Domingo VII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“Sed misericordiosos” (Lc 6,27-38)



 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  1 Samuel 26,2.7-9.12-13.22-23

  “Yo no he querido hacer daño al ungido del Señor”           

   Salmo : 102
  “El Señor es clemente y compasivo, paciente y lleno          de amor”

2ªLectura:   1 Corintios 15,45-49

  “Llevaremos también la imagen del hombre celestial”

Evangelio:   Lucas 6,27-38
   “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”




   

 

 

PALABRA DE VIDA

        La Palabra de Dios de hoy es una llamada a la bondad. Una bondad con todos y en todo momento o situación, por dura o difícil que sea. Así, David reconoce a Saúl como el rey ungido del Señor, lleva impresa una imagen de Dios, de Ahí su perdón. San Pablo nos recordará que la auténtica vocación humana es llegar a ser perfecta imagen de Dios, adentrando en nosotros la imagen del hombre nuevo, Jesús. Y la imagen de nuestro Dios es la del que nos “corona de amor y de ternura”, la del que “no guarda rencor eternamente” Es un Dios todo amor, perdón, bondad, compasión, y ese será el rostro que tendremos que mostrar en nuestras vidas. El evangelio de hoy es el que continúa al de las bienaventuranzas, y su enseñanza es clave: el amor tiene que ser el motor de la vida del discípulo, pero para ello es necesario que experimentemos, antes que nada, el amor infinito de Dios. Las relaciones con el prójimo son vistas desde la perspectiva de la misericordia. El cristiano no es aquel que tiene el oficio de condenar, sino la tarea de ser benigno e indulgente. En definitiva, es aquel que, como el Padre del cielo, otorga misericordia y encuentra el gozo en la donación.
        A diferencia del texto del domingo pasado que restringía las bienaventuranzas a los discípulos, el texto de hoy va destinado a todos los oyentes, que, de acuerdo a Lc 6, 17, se componen de los doce, discípulos y gentío. Abren el texto cuatro frases imperativas en plural (vs. 27-28): “amad”, “haced el bien”, “bendecid” y “orad”. Al imperativo, marcando el sentido de lo que debe ser la actitud de los oyentes, sigue la mención global de quienes encarnan la actitud contraria y que no debe ser reproducida por los oyentes, sino cambiada por la opuesta, anteriormente formulada en imperativo.
        Siguen en los vs. 29-30 otras cuatro frases también imperativas, aunque en singular y con estructura sintáctica inversa: el imperativo cierra ahora cada frase. Estas se mueven en el terreno de las situaciones concretas. La formulación es gráfica, incisiva: pon la otra mejilla, quédate desnudo, da a todo el que te pida, no reclames lo tuyo.
        Quedarse desnudo es lo primero que le evoca al oyente la frase al que te quite la capa, dale también la túnica (transferida a nuestros hábitos de vestir: al que te quite la ropa exterior, dale también la interior). Es fácil también imaginar la cara que pondrían los oyentes de una sociedad plagada de mendigos cuando oyeran "a todo el que te pida, dale". Cualquiera de las cuatro frases, en efecto, tuvo que dejar a los oyentes desconcertados. El impacto estaba asegurado, y la grabación en la memoria también. Jesús había conseguido lo primero que una enseñanza oral tenía que conseguir. La imagen hiriente y desconcertante era un recurso didáctico, al servicio de la reflexión posterior a cargo del propio oyente. Esta reflexión por evocación, y no el vehículo o el recurso empleado, es lo que constituye la verdadera enseñanza de Jesús.
        El v. 31 formula un criterio de actuación para con los demás. Comportaos con los demás, como queréis que los demás se comporten con vosotros. La frase no tiene la crudeza y la agresividad de las anteriores. Se trata de un criterio realista, razonable y, aunque con un componente interesado, el criterio es práctico y eficaz. Jesús era indudablemente un perfecto didacta, que sabía conjugar la imagen agresiva y la sabiduría popular y sosegada de las máximas.
        En los vs. 32-35 Lucas retoma el estilo y el lenguaje incisivos de los primeros versículos. En realidad, estos versículos forman un bloque en función del último de ellos, el 35: “Vosotros amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio”. Los tres primeros (32-34) insisten en un misma idea: el plus diferenciador de la ética de Jesús frente a las éticas no religiosas. Lucas ha conservado la expresión "los pecadores", con la que los judíos designaban a todos aquellos que no conocían al Dios de Israel. El plus diferenciador de la ética de Jesús es la superación de toda la consideración de reciprocidad y el tener su origen y razón de ser en el Padre de los cielos.
        Las frases "tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo", es decir, el hecho de estar puestos en tiempo futuro los verbos, se debe a que el premio de la filiación divina depende de que se den las condiciones previas mencionadas con anterioridad, a saber, el amor a los enemigos y el hacer el bien desinteresadamente. No se trata, de un futuro temporal o en el más allá, sino de un futuro real, en el más acá.
       La última parte del texto, los vs. 36-38, está dominada por el Padre, que se convierte en modelo de la ética de Jesús. El Padre, sus entrañas, su misericordia, su amor abismal, desbordante y desinteresado. El es origen y la razón de ser de las absolutamente desconcertantes y fascinantes propuestas éticas de Jesús.  Por último, el término juzgar del v. 37 no está referido al ámbito jurídico sino existencial, es decir, remite a la inclinación que experimenta el ser humano a criticar y a encontrar defectos en el prójimo.




 
 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” ¿Qué implican estas palabras a la hora de entender mi compromiso?
  • Mi estilo de vida como hijo de Dios ¿tiene su raíz en esta experiencia del Padre?
  • El evangelio insiste en el amor a los enemigos ¿soy capaz de dar ese paso?



























     

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