Domingo IV Tiempo Ordinario Ciclo A: “Dichosos los pobres en el espíritu” (Mt 5,1-12)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Sofonías 2,3;3,12-13

  “Buscad al Señor, humildes de la tierra”            

 Salmo 145
  “El Señor reina por siempre”

2ªLectura:   1 Corintios 1,26-31                         
  “Dios ha escogido lo que el mundo considera necio”

Evangelio: Mateo 5,1-12 
    “Dichosos los pobres en el espíritu"

 


 



 


 

 

PALABRA DE VIDA

         

          Los protagonistas de las lecturas de hoy son personajes marginales: pobres, hambrientos, humildes, ciegos, oprimidos, cautivos, perseguidos… Pero para ellos hay una gran noticia: son los preferidos de Dios. El Señor no quiere verlos así y va a venir a reinar para hacerlos felices, dichosos, bienaventurados. Precisamente ésta es la lógica de la cruz que Pablo terminó por comprender y que configuró la misma composición de la comunidad cristiana de Corinto. Dios ha elegido unos caminos inesperados para mostrar su salvación, y así lo ha manifestado en Jesús. Tampoco nosotros somos relevantes a los ojos del mundo, al igual que el pueblo al que habla Sofonías, o la comunidad de Corinto, pero Dios nos ha escogido. Esto nos va a hacer proclamar con el salmista: “El Señor reina por siempre”.
          En el evangelio Jesús va a proclamar la nueva ley que conforma el Reino de los Cielos, una especie de manual para la vida cristiana que conocemos con el nombre de “sermón del monte”. Va dirigido a los que siguen a Jesús y se adhieren a los valores del Reino que él proclama.
          El texto comienza con un escenario de excepción. Con bastante probabilidad, en la intención del autor, el monte desborda toda ubicación geográfica en Palestina para situarse en el Sinaí, el monte por excelencia en la tradición judía, donde tuvo lugar la constitución del pueblo de Dios. Este pueblo había ido perdiendo su identidad hasta el punto de ser uno más en el conjunto de pueblos, con los mismos recursos, los mismos intereses y las mismas metas.
         Presentando a Jesús subiendo al monte, Mateo quiere significar con ello que va a tener lugar el acto fundacional del nuevo pueblo de Dios, con Jesús como nuevo Moisés, como nuevo líder. El acto constitucional del nuevo pueblo no son principios abstractos, sino que recoge situaciones de hecho de sus miembros. De estas situaciones, unas son pasivas, en cuanto que sus miembros las padecen (vs.3. 4. 6. 10 y 11), y otras activas, en cuanto las generan (vs. 5. 7-9). A las primeras pertenecen la pobreza, el llanto, el hambre y la sed, los malos tratos y la persecución. Se trata de situaciones de sufrimiento físico que el miembro del pueblo de Dios se ve obligado a padecer por causa de su dedicación a la justicia, es decir, a la construcción de un nuevo modelo de sociedad llamado Reino de Dios. No se deja vencer por ellas, sino que las sufre con gozo. A estos que viven así el realismo de la vida, Jesús los declara bienaventurados. No son, pues, las situaciones las que son objeto de la bienaventuranza de Jesús, sino las personas que no se dejan derrotar por ellas; las personas, por ejemplo, que aceptan vivir el mal de la pobreza. Esto es lo que significa la formulación "pobres de espíritu" de Mateo.
         El comienzo del acto constitucional del nuevo pueblo de Dios es un canto a las personas que sufren por intentar hacer posible el Reino de Dios. Es un canto fantástico por su sencillez y que ciertamente gustan en toda su hondura las personas que saben de sufrimiento por construir algo mejor.
         Las Bienaventuranzas son presentadas como síntesis del mensaje cristiano, como proyecto de vida para vivir la santidad de Dios. Exegéticamente, el género bienaventuranza no es nuevo en el Nuevo Testamento, ni tampoco es exclusivo de los evangelios. El Antiguo Testamento nos presenta numerosos ejemplos de bienaventuranzas; sólo en el libro de los Salmos nos encontramos con más de 20. El Apocalipsis de Juan ritma su texto con 7 bienaventuranzas (cf. 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 2O,6; 22,7; 22,14).
        Las ocho bienaventuranzas con que Mateo introduce el Sermón de la Montaña se muestran literariamente bien construidas, lo que nos muestra la mano del redactor eclesial: la primera y la última contienen la misma promesa y la cuarta y la octava (dos mitades!) mencionan la justicia. Cuatro de ellas presentan situaciones de conflicto: pobreza, llanto, sufrimiento, hambre-sed y persecución. Y tres se centran en acciones positivas: misericordia, limpieza de corazón, esfuerzo por la paz. No pretenden ser exhaustivas, presentar todas las situaciones humanas susceptibles de dicha evangélica: pero sí nos muestran un amplio abanico de situaciones de indigencia y de compromiso por el prójimo: en todos ellos se hace patente el rostro de Dios.
       En la novena bienaventuranza recae el acento: en la misma persecución por causa del Evangelio se manifiesta el gozo de Dios. Cualquier situación humana, vivida en la línea del Evangelio, es buena para realizar el proyecto de santidad que Dios espera de nosotros.


  


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •  “Dichosos los que…” ¿Es para ti la fe fuente de felicidad o una carga de cumplimientos?
  • ¿A quiénes considera felices nuestra sociedad? ¿Cuáles son, en cambio, las actitudes que piden las bienaventuranzas?
  • ¿Quiénes son los que sufren a nuestro lado? ¿Cómo llevarles la Buena Noticia de las bienaventuranzas?











     

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