Domingo XXIX del Tiempo Ordinario Ciclo A: “Dad al César lo que es del César”
(Mt 22,15-21)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 45,1.4-6   

“Yo soy el Señor y no hay otro”                                   

  Salmo 95
   “Que toda la tierra cante al Señor”

2ªLectura: 1 Tesalonicenses 1,1-5

   “Damos gracias continuamente a Dios por todos vosotros”
Evangelio:  Mateo 22,15-21
   “Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios ”

 

PALABRA DE VIDA

     Las lecturas de hoy nos presentan, desde distintas perspectivas, que Dios es el único Señor de la historia. Así, para Isaías, el rey Ciro de Persia era un “ungido del Señor” para liberar al pueblo del exilio de Babilonia. Jesús insiste, en el evangelio, en el Señorío de Dios y, por tanto, en que ningún poder en la tierra es digno del culto que a él sólo hay que ofrecer. En los tres últimos domingos hemos ido leyendo parábolas que tenían en su punto de mira a los dirigentes judíos. Les acusa de maltratar y matar a los enviados de Dios, por lo que Jesús les anuncia la elección de un nuevo pueblo como herederos del Reino. En consecuencia con este anuncio de Jesús, en el evangelio de hoy leemos el primero de los episodios de la trama que urden para deshacerse de Jesús.
    Los fariseos presentan a Jesús un problema o, mejor, un dilema aparentemente insoluble. Jesús relativiza el problema introduciendo a Dios en el horizonte del problema. Pero lo sorprendente de Jesús es que cuando introduce a Dios no lo hace para hablar de Él o porque quiera discurrir sobre Él. Es curioso lo poco que habla de Dios Jesús sea cual sea el evangelio que tomemos. Es como si se hubiera adelantado al problema hermenéutico actual de las mediaciones del lenguaje. Jesús no hace discursos sobre Dios, ni siquiera lo erige en objeto de reflexión. Jesús, sencilla- mente, vive desde Dios, habla con Él, lo presiente y lo siente. Para Jesús, Dios es Alguien y no algo. Alguien con el que cuenta en cualquiera de los momentos y de los enredos. Alguien con el que se convive.
    Nacionalismo, colaboracionismo. ¿Se paga el impuesto al César o no se paga? Un enredo humano, tan real y cruel que causó muchas disensiones y se cobró muchas vidas. Pero, ¿qué pasaría si Dios fuera para nosotros Alguien tan entrañable como lo fue para Jesús? ¿Qué sería de nuestros enredos? Ya sé que en nombre de Dios se mata. Pero también sé que ese dios debe ir con la minúscula de nuestros dioses, hijos del integrismo y de la mentalidad cerrada. Desde el NT sólo sé que Dios va con mayúscula. Imaginemos no que existe Dios sino que Él es Alguien junto a nosotros. A lo mejor resulta que nuestros enredos se relativizan de tal manera que se volatilizan. Y entonces nos topamos con lo que empieza a valer la pena.
    “Dad al César lo que es del César”.
    Una interpretación apresurada y sesgada del evangelio ha simplificado la cuestión, reduciéndola al ámbito de la Iglesia y del Estado, el poder temporal y el espiritual, como si el hombre tuviera que ser el botín de uno de esos dos poderes. Y no es así. La cuestión que los judíos plantean a Jesús es una cuestión política: ¿se puede y se debe pagar el tributo impuesto por los romanos? ¿se puede aceptar el dominio imperialista de Roma? ¿Hay que resignarse en una situación de colonialismo? Jesús no entra en la cuestión teórica, puesto que en la práctica los judíos ya han aceptado el hecho imperialista al aceptar la moneda romana. Por eso Jesús les pide que enseñen una moneda, para que reconozcan que la pregunta está respondida en la praxis.
    Si viven sometidos, ese es su problema. Pero no hay ninguna razón para que el hombre se someta a ningún poder. Y así Jesús, respondiendo a lo que no habían preguntado, les ayuda a recobrar la conciencia de la dignidad humana. Si la organización humana necesita la existencia y concentración de poderes, todos los poderes están limitados y no pueden ser absolutos. Y así Jesús sentencia: dad al César lo que es del César. Pero sólo lo que sea del César, no todo lo que el poder pretende con todo su aparato coercitivo.
    “Dad a Dios lo que es de Dios”.
    Esto significa que no todo es del César, o sea, que el poder del Estado no es absoluto. En el lenguaje político los límites del poder radican en la soberanía popular, en el reconocimiento y declaración de los derechos humanos. En un lenguaje religioso se dice que los poderes del Estado y en general cualquier poder está limitado por la soberanía de Dios, que es quien ha creado al hombre a su imagen y semejanza. Así lo expresa el profeta Isaías en el texto que hemos escuchado: "Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios". La existencia de Dios, el Absoluto, es la negación de cualquiera otro que pueda presentarse como absoluto. Sólo hay un Dios, todo lo demás no es Dios. Ni es Dios la idea que los hombres podamos fabricarnos de Dios, ni siquiera la idea que la Iglesia tiene de Dios. La existencia de Dios aparece, pues, como la condición de posibilidad de la libertad y autonomía de la persona frente a los poderosos y poderes de este mundo, políticos o religiosos. La fe en Dios es la legitimación de toda desobediencia civil y religiosa, de la objeción de conciencia frente a toda imposición. Porque creemos en un solo Dios, creemos que nada ni nadie más es dios.



        

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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