al llegar junto a él y verlo, sintió lástima”. ¿Qué cauces de esperanza se abrirán para nuestra sociedad si fuésemos capaces de tratarnos como prójimos?


































     

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