Domingo III Tiempo Ordinario Ciclo A:“Está llegando el Reino de los Cielos”
(Mt 4,12-23)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 9,1-4

  “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”          

 Salmo 26
  “El Señor es mi luz y mi salvación”

2ªLectura:   1 Corintios 1,10-13-17                         
  “Cristo me ha enviado a evangelizar”

Evangelio: Mateo 4,12-23 
    “Veníos detrás de mí y os haré pescadores de hombres”
















 


 

 

PALABRA DE VIDA

          En la presencia de Jesús en Galilea, Mateo ve el cumplimiento de la gran profecía mesiánica de Isaías. Jesús es la luz que brilla en las tinieblas. A un país desilusionado y sin horizonte Jesús le devuelve la ilusión y la esperanza. ¿Cómo? Haciendo presente el Reino de Dios, la vieja alternativa de la que Israel había sido portador en los remotos días de los Jueces, cuando Israel era distinto de los demás pueblos y vivía la pura alegría de vivir, porque Yahvé era el centro de gravedad de todo su quehacer histórico.
        Ante esta alternativa que vuelve, Jesús pide un cambio radical de categorías. Este cambio empieza tomando cuerpo con el seguimiento de Jesús. Sígueme: así suena la invitación de cualquier líder de cualquier organización. Esta es también la invitación que Jesús nos hace. ¿Qué pasaría si, al igual que Pedro, Santiago y Juan, también nosotros la secundáramos? Pedro y sus compañeros son llamados aquí a ser cristianos, no a ser apóstoles. Hacerlo equivaldría a tener una función social: "ser pescadores de hombres". De momento no conocemos el alcance de esta función.
          "Reino de los cielos" es lo mismo que "reino de Dios". Los judíos evitaban por respeto el nombre de Dios y en su lugar hablaban de "los cielos". La palabra "reino" evoca más bien una realidad estática, por eso sería preferible hablar de "Reinado de Dios". El advenimiento de este reinado libera a los hombres de la esclavitud del pecado. El reinado de Dios ha comenzado ya en Jesucristo, su Hijo, que ha venido al mundo para cumplir toda la voluntad del Padre. Cuando Dios sea "todo en todos" (1Co 15,27ss), al fin de los tiempos, el Reinado de Dios llegará a su plenitud y se cumplirán todas las promesas mesiánicas, habrá paz y justicia y se manifestará que Dios ha querido reconciliar todas las cosas en la sangre de su Hijo. Mientras tanto, la Iglesia es la señal de que ya ha comenzado y está todavía en curso, el Reinado de Dios. Ella ha de proclamarlo y ha de ser en el mundo el instrumento de su continua actualización. Pero la Iglesia no es el mismo Reinado de Dios, antes al contrario, la gran tentación de la Iglesia es querer presentarse ante los hombres como si lo fuera. De ahí arrancan todos los triunfalismos que desconocen la eficacia de la cruz de Cristo.
          "Y al instante le siguieron" El episodio se ubica a las orillas del lago, por donde Jesús caminaba y donde los hombres estaban entregados a su trabajo. La llamada de Dios llega a los hombres en su entorno corriente, en su puesto de trabajo. Ningún escenario "sagrado" para la llamada de los primeros discípulos; simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas. Nos encontramos con dos relatos paralelos; primero, la llamada de Pedro y Andrés, y, luego "yendo más adelante”, la llamada de Santiago y de Juan. La repetición le permite al evangelista insistir en lo que le interesa. Pero los rasgos esenciales que definen cabalmente la figura del discípulo son cuatro:
    1º)  Carácter central de Jesús. La iniciativa es suya; no es el hombre el que se constituye a sí mismo discípulo, sino Jesús quien  transforma al hombre en discípulo. Además: el discípulo no es llamado para asimilar una doctrina, ni siquiera ante todo para vivir un proyecto de existencia, sino para solidarizarse con una persona ("seguidme"). En primer plano está la adhesión a la persona de Jesús. Tan es así, que el discípulo evangélico no inicia un aprendizaje para convertirse a su vez en maestro; permanece siempre discípulo, y el Maestro es uno solo.
    2º) El seguimiento de Jesús exige un profundo desprendimiento. La llamada de Pedro y Andrés y la llamada de Santiago y Juan están construidas siguiendo la misma estructura y con un vocabulario sustancialmente idéntico. Existe, sin embargo, una diferencia no despreciable; en el primer relato se dice que dejaron "las redes"; en el segundo, que dejaron "la barca y al padre". Tenemos, pues, un crescendo: desde el oficio a la familia. El oficio representa la seguridad y la identidad social; el padre representa las raíces de uno.
    3º) El seguimiento es un camino. Partiendo de la llamada de Jesús, se expresa en dos movimientos (dejar y seguir), que indican un desplazamiento del centro de la vida. La llamada de Jesús no instala en un estado, sino en un camino.
    4º) El seguimiento es misión. Dos son las coordenadas del discipulado: la comunión con Cristo ("seguidme") y una carrera hacia el mundo ("os haré pescadores de hombres"). La segunda nace de la primera. Jesús no coloca a sus discípulos en un espacio separado y sectario; los envía por los caminos de los hombres. Más adelante se comprenderá que el camino del discípulo es la cruz, lo cual significa que la ley que debe guiarle es la solidaridad universal.

  


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •   Dios inicia su acción en los márgenes “Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, Galilea de los gentiles” ¿Qué rostro de Dios se transparenta en este evangelio?
  • “Veníos detrás de mi” ¿Te sientes llamado por Dios?
  • “Anunciaba la buena nueva del Reino” ¿Cuál puede ser hoy ese anuncio para que sea alegre y buena noticia?










     

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