Domingo XXX del Tiempo Ordinario Ciclo A: El mandamiento más importante
(Mt 22,34-40)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Éxodo 22, 21-27   

“Clamarán a mí y yo escucharé su clamor”                                    

  Salmo 17
   “Invoco al Señor, digno de alabanza”

2ªLectura: 1 Tesalonicenses 1,5-10

   “Habéis llegado a ser modelo para todos los creyentes”
Evangelio:  Mateo 22,34-40
    “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón”

 

PALABRA DE VIDA

     El evangelio de este domingo recoge la tercera y última controversia de una serie que comienza con la que leímos el domingo anterior. Ante una nueva pregunta malintencionada Jesús, una vez más, supera la estrechez de miras de los fariseos y, con la autoridad que le negaban, enseña cuál es el fundamento de la Escritura.
     Los fariseos, viendo el cariz que estaban tomando las cosas tras las intervenciones de sus enviados (Mt 22,15-21) y de los saduceos (Mt 22, 23-32), vuelven a reunirse con la intención de encontrar en la palabras de Jesús algo de qué poder acusarlo. Por eso le envían a un experto en la ley. En este caso, la pregunta tiene tintes religiosos, no políticos como la semana pasada. Se trata de desacreditar a Jesús por no saber interpretar la ley. La pregunta es difícil, pues había entre los judíos gran división de opiniones acerca de cuál era el mandamiento más importante. Del estudio de la ley de Moisés habían llegado a deducir una serie interminable de mandamientos, compuestos por 248 preceptos (“Debes hacer…”), y 365 prohibiciones (“No hagas…”). Con el fin de vivir en total fidelidad a la ley, habían multiplicado tanto los mandamientos que eran incapaces no ya de  cumplirlos, sino incluso de recordarlos. Así, mediante eruditas disquisiciones los maestros de la ley trataban de establecer una jerarquía entre sus normas. En esa discusión pretender involucrar a Jesús y ponerlo en evidencia.
     A diferencia de las ocasiones anteriores, la respuesta de Jesús es directa, citando un pasaje de la Escritura, tal como hacían los maestros de la ley en sus discusiones. El texto elegido (Dt 6,5) es el mandamiento del amor a Dios recitado diariamente por los judíos como parte de su oración (“Shemá Israel”, escucha Israel). El primero de los mandamientos es, pues, el amor a Dios. Este amor debe ser con todo el corazón –íntegro, no dividido-, con toda el alma –con la vida entera-, y con toda la mente –en una búsqueda del conocimiento pleno de Dios-. Jesús propone un segundo mandamiento, semejante en importancia al anterior.
     En esta segunda parte de la respuesta, cita de nuevo la Escritura. Lo hace con texto del Levítico (Lv 19,18): “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En aquella época se discutía quién era el prójimo, si sólo el que pertenecía al pueblo de Israel, o también el extranjero que se hubiera instalado en sus tierras. Jesús amplía el sentido de prójimo a todos los seres humanos (“Amad a vuestros enemigos”, dice en Mt 5,43-48). Este amor no es un sentimiento o simpatía, sino un comportamiento solidario: en este sentido prójimo es, especialmente, todo ser humano débil, necesitado, enfermo… El amor al prójimo es un mandamiento semejante al amor a Dios. Pero Jesús aún da un paso más mostrando dónde encontrar el fundamento de la ley de la que su interlocutor es experto.
     No se queda en la pregunta de aquel maestro de la ley, situando su respuesta en un nivel mucho más profundo. Utilizando un recurso propio de los buenos conocedores de la ley, une dos citas de la Escritura relacionando dos mandamientos que en origen estaban separados. Ambos mandamientos son semejantes, dice el texto, y constituyen el fundamento de la ley y los profetas (Antiguo Testamento). Lo verdaderamente importante no es saber cuál es el mandamiento más importante, sino dónde está el origen de todos ellos. Del mandamiento del amor a Dios y al prójimo se derivan todas las enseñanzas de la ley y los profetas. Con la recepción de este doble mandamiento del amor se descubre la llave que nos permite leer e interpretar en cristiano las Sagradas Escrituras que hemos recibido.  




        

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “Amarás al señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” ¿Qué significa en tu día a día amar a Dios con todo el corazón?
  •   “Éste es el primer mandamiento y el más importante”. ¿Realmente todo en tu vida está ordenado desde el cumplimiento de este primer mandamiento?
  • “Amarás al prójimo como a ti mismo”. ¿Desde qué otras claves estableces tu relación con las personas? ¿A qué te invita el evangelio de hoy?






     

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