Bautismo del Señor Ciclo A:“Tú eres mi Hijo amado”
(Mt 3,13-17)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 42,1-4.6-7

  “Sobre él he puesto mi espíritu”        

 Salmo 28
  “El Señor bendice a su pueblo con la paz”

2ªLectura:   Hechos 10,34-38                        
  “Pasó haciendo el bien”

EvangelioMateo 3,13-17
   “Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco”
















 


 

 

PALABRA DE VIDA

          Con el bautismo de Jesús terminamos el tiempo de Navidad. Ya está Jesús en su vida pública y, de alguna manera, esto compromete nuestro seguimiento y nos hace agradecerle al Señor su amor al aceptarnos, sintiéndonos acompañados y guiados por la fuerza del Espíritu de Dios.
          El Mesías que viene a hacerse bautizar desconcierta a Juan, que esperaba un Mesías juez y un bautismo de fuego. En lugar de ello, ve venir hacia él a un hombre confundido entre la multitud. Así, Juan y Jesús representan dos concepciones mesiánicas. La afirmación me parece importante, y conviene documentarla con mayor cuidado. En el capítulo tres de Mateo se pueden distinguir tres unidades literarias, determinadas por la repetición de "entonces". Este adverbio lo usa mateo con mucha frecuencia para relacionar las diversas escenas de un relato: Mt 3,5; 3,13 y 3,15.
           En la primera unidad (Mt 3,5), el Bautista censura enérgicamente la religiosidad demasiado segura de sí, demasiado confiada en su patrimonio nacional, demasiado legalista. Juan invita a esta religiosidad a convertirse en profundidad. ¿Motivo? Va a sonar la hora del juicio, la hora en que el hacha está puesta en la raíz. Es el lenguaje de los profetas.
          En la segunda unidad literaria (Mt 3,13-15a), al presentarse Jesús al bautismo como uno más de la multitud, desconcierta el proyecto mesiánico del Bautista. No es el juez, sino el siervo del Señor. Se diría que más que el juicio le conviene la mansedumbre, que es el tema predilecto de Mateo, o tal vez podríamos hablar de "solidaridad". El Mesías vive una profunda solidaridad con el pueblo judío, se muestra solidario con el momento penitencial que está llamado a vivir el pueblo, y todo ello por obedecer al plan de Dios.
          La tercera unidad literaria (Mt 3,15b),  muy breve, cuenta que el Bautista se sometió a Jesús. Así pues, ambos mesianismos se encontraron frente a frente, y el del Bautista, no así el de los fariseos y los saduceos, se abrió al proyecto de Jesús, lo aceptó y se sometió a él. Se trata de un ejemplo de cómo hubiera debido comportarse todo el pueblo judío y, en mayor escala, de cómo debe conducirse cualquiera otra expectativa del hombre.
          Ahora podemos entender mejor una afirmación ya expuesta: "cumplir toda justicia" significa someterse al plan de Dios revelado por las sagradas Escrituras, plan de Dios que se revela como proyecto de humildad y de solidaridad. En el gesto de Cristo, que se confunde con la muchedumbre de los pecadores, se contiene ya aquella lógica que le llevará a la cruz, a morir por los pecados del pueblo.
          No podemos pasar por alto el hecho de que las primeras palabras (v.15) de Jesús sean: "Conviene que se cumpla toda justicia". Estas breves palabras, las primeras de Jesús, definen su actitud profunda; ha venido a cumplir el plan de Dios, y no permite que nada le aparte de él. Su actitud profunda es la sumisión, la obediencia que se expresa como una lógica de humildad y de solidaridad con todo el pueblo pecador.
          Mateo subraya luego que estas actitudes de Cristo, que definen la lógica de toda su existencia, suponen ciertamente una ruptura con las expectativas mesiánicas de su tiempo, pero no con el verdadero significado del AT. Ruptura con el judaísmo, pero no con lo que pretendían las Escrituras. La conversión a que son invitados el Bautista y todo el judaísmo es una vuelta a sus propios orígenes. El verdadero judío es el que se hace cristiano.
          La Voz Celestial. Obviamente, no podemos reducir todo el significado del bautismo al diálogo que hemos examinado. Hemos de tomar en consideración otros elementos de gran importancia. Para comprender el significado fundamental de la apertura de los cielos y del descenso del Espíritu, hay que referirse a Isaías 63,19: "¡Oh, si tú abrieses los cielos y bajases; ante tu rostro vacilarían los montes!" Se trata de un versículo que pertenece a un salmo (63,7-64,11), en el cual el que ora pide a Dios que vuelva a abrir el cielo, que se manifieste y descienda en medio del pueblo, a fin de llevar a cabo un nuevo éxodo y guiar otra vez al pueblo hacia la libertad. Tal es el significado de nuestro episodio; después de un largo silencio por parte de Dios y por parte de su Espíritu, ahora comienza el tiempo esperado, el tiempo de la salvación, en el cual Dios de nuevo se da a los hombres y vuelve a hablar. "Este es mi hijo amado". No es una revelación dirigida a Jesús, sino una revelación sobre Jesús dirigida a los hombres. Con ello Mateo encuadra el episodio en una perspectiva eclesial, convirtiéndolo en una profesión de fe hoy. Invita a los lectores a reconocer en Jesús al Hijo de Dios.


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •   “Este es mi hijo amado, en quien me complazco” ¿Has integrado en tu fe la condición de hijo amado de modo incondicional por Dios?
  • ¿Qué significa para ti estar bautizado?
  • ¿A qué nos compromete el espíritu de hijos que hemos recibido por el bautismo?







     

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