Domingo XXVI del Tiempo Ordinario Ciclo A:"ENTRARÁN ANTES QUE VOSOTROS EN EL REINO”
(Mt 21,28-32)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Ezequiel 18,25-28   

“Si el malvado se convierte de los pecados cometidos, vivirá”                                 

  Salmo 24
   “Tú eres el Dios que nos salva”

2ªLectura: Filipenses 2,1-11

   “Haciéndose obediente hasta la muerte”
Evangelio:  Mateo 21,28-32
   “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre”

 

PALABRA DE VIDA

     La Palabra de hoy nos invita a meditar (“recapacitar”) sobre la responsabilidad personal ante la llamada de Dios. Para el Profeta Ezequiel es necesario convertirse a la justicia de Dios para acogerse a su  promesa de vida. En el evangelio vemos que la invitación está hecha, y no basta con obedecer de palabra, hay que cumplir la voluntad de Dios. El modelo de esta obediencia, según San Pablo, es el modelo es Cristo, obediente hasta las últimas consecuencias.
    En el pasaje que comentamos, Cristo quiere convencer a todos los que se escandalizan de su predilección por los pecadores, de que éstos están más cerca de la salvación, si hacen penitencia, que aquellos otros de tan buena reputación que se creen justos (Mt 9. 10-13). Los pecadores, es cierto, se han opuesto a la voluntad de Dios, pero se han arrepentido, como el hijo pródigo, mientras que los que se consideran a sí mismos piadosos servidores de Dios se olvidan de su obligación de amar a los hombres.
    Esta parábola va dirigida, por consiguiente, a los que se cierran a la Buena Nueva en nombre de la justicia. En ella se pone de manifiesto el amor de Dios a los que, siendo objeto del desprecio de todos, son capaces de hacer penitencia y de obedecer los mandatos de Dios con más ardor y entusiasmo que los orgullosos y los que se bastan a sí mismos. La parábola es, pues, una apología de la actitud de Cristo hacia los pecadores.
    Jesús invita a sus interlocutores a juzgar lo que va a proponerles ("¿qué os parece?") y la interpelación se repite de nuevo al final ("¿Quién de los dos...?"). Los dos hijos tipifican los dos grandes grupos en que se dividía el pueblo de Israel: los "justos"y los "pecadores", pero ambos son considerados como hijos y son objeto del amor del Padre, al tiempo que tienen también necesidad de perdón. La parábola describe sus actitudes contrarias. En primer lugar la del que es considerado pecador: su respuesta cortante ("no quiero"), que muestra la desobediencia al deber más importante para con los padres, hace que los oyentes de Jesús lo caractericen como tal; pero éste es capaz de arrepentirse y hacer la voluntad de su padre. La segunda actitud, el segundo hijo caracteriza a aquellos que se creen "justos", sería la de los que dicen y no hacen; los que en el momento decisivo no obedecen. Toda la fuerza de la parábola está en el hacer o el dejar de hacer, que es lo que en definitiva cuenta ante Dios.
    Las palabras de Jesús ("os aseguro...") se dirigen a los notables del pueblo diciéndoles que ellos son los que dicen y no hacen, que externamente son piadosos pero que en realidad no cumplen la voluntad de Dios. En cambio, "los publicanos y las prostitutas", considerados como personas cuya conversión era imposible a causa de su clase de vida, sustituyen a los primeros en el camino hacia el Reino.
    A esta primera aplicación de la parábola se añade otra, aplicando el hecho de que los pecadores aceptan la predicación del Reino y los justos la rechacen a una situación histórica muy concreta e importante: la predicación de Juan Bautista. Los que creyeron en él y manifestaron con hechos concretos su conversión, como el primer hijo, se encuentran ahora dispuestos para aceptar a Jesús. Los que no se tomaron seriamente al Bautista van experimentando un endurecimiento que les impide convertirse incluso después "de ver esto", es decir, el cambio que con ocasión del Bautista y sobre todo de Jesús, experimentan los considerados pecadores.
    A lo largo de todo el texto, tanto de la parábola como de las aplicaciones, se dan continuas referencias en tono polémico hacia aquellos que no quieren aceptar la predicación de Jesús y se escandalizan del Evangelio.



        

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “¿Qué significa en mi vida cumplir la voluntad del Padre?
  • Mi vida ¿es coherente con la fe que proclamo de palabra?
  • “Los publicanos y prostitutas entrarán antes que vosotros” ¿Miro a la gente con los ojos de Dios, o según los modelos vigentes en nuestra sociedad?

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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