Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario Ciclo A: ¿Cómo has entrado aquí sin traje de bodas? (Mt 22,1-14)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 25,6-10   

“Secará las lagrimas de todos los rostros”                                  

  Salmo 22
   “Habitaré en la casa del Señor por días sin término”

2ªLectura: Filipenses 4,12-14. 19-20

   “Mi Dios, que es rico,atenderá con largueza todas vuestras necesidades”
Evangelio:  Mateo 22,1-14
   “¿Cómo has entrado aquí sin traje de bodas?”

 

PALABRA DE VIDA

    Llegamos con el evangelio de hoy a la última de un grupo de tres parábolas con las que Jesús responde al cuestionamiento de su autoridad que los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo le hacen en el templo de Jerusalén. El evangelista propone al final una importante enseñanza dirigida a los cristianos de su comunidad: la invitación al banquete del Reino exige un vestido de fiesta.
    En los versículos que hemos leído, el evangelista funde dos parábolas cuyo origen es independiente. La primera de ellas (Mt 22,1-10) tiene su paralelo en el evangelio de Lucas. La segunda (Mt 22,11-14) sólo la encontramos en este evangelio. La primera de las dos tiene muchos elementos en común con el evangelio del domingo pasado.
    En una cierta continuidad con la parábola anterior, el rey representa a Dios, los invitados a los judíos, y los criados a los profetas y apóstoles. El banquete, en la tradición bíblica, es una imagen con la que se expresa el encuentro final entre Dios y su pueblo. Siguiendo un cierto paralelismo con la parábola del domingo pasado, el rey llama repetidas veces a los elegidos para participar en el banquete y recibe negativas a la llamada: las excusas son poco convincentes, teniendo en cuenta que es el rey quien les invita, y el final de los criados es, también ahora, el maltrato y la muerte. La reacción del rey es similar a la de la parábola de los viñadores, pero añade un hecho importante: el incendio de la ciudad (alusión a la destrucción de Jerusalén en el año 70, poco antes de la redacción del evengelio). Finalmente un grupo heterogéneo de personas son invitadas a la boda en sustitución de las primeras.
    La cuestión que plantea la parábola es común a la del domingo pasado: Dios entrega el Reino a los judíos, pero, ante el rechazo que recibe por su parte, congrega a un nuevo pueblo de procedencia diversa que llena la sala del banquete. Pero la historia no acaba aquí, añade una segunda parábola, de origen independiente, con el fin de ampliar el mensaje.
Es curioso que el rey no entra en la sala para comer y celebrar la boda con sus invitados, sino para “ver” a los comensales. Se fija en uno de ellos y, desde ese momento, la sala del banquete se convierte en un salón de vistas para el juicio que tiene lugar a continuación. Este juicio es sumarísimo: el rey le interroga acerca de su indumentaria y el encausado no tiene palabras para su defensa. La sentencia es inmediata. Las imágenes de echar a fuera, las tinieblas, el llanto y rechinar de dientes evocan al infierno en la mente de los oyentes.
Si la primera parábola planteaba la negativa de los judíos a acudir a la boda, esta segunda tiene en su punto de mira a la comunidad cristiana, los nuevos invitados, a quienes Mateo dirige su evangelio. No es suficiente el haber sido llamados, no basta el bautismo que incorpora a la comunidad. Es necesaria la conversión, representada simbólicamente en la vestidura de fiesta. Como en las parábolas del trigo y la cizaña o de la red, en Mt 13, el evangelista está hablando a una comunidad en la que hay buenos y malos y en la que todos tienen que responder personalmente a la invitación de Dios. En el horizonte está el banquete de bodas; pero hay que estar vestidos de fiesta para entrar en él.
La enseñanza de Mateo a los cristianos de su comunidad tiene plena actualidad para nosotros. Si bien es cierto que Dios nos ha llamado al banquete del Reino, está en la mano de cada creyente aceptar o no la invitación. Porque son muchos los invitados, pero pocos los escogidos.


        

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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