Domingo II de Cuaresma Ciclo C:“Este es mi Hijo, escuchadlo”
(Lc 9,28-36)


 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Génesis 15,5-12.17-18

  “Aquel día hizo el Señor una alianza con Abrahán”             

   Salmo : 26
  “Tu rostro, Señor, es lo que busco”

2ªLectura:   Filipenses  3,17-4,1

  “Manteneos firmes en el Señor”

Evangelio:    Lucas 9,28-36
   “Éste es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”





   

 

 

PALABRA DE VIDA

    

     El tema central de las lecturas de este domingo es la esperanza en un Dios que es luz y salvación, a pesar de las dificultades. La experiencia de Abrahán, al salir de su tierra, fue encontrarse con un Dios que promete y se compromete. En este Dios se puede confiar incluso contra toda esperanza, porque ha manifestado su rostro transfigurado en Jesucristo. Jesús, a mitad de camino hacia Jerusalén, donde le aguarda la muerte en cruz, muestra su rostro luminoso, el de Hijo de Dios. Al igual que Pablo, 2ª lectura, nosotros ponemos nuestra confianza en el Señor crucificado y resucitado. Esta confianza es la que nos hace mantenernos firmes en el camino de la vida, a pesar de sus obstáculos y dificultades.
    Antes del largo viaje de subida a Jerusalén, narrado en Lc 9,51 al 19,28, Jesús anuncia por primera vez su pasión y resurrección y señala las actitudes del que quiera seguirlo hasta el final (Lc 9,22-27). A continuación está el relato de la transfiguración, el evangelio de hoy. Se trata de una “teofanía” o relato de manifestación divina. Hay que tomarlo como una “parada” antes de iniciar el camino que lleva a la cruz. Así, ante este horizonte cercano de dolor y sufrimiento se revela la verdadera gloria de Jesús. Al mismo tiempo, manifiesta su verdadera identidad e invita a sus discípulos a afrontar las dificultades del seguimiento y a entender la pasión desde la experiencia de la resurrección.
    En el texto se dice expresamente que suben al monte “para orar”. Jesús se aparta de lo cotidiano para entrar en contacto con el Padre. Por excelencia, en la simbología bíblica, el monte es el lugar en el que Dios se manifiesta y el creyente puede encontrarse con él mediante la oración. La transfiguración de Jesús sucede mientras oraba, actitud en la que Lucas suele presentar a Jesús antes de que suceda algo importante en su vida. Es en esa relación con Dios mediante la oración en la que él manifiesta su auténtico rostro. En esta manifestación de Jesús hay diversos elementos de las “teofanías” del A.T. Así, su semblante se transforma y sus vestidos se vuelven de un blanco deslumbrador, color muy utilizado en el N.T para aludir simbólicamente a la resurrección de Jesús y a la participación de los cristianos en ella. En segundo lugar, la aparición de Moisés y Elías.
    Moisés y Elías eran los dos personajes esperados por los judíos en señal de la llegada de los tiempos mesiánicos. Eran tenido por los dos mayores profetas del A.T y se esperaba su regreso como anuncio de la venida del Ungido. Su sola presencia junto a Jesús indica que él es el Mesías esperado. El hecho de que los 3 personajes, Jesús, Moisés y Elías, aparezcan “resplandecientes de gloria”, es signo de la presencia divina. Dios se hace presente sobre todo en Jesús, aunque también en Moisés y Elías. Hablan con Jesús sobre el “éxodo que había de consumar en Jerusalén, es decir, de todo su proceso de paso al Padre: pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo.
    La voz del cielo les invita a escuchar a Jesús. Este tercer elemento, típico de los relatos de teofanía, viene a aclarar el sentido de lo que está ocurriendo. Es una voz del cielo que habla desde la nube, otro símbolo que en el A.T muestra la presencia y la gloria de Dios. Es Él quien habla para hacer una revelación: la gloria de Jesús le viene de Dios mismo. Para ello utiliza las mismas palabras que dirigió a Jesús en  su bautismo, pero ahora se la dice a sus discípulos. Pedro había mostrado su alegría, pero parecía no haber comprendido la visión. Colocaba a Moisés y Elías al mismo nivel que Jesús, y no quería afrontar las dificultades del seguimiento. Pero Jesús es el Hijo elegido con quien el Padre mantiene una relación privilegiada, por eso merece ser escuchado como mensajero de Dios por excelencia, mucho más que Moisés y Elías. Su palabra tiene ahora un valor y una autoridad mayores que los del antiguo profetismo que representaban estos otros dos personajes.
    Jesús se quedó solo (v.36). Así, toda la atención se concentra sobre él. La ley (Moisés) y los Profetas (Elías) han desaparecido y sólo resuena con fuerza la voz y la persona de Jesús. También hoy a nosotros, en medio de la cuaresma, se nos muestra transfigurado y nos habla para que descubramos su presencia en el camino del seguimiento, tanta veces camino de cruz, y para que no perdamos de vista  la meta en estos días de llamada a la conversión.









 
 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • Este es mi Hijo elegido, escuchadlo” ¿De qué maneras he escuchado en mi vida la voz de Dios
  • ¿Qué pistas y qué luces me ofrece este pasaje a la hora de vivir mi compromiso cristiano?
  • ¿Cómo me ayuda el pasaje de la transfiguración ante las dificultades que a veces encuentro en el seguimiento de Jesús?



























     

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