Domingo IV de Cuaresma Ciclo C:“El padre salió corriendo a su encuentro”
 (Lc 15,1-3.11-32)



 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Josué 5,9-12

  “Aquel año se alimentaron de los frutos de la tierra de Canaán”                

   Salmo : 33
  “Gustad y ved qué bueno es el Señor”

2ªLectura:   2 Corintios 5,17-21

  “Dios nos ha confiado el ministerio de la reconciliación”

Evangelio:    Lucas 15,1-3.11-32
   “Lo abrazó y lo cubrió de besos”






   

 

 

PALABRA DE VIDA

    

  









 
     La Palabra de Dios de este domino tiene un cierto aire festivo. Es un motivo de gozo para los israelitas que celebran la pascua por primera vez en la tierra prometida, recordando la opresión de Egipto y la liberación por parte de Dios. En el evangelio, el padre de la parábola, prepara una gran fiesta para celebrar que su hijo perdido ha vuelto a la vida. Es la fiesta del perdón y de la alegría. Éste es el encargo que se nos ha dado, según San Pablo, a todos los que hemos experimentado el perdón: llevar a la vida la fiesta del perdón y de la reconciliación.
    Si queremos comprender esta parábola del padre misericordioso, hemos de fijarnos a quienes va destinada: a los fariseos y maestros de la ley. A ellos les escandaliza el comportamiento atípico de Jesús. No aceptan, y por eso murmuran, que acoge a los pecadores y come con ellos. La respuesta de Jesús es a través de esta parábola, donde justifica su comportamiento y revela el rostro misericordioso de Dios con el que Jesús se identifica en su modo de actuar con los pecadores y publicanos.
     En la sociedad de la época, siglo I, el comportamiento del hijo menor es escandalosa. Pide lo que no le corresponde aún, alejándose de la casa, de toda protección y trato de amor que en ella se le daba. Simbólicamente  es como si el padre hubiese muerto en la vida del hijo. En la lejanía dilapida toda su fortuna, hundiéndose poco a poco, lejos del cobijo de su casa. El deterioro y desgracia del hijo llega a cotas insospechadas: cuida cerdos, animales considerados impuros por los judíos, y el hambre es tal que desea comer lo mismo que ellos. Según el libro del Deuteronomio, el hijo rebelde, merece la muerte (Dt 21,18-21). Por eso, la muerte que merece por ley, la encuentra en sus opciones. De este modo, cuando ya ha tocado fondo, calcula la posibilidad de volver a su casa. Aunque solo sea para saciar su hambre. Las motivaciones que le mueven a regresar están llenas de ambigüedades, como la vida de los publicanos y pecadores a quienes simboliza y con los que Jesús se relaciona.
    El hijo mayor, que nunca ha abandonado la casa ni el trabajo, también se ha alejado del padre. Su fidelidad es formal, su obediencia sin alegría ni amor, y su corazón duro, incapaz de perdonar y acoger al hermano que se ha equivocado. Estos son los fariseos y maestros de la ley, que no aceptan  el comportamiento de Jesús, quien con su manera de actuar está mostrando un rostro inesperado de Dios. Ellos están atrapados en sus esquemas rígidos y legalistas, que no quieren abandonar y con los que pretenden marginar de la salvación a otros. En el fondo, no admiten tener necesidad de perdón y, como no experimentan la alegría que de él se sigue, serán incapaces de unirse a la fiesta de la reconciliación que Jesús ha inaugurado con su comportamiento.
    Frente al formalismo del hijo mayor y el alejamiento del menor, la reacción del padre desconcierta profundamente y  desborda todas la expectativas.  Toma la iniciativa, se adelanta ante el hijo que se ha alejado, se le conmueven las entrañas, lo acoge, lo abraza con misericordia y, de este modo, elimina todas las ambigüedades de su vástago más pequeño. A través de símbolos, anillos, sandalias, vestido, el padre le devuelve la filiación, es decir, que él sigue siendo su hijo. No le importa el honor. El esfuerzo del padre, que simboliza a Dios, concluye con una fiesta del perdón a la que están todos invitados. El padre misericordioso también sale a buscar al hijo mayor, que no quiere unirse a esta fiesta, e intenta recomponer su filiación y hermandad que había perdido por su obediencia fría y rigorista. También nosotros estamos llamados a participar con alegría en la fiesta del perdón que nace del amor de un Dios que es como el padre de la parábola.



 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • ¿Cuál es el rostro de Dios que me manifiesta esta parábola?
  • ¿Con cuál de los dos hijos me identifico más a la hora de relacionarme con Dios?
  • ¿Qué resistencias encuentro para acoger el perdón que de Dios se me da gratuitamente?


























     

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

Imprimir Correo electrónico

Real Parroquia Sta María Magdalena
info@rpmagdalena.org
Telf: 954 22 96 03
Calle Bailén, 5
, 41001 Sevilla

Mapa del Sitio
  De Interes...
© 2021 Real Parroquia de Santa María Magdalena

 

Real Parroquia Sta María Magdalena
info@rpmagdalena.org
Telf: 954 22 96 03
Calle Bailén, 5,
41001 Sevilla


© 2021 Real Parroquia de Santa María Magdalena