Domingo V de Cuaresma Ciclo C:“Tampoco yo te condeno”
(Jn 8,1-11)



 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Isaías 43,16-21

  “Mirad, voy a hacer algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”                

   Salmo : 125
  “El  Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estamos alegres”

2ªLectura:   Filipenses 3,8-14

  “Me lanzo de nuevo a la consecución de lo que está delante”

Evangelio:    Juan 8,1-11
   “El que esté sin pecado que tire la primera piedra”







   

 

 

PALABRA DE VIDA

    

     Llegados al último domingo de Cuaresma, donde todo parece ya visto, se nos presenta a un Dios con capacidad para actuar siempre con carácter novedoso y, por tanto, de sorprender. Así, abre ante el pueblo exiliado en Babilonia un camino de libertad en medio del desierto. También, cambia la suerte del salmista y convertirá sus lloros en cantos de alegría. A Pablo lo empuja a una meta de perfección que le será dada tras la resurrección de los muertos. Y, para colmo, da una nueva oportunidad a la mujer adúltera y le regala un futuro de libertad y plenitud. Por eso, a acabar esta Cuaresma, hemos de dejarnos maravillar por Dios y abrirnos a una nueva vida que nace del perdón.
    En evangelio de esta semana, de Juan en vez de Lucas como corresponde al ciclo litúrgico c, presenta la escena en el Templo, por la mañana, después de haberse llevado Jesús toda la noche en oración. Allí está Jesús sentado en el suelo y rodeado de un puñado de discípulo, enseñando al pueblo. El tribunal juzgaba habitualmente en el ámbito del templo. Algunos fariseos y escribas observan a Jesús que está también allí. Ellos saben muy bien cómo Jesús trata a los pecadores, ellos se han escandalizado de su conducta y han criticado que se siente a comer con los publicanos, como veíamos el domingo pasado. Estos escribas y fariseos comprenden que no deben dejar escapar la ocasión para comprometer al maestro delante del pueblo, y así tener de qué acusarlo luego. Entienden que Jesús no va a ser capaz de condenar a la mujer adúltera ya que va a poder más su misericordia que el peso de la ley de Moisés. Esperan acusar a Jesús de desacato a la ley ante el Sanedrín. Así que, ni cortos ni perezosos, llevan a la mujer adúltera y la ponen en medio del corro acusándola ante Jesús y todos los presentes.
    Los maestros de la ley y los fariseos, eran los garantes y especialistas de la ley de Moisés, y con ella argumentan y acusan  a la mujer, condenándola a muerte (Éx20,10). Para poder acusar a Jesús, le piden que tome una posición ante la adúltera. En el fondo están buscando una doble condena: la de la mujer, que ya tienen bien fundamentada con el recurso a la ley y que les sirve de pretexto, y principalmente la de  Jesús, a quien pretenden ponerlo en u  aprieto o callejón sin salida. De este modo, si la perdona, se pone contra la ley, pero si la condena se contradice en su predicación de perdón y misericordia.
     Jesús, sentado en el suelo, según costumbre, puede escribir perfectamente en el polvo. No se trata de qué escribiera, pues se trata más bien de un gesto para mostrar su desinterés y el deseo de que lo dejen en paz. Sin embargo, ante la insistencia de los acusadores, Jesús se levanta, pero no para condenar a la mujer adúltera sino para denunciar la mala fe de estos escribas y fariseos que no querían otra cosa que comprometer a Jesús ante la opinión pública y ante el Sanedrín. Jesús no critica la dureza de la ley establecida, ni afirma que sólo puedan dictar sentencia justa unos jueces inocentes. Jesús denuncia, eso sí, que estos escribas y fariseos no son jueces legítimos y tan sólo acusadores de la mala fe, hombres que se tienen a sí mismos por justos y se erigen en jueces de los demás. Según el Dt. 17, 7, los testigos del crimen deben ser los primeros en arrojar la primera piedra contra el reo. Jesús se encara con sus enemigos y les dice que comience a tirar la primera piedra el que de ellos se encuentre sin pecado. La palabra de Jesús y su actitud contra estos hipócritas produjo el efecto deseado. Jesús se sentó de nuevo, mientras sus enemigos se marchaban avergonzados. Jesús  apela a quien únicamente debe sentenciar: la conciencia. Con ello, es una llamada a la responsabilidad, a la adultez en la vida y en la fe al saber distinguir entre el bien y el mal, una apuesta por la libertad. Buena ocasión para examinar mi forma de pensar y de actuar antes de atreverme a “tirar piedras” contra nadie.¿Pienso que soy mejor que los demás? ¿Tiendo a ver lo negativo de las personas?
     Cuando todos se habían ido y quedó Jesús con sus discípulos y la mujer en medio del corro. Jesús se levantó de nuevo para pronunciar ahora una palabra de misericordia. No disculpa ciertamente la acción que ha cometido esta mujer, pero hace valer para ella la gracia y no el rigor de la justicia. Es así como abre ante ella un futuro esperanzador y cargado de nuevas posibilidades. Sólo le queda vivir de acuerdo con la liberación que ya ha recibido. “No recordéis lo anterior....mirad que realizo algo nuevo” (primera lectura).










 
    



 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

Imprimir