Solemnidad de Pentecostés Ciclo B: "Recibid el Espíritu Santo"
(Jn 20,19-23)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Hechos 2,1-11

  “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”                             

   Salmo : 103
  “Envías tu Espíritu, los creas y renuevas la faz de la tierra”

2ªLectura:   1 Corintios 12,3-7.12-13

  “En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común”

Evangelio:   Juan 20,19-23
   “Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo”

   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Con la celebración de Pentecostés, terminamos el tiempo de Pascua. Esta solemnidad es la Pascua madura que produce su fruto: el envío del Espíritu Santo. Este acontecimiento es narrado tanto por el libro de los Hechos de los Apóstoles como por el evangelio de hoy. Los dos relatos tienen un elemento en común: el Espíritu es el don que el Señor hace a sus discípulos para poder cumplir con su misión: “Como el padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros” (Jn20,21).
     El evangelio de hoy es conocido como el “Pentecostés del cuarto evangelio”. Juan no establece un plazo de tiempo entre Pascua y la venida del Espíritu, ni tampoco sitúa ésta dentro de la fiesta de Pentecostés. La narración da a entender que todo ha sucedido en un solo día “aquél mismo domingo”, es decir, el mismo día de la resurrección. ¿Por qué ocurre esta atemporalidad? La razón es se3ncilla: no se trata de una crónica, sino de profundizar en un acontecimiento que se experimenta en la fe. En concreto,. Juan tiene interés en mostrar la estrecha relación entre resurrección de Jesús y efusión del Espíritu como aspectos complementarios de una misma realidad.
     La imagen del Espíritu no aparece aquí  representada por llamas de fuegos o viento impetuoso, sino por el mismo aliento vital del Resucitado que “sopla” sobre sus discípulos. Es un gesto parecido al que hace Dios a la hora de crear al ser humano( Gn 2,7). Con ello, el don del Espíritu hace de los discípulos personas “recreadas”, libres de las ataduras del miedo, preparándolos para nuevas tareas; “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo” (v-21). Para ello les da el Espíritu, Sin este Espíritu no hubieran jamás superado el miedo, puertas cerradas. Sin El, la Iglesia no se hubiera puesta jamás en marcha.
     Juan añade un detalle significativo, y es el tema del perdón de los pecados. Con este matiz, la misión encomendada a los discípulos se presenta como una tarea de reconciliación Universal. No se trata de hacer proselitismo, sino de transmitir el perdón de Dios, signo de una misericordia infinita. Muchas veces el pecado nos atenaza, nos crea una sensación de miedo que paraliza todo nuestro actuar.
    Esta donación del Espíritu es el cumplimiento de la promesa hecha por Jesús, en concreto, en la despedida en la última cena (Jn 14,15.26; 16,7-15). Esta donación del Espíritu, es decir, Pentecostés, no es un acontecimiento del pasado, un recuerdo de aquello que les ocurrió. El Espíritu Santo sigue vivo y continúa manifestándose en situaciones y en personas concretas.  
     La venida del Espíritu Santo no tiene fecha, apareciendo en dos momentos en las Sagradas Escrituras: en el evangelio de hoy, justo acontece el mismo domingo de la resurrección; y el libro de los Hechos de los Apóstoles cincuenta días después de la Pascua. Para nosotros ¿cuándo es? En cualquier momento, pues un día recibimos el don del Espíritu Santo en nuestro bautismo, y la plenitud del mismo en la confirmación. Ese don es renovado constantemente, y todo para que podamos cumplir la misión encomendada.
     En Pentecostés nace definitivamente la comunidad cristiana, la Iglesia, morada del Espíritu, llamada a suscitar vida. Lo que hay de evangélico en la Iglesia es obra del Espíritu Santo, “Señor y dador de vida”. La obra de Jesús se sigue realizando por medio del Espíritu Santo. Sin su acción, ni siquiera sabemos orar. En definitiva, es el amor el que da fuerzas y hace proceder con la audacia del que se atreve a todo porque CREE.




 

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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