Domingo II Tiempo Ordinario Ciclo A:“Este es el cordero de Dios”
(Jn 1,29-34)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 49,3.5-6

  “Tu eres mi siervo, te convierto en luz de las naciones”        

 Salmo 39
  “Amo tu voluntad, Dios mío”

2ªLectura:   1 Corintios 1,1-13                         
  “Habéis sido llamados a ser pueblo de Dios en unión con   todos”

Evangelio:  Juan 1,29-34 
   “Doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”
















 


 

 

PALABRA DE VIDA

          Isaías nos presenta la vocación genuina de Israel: no sólo es el siervo de Dios elegido y llamado desde antes de nacer con una tarea en medio de sus hermanos desterrados, sino que su misión es ser luz para todas las gentes. Es Jesús, precisamente,. Quien encarna en el evangelio esas tarea del siervo que trae la salvación para todos de parte de Dios. Es el cordero de Dios sacrificado para nuestra salvación. El es el Hijo que, al igual que el salmista, ama hacer la voluntad divina para manifestar su fidelidad salvadora. Otros testigos, como Juan el Bautista o Pablo, han continuado la tarea de invitar a todos a formar parte del nuevo y definitivo pueblo de Dios convocado por Jesús.
          Juan presta su última declaración solemne sobre la identidad de Jesús: el Cordero de Dios, el Hijo de Dios. Se anuncia así las dos dimensiones fundamentales en las que Jesús se va a dar a conocer a lo largo del cuarto evangelio. En el conjunto de la obra el texto de hoy tiene la función de anticipar puntos de vista, situaciones y tensiones que serán desarrollados con posterioridad. Por eso, su alcance sólo se percibe con el discurrir de las páginas del evangelio.
          Un ejemplo ilustrativo lo constituye la primera de las afirmaciones sobre el Cordero. En el capítulo 19 el evangelista Juan sitúa la muerte de Jesús coincidiendo con las horas en que se sacrificaban en el Templo los corderos de Pascua que cada familia consumiría en casa durante la noche en recuerdo de la liberación de la opresión. La frase "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" adquirirá todo su sentido en el decurso de ese cap. 19, donde aparecerá claro el punto de vista del autor del cuarto evangelio: Jesús se da a conocer como Hijo en cuanto Cordero.
          A la hora de representarse a Zeus, el Señor de los humanos, los antiguos griegos lo hacían por medio del águila, el cetro y el rayo. Estos símbolos dejan traslucir una concepción generalizada entre los humanos: Dios supervisa, manda y fulmina. En continuidad con las primeras páginas de la Biblia, el autor del cuarto evangelio concibe al Señor de los humanos asumiendo y sufriendo las condiciones humanas. La concepción divina del cuarto evangelio va más en la línea del acercamiento que de la exaltación. En vez del esquema: Jesús es Hijo porque es Cordero, el cuarto evangelio adopta este otro: Jesús es Cordero porque es Hijo.
          Jesús es el Cordero de Dios porque ha sido elegido por Dios para iniciar el éxodo de nuestra libertad, y así como en otros tiempos los israelitas fueron librados de la muerte y de la esclavitud por medio de la sangre de un cordero, razón por la que celebran la Pascua de generación en generación, así también nosotros hemos sido librados, en Cristo y por la sangre de Cristo, de la esclavitud de la ley, del pecado y de la muerte.
          Cristo es nuestra Pascua y el Cordero de Dios, el verdadero, el de la Alianza Nueva. No es casual que según la cronología de Juan, Jesucristo padeciera y muriera en la cruz precisamente cuando los sacerdotes sacrificaban en el templo de Jerusalén los corderos pascuales.
          Juan también presenta a Jesús como auténtico portador del Espíritu, proclamando públicamente el modo con el cual ha visto al Espíritu descender sobre él. A diferencia de los sinópticos, el Bautista ve personalmente la manifestación del Espíritu sobre Jesús y anuncia las consecuencias que este hecho revelador tiene para la vida del pueblo: “Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él” (v. 32).
          El símbolo de la paloma que baja del cielo puede aludir, según algunas tradiciones del ambiente judío de la época, a Israel vinculado con el mundo de la trascendencia, con el mundo de Dios. El Espíritu que baja sobre Jesús estaría anunciando la generación del nuevo Israel de Dios, que con la llegada de Jesús está dando inicio a los últimos tiempos y cuyo fruto más logrado sería la venida del Espíritu entre los hombres.
          Según los evangelios, Juan Bautista fue descubriendo progresivamente a Jesús como el enviado de Dios y, a partir de este descubrimiento, encontró su misión. El Espíritu con el que fuimos bautizados puede iluminar nuestros ojos y hacernos descubrir quién es Jesús y cuál es nuestra misión.
   


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •   Juan Bautista confiesa a Jesús como el Cordero, el Mesías, el Hijo de Dios ¿Quién es Jesús para ti?
  • A la luz de Jesús, Juan Bautista descubre su misión: dar testimonio del Mesías ante Israel ¿A qué te compromete tu fe?
  • “Y como lo he visto doy testimonio” ¿De que modo das testimonio acerca de Jesús?










     

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