Domingo VIII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“De la abundancia del corazón habla la boca” (Lc 6,39-45)



 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Eclesiástico 27,4-7

  “No alabes a nadie antes de oírlo hablar”          

   Salmo : 91
  “Qué bueno es dar gracias al Señor”

2ªLectura:   1 Corintios 15,54-58

  “El Señor no dejará sin recompensa vuestra fatiga”

Evangelio:   Lucas 6,39-45
   “De la abundancia del corazón habla la boca”




   

 

 

PALABRA DE VIDA

     La Palabra de Dios de hoy habla de la relación existente entre el fruto y la semilla. Así, el eclesiástico nos dirá “el fruto pone de manifiesto cómo se ha cultivado un árbol”; el salmo nos indicará que los frutos del justo son espléndidos y duraderos, “florecerá como una palmera, se alzará como los cedros del Líbano”; y Jesús nos dirá que “no hay árbol dañado que de fruto sano”.  En definitiva, nuestro modo de actuar manifiesta nuestro modo de ser. Por eso conviene estar vigilantes, con los ojos abiertos, observando la realidad tal cual es, y no como un ciego incapaz de darse cuenta de su propia ceguera. Y desde la enseñanza del evangelio de hoy, se nos señala la necesidad de no vivir separado de la realidad de la vida, alejado de lo que vive la gente y cómo vive la gente, la sociedad en general.
     El texto evangélico forma parte de la conocida enseñanza que comienza con las bienaventuranzas, leídas hace un par de domingos. Lucas presenta esta enseñanza como una instrucción a los discípulos. Al hacerlo así va persiguiendo un fin pedagógico, quiere configurar el comportamiento de todo aquel que quiera ser seguidor de Jesús.
     Los dos versículos iniciales 39-40 van precisamente en esa línea pedagógica, buscando motivar al discípulo, despertar en él el ansia de aprender. El cristiano está llamado a ser guía, a orientar. Debe por tanto saber hacerlo, debe aprender. Nadie, en efecto, nace sabiendo; sólo el aprendizaje hace del discípulo un buen maestro.
     Los vs. 41-42 abordan un tema concreto de aprendizaje. Lo hacen de una manera gráfica y deliberadamente exagerada y grotesca: la mota en el ojo del otro, y la viga en el ojo propio. El cuadro gráfico ilustra la inclinación que experimenta el ser humano a criticar y a encontrar defectos en el prójimo, sin el más mínimo asomo de autocrítica y de conciencia de los propios defectos, que con frecuencia superan con creces a los del prójimo criticado.
     Los versículos finales 43-45 completan el tema anterior abordándolo de una manera positiva. La formulación es también gráfica, tomada esta vez del campo de la agricultura y de las leyes que la rigen. Como cada árbol y cada especie vegetal, cada persona debe saber desarrollar sus capacidades. En vez de fijarse en los defectos de los demás, el discípulo es aquél que aprende a fijarse en sus propios defectos y aprende a ser fructífero.
     En definitiva, Lucas configura una línea importante del comportamiento cristiano. Actitud positiva y creativa en vez de puntillismo y cicatería. Nada tiene que ver con el evangelio, ni con Jesús, la persona pendiente de cazar al otro, y eso es debido a que jamás han sido discípulos ¿No ocurre algo parecido en nuestra sociedad e Iglesia, y que se convierte en frustrante?
Como cristianos somos invitados a una evaluación sincera de las propias limitaciones en orden a un desarrollo serio de las propias capacidades. Sólo si logro superar mis fallos personales podré alcanzar una visión suficientemente aguda como para ayudar a mis semejantes. Las palabras de Jesús no imponen al discípulo la prohibición de formarse un juicio moral sobre la conducta del ser humano; lo que condenan es todo intento de corregir a los demás sin antes haberse aplicado a sí mismo la corrección.
     Podemos sacar tres conclusiones a modo de enseñanzas:
     Primera, uno no debe creerse demasiado sabio ni pretender dirigir a los demás, sino que tiene que conocer cuáles son sus propias posibilidades y la necesidad que todos tenemos de aprender y buscar luz. El discípulo siempre debe estar en estado de aprendizaje, intentando llegar a ser como su maestro, Jesús. Por eso es discípulo, no maestro.
     Segunda, no pretender corregir a los demás sin haber mirado antes si nosotros tenemos algo por corregir. El texto es desmesuradamente exagerado (“una viga en el ojo”), pero es que también es muy absurda la pretensión de arreglar la vida de los demás cuando uno tiene tantas cosas por arreglar en la suya. Jesús debía tener especial interés en prevenir a sus discípulos ante esta manera de actuar, y que debía pensar que era muy fácil caer en ella.
     Tercera, una enseñanza sobre la manera de actuar y las actitudes de fondo, que se puede leer desde dos posiciones. En primer lugar, qué son los hechos, el modo de hablar y de actuar, los frutos, lo que muestra quién es y cómo es cada persona. Es lo que recoge la famosa frase de otro evangelista, Mateo, pero que Lucas no recoge: "Por sus frutos los conoceréis". Y en segundo lugar, lo importante es saber qué llevamos dentro, qué criterios y qué actitudes de fondo nos mueven a actuar. Porque si lo que llevamos dentro es "tesoro de bondad", lo que aflorará serán frutos de bondad, mientras que si llevamos "tesoro de maldad", los frutos serán de maldad. Nuevamente, pues, nos hallamos con este elemento clave de la manera como Jesús entiende la actuación de sus seguidores y la suya propia, y que impregnaba el evangelio del domingo pasado: hay un "modo de ser", una manera de entender la vida y las relaciones con los demás, que es la del Reino, y otra que es contraria.





 
 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • “De la abundancia del corazón habla la boca” ¿Qué tengo en mi corazón, que sale fuera: Rencor, odio, envidia, etc…?
  • El evangelio da un toque de atención para que revisemos nuestras vidas ¿Qué actitudes concretas nos invita a revisar?
  • ¿Qué frutos deberían producir en mi la vivencia de la fe?



























     

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