Domingo I de Cuaresma Ciclo C:“No tentarás al Señor tu Dios”
(Lc 4,1-13)


 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Deuteronomio 26,4-10

  “Por eso traigo las primicias de esta tierra”           

   Salmo : 90
  “Dios mío, en ti confío”

2ªLectura:   Romanos 10,8-13

  “Uno mismo es el Señor de Todos”

Evangelio:    Lucas 4,1-13
   “El Espíritu lo condujo al desierto”




   

 

 

PALABRA DE VIDA

    

     Iniciamos este tiempo de Cuaresma, espacio propicio para la prueba y el esfuerzo en el camino de maduración hacia la Pascua. Tiempo de gracia para experimentar el Dios liberador en la vida. Este es el mensaje del libro del Deuteronomio, que, cuando se refiere a las ofrendas de las primicias, recuerda la historia del éxodo y la liberación de Israel de la esclavitud. Como el salmista, también los judíos experimentan en Egipto la compañía de Dios en la prueba. Pablo habla a los cristianos de Roma de la fe en Jesús, el Señor, que salva y libera de todos demás “señores” que dividen y esclavizan. Y todo porque Jesús también fue capaz de superar la prueba gracias a la fuerza del Espíritu y de mantenerse libre ante otros “señores”.
     El texto del evangelio de hoy comienza con una presentación de Jesús bajo la influencia de dos fuerzas contrapuestas durante cuarenta días en un desierto. Durante ese período de tiempo se da simultaneidad de tentación por parte del diablo y de guía por parte del Espíritu. Esta presentación es algo así como el telón de fondo estático que va a ser reproducido en acción en lo que sigue a continuación.
    Con este procedimiento Lucas cambia el sentido escatológico-paradisíaco que tenía la escena en Marcos y le confiere un sentido de ejemplaridad para el lector. Este tiene en Jesús un espejo donde mirarse y un ejemplo a imitar. El espejo y ejemplo pueden parecer inaccesibles en razón de la filiación de Jesús según la escena del bautismo. Pero entre esa escena y el texto de hoy Lucas ha intercalado una genealogía humana de Jesús que termina en Dios. En esta línea y en este sentido también el lector tiene su fuente en Dios. Primera ejemplificación (vs. 3-4). Situación de hambre, donde se debate qué hacer. Di que esta piedra se convierta en pan (diablo). No sólo de pan vive el hombre (respuesta de Jesús). En el fondo, esta tentación consiste en querer apartar a Jesús el rumbo de su misión como Hijo obediente sólo a Dios. es decir, salir victorioso de las dificultades materiales, subsistir prescindiendo de Dios.
    Segunda ejemplificación (vs. 5-8). Situación de poderío y de grandeza. Tuyo será, si te pones de rodillas y me adoras (diablo). Al Señor tu Dios adorarás y sólo a él darás culto (Jesús). Se trata de una propuesta de reconocer como dueño y Señor a alguien que no es su padre. Se trata de la tendencia innata de dominio y apetencia de grandeza. La respuesta de Jesús es la confesión solemne de que sólo hay un  Señor, que es Dios, y a El sólo servirá,
    Tercera ejemplificación (vs. 9-12). Situación de control sobre Dios. Tírate de aquí abajo (diablo). No pondrás a prueba al Señor tu Dios (Jesús). Es una exigencia a Dios para que intervenga de manera prodigiosa,  en beneficio particular, y ratifique su condición de Hijo de Dios, cosa que Jesús rechaza rotundamente diciendo que a Dios no hay que tentarlo.
    Lucas cierra su relato emplazando al lector para un nuevo relato de ejemplaridad de Jesús en una prueba satánica. Esto será en el capítulo 22, la víspera de su muerte. Véase Lc. 22, 3.53.
     Fiel a su línea, trazada en el prólogo a Teófilo, de profundizar en la instrucción cristiana. Lucas nos ofrece hoy tres ejemplos de actuación filial de Jesús bajo la fuerza del Espíritu en situaciones de dificultad y de prueba.
    Como se ha visto, todas las ejemplificaciones tienen que ver con Dios y con la condición filial del probado. A través de ellas queda muy claro que Dios es alguien con sentido para Jesús, alguien cercano, querido en todo momento y circunstancias, alguien valorado por encima de cualquier otro valor.
     A Jesús se le invita a hacer el viaje de su vida en solitario, sin la compañía de Dios. Pero Jesús opta por Dios como compañero de camino. Prefiere su compañía a la seguridad del pan y del poder en soledad. Y si prefiere la compañía de Dios no es porque piense que con El va a tener ventajas y privilegios o que se va a eximir de correr riesgos. No, Jesús no busca la compañía de un dios de quien echar mano en beneficio propio cuando surja la dificultad. Jesús quiere al Dios que se ha revelado en la historia del Pueblo del que él forma parte, un Dios que ha generado el ansia y la voluntad de vivir en libertad, un Dios que comparte radicalmente todos y cada uno de los riesgos del camino que es la vida, un Dios en cuya compañía ningún riesgo es grande o insalvable.
    Este es el Dios desde el que Jesús vive. Este es el Jesús que Lucas nos propone como ejemplo a seguir. Nosotros, los bautizados, tenemos que enfrentarnos a la tentación al igual que Jesús. Pero como él, también contamos con la fuerza del Espíritu y la luz de la Palabra de Dios. Y eso es lo que nos ayudará a superar todos los obstáculos que se nos presentan en nuestro camino de Hijos de Dios, llamados a hacer la voluntad del Padre.







 
 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • ¿Creo que, como Jesús, yo también soy hijo de Dios y puedo vencer la tentación?
  • ¿Cuál de las tres tentaciones tiene más incidencia en mi vida?
  • ¿Cómo te ayuda el Espíritu y la Palabra a superar las tentaciones?



























     

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