Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo Ciclo C:“Acuérdate de mí cuando vengas como Rey” (Lc 23,35-43)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: 2 Samuel 5.1-3

  “Ungieron a David como rey de Israel”                         

 Salmo 121
  “Vamos a la casa del Señor”

2ªLectura:    Colosenses 1,12-20                             
   “Dios nos ha trasladado al reino de su Hijo amado”

Evangelio: Lucas 23,35-43
      “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey”














 


 

 

PALABRA DE VIDA

                Esta solemnidad, instituida por Pío XI en 1925, cierra el año litúrgico con una grandiosa visión de fe y de esperanza en el señorío de Jesús el Mesías de Dios, Señor del cosmos y de la historia. Un señorío y una realeza que no se fundamentan ni en el poder ni en el terror, sino en la donación de un amor sin límites. En el centro de la liturgia de hoy emerge soberana la figura de Cristo en la cruz que, según el evangelista Lucas, como último acto de su reino terrestre y como primer gesto de su reino glorioso, ofrece el perdón y la paz.
               El evangelio de hoy narra los ultrajes de Jesús en el momento de la crucifixión y la escena en la que intervienen los dos malhechores que estaban en aquel momento junto a él. Presupone una escena: tres malhechores ajusticiados. La cruz del centro es la de Jesús. El texto lo ha trabajado Lucas como una observación de la escena por distintos grupos de personas. Es una secuencia de actitudes ante Jesús sacrificado. En primer lugar está el pueblo (v. 35a). La traducción litúrgica ha unido erróneamente la actitud del pueblo a la de las autoridades. El texto original dice escuetamente: "El pueblo, en pie, presenciaba la escena". Siguen las autoridades religiosas (v. 35b). Su actitud es calificada de comentario con sorna. Cuestionan a Jesús como el Enviado de Dios. En tercer lugar Lucas hace pasar a los soldados romanos encargados de la ejecución (vv. 36-37). Su actitud es descrita como actuación burlona. Cuestionan a Jesús como rey. Lucas aprovecha este momento para dar cuenta del delito por el que Jesús ha sido condenado a muerte: "Este es el rey de los judíos" (v.38). Por última y cerrando la serie de presencias, Lucas se fija en los propios malhechores que flanquean desde sus cruces a Jesús (vs. 39-43). Es la secuencia más larga. Inicialmente corre paralela a la de las autoridades y los soldados. La actitud del primero de los malhechores es calificada de insultante. Como las autoridades, también él cuestiona a Jesús como Mesías. Pero el signo de las actitudes se rompe con el segundo de los malhechores. Tras reconocer la justicia de su castigo y la injusticia del de Jesús, se dirige a éste solicitando un recuerdo cuando llegue a su reino. Las palabras de Jesús cierran el texto: Hoy estarás conmigo en el paraíso.
               Estas palabras cierran no sólo el texto de hoy, sino un ciclo litúrgico que ha tenido en Lucas al guía y al escritor. Lucas, en efecto, nos ha ido llevando y haciendo descubrir a lo largo del año valores y actitudes del Reino de Dios. Lo ha hecho en gran parte desde los marginados, los etiquetados, los desechados. Pastores, mujeres, hijos pródigos, publicanos, prostitutas, samaritanos. Ellos han sido artífices de los hechos que se han verificado entre nosotros ( Lc. 1, 1). Un día cualquiera de su vida se encontraban con Jesús. Este no los enjuiciaba ni los sermoneaba. Sencillamente estaba al lado de ellos. Pero algo descubrían en él que los impulsaba al cambio. Y por propia iniciativa salían de su desafortunada vida para vivir la de Jesús, la de su reino.
               Hoy volvemos a encontrar a uno de ellos, probablemente el caso más clamoroso de marginación por lo legal de la misma. También en esta ocasión se encuentra Jesús al lado de él. El encuentro lo ha patrocinado y hecho posible la Ley del Estado, la misma para ambos malhechores. Pero el malhechor junto a Jesús grita lo injusto de esa ley en el caso de Jesús: "Este no ha hecho nada censurable". Pero es sólo el grito de un malhechor. ¿Qué había descubierto realmente en Jesús? Tampoco esta vez nos lo dice Lucas, pues, no es él un escritor de interioridades o de estudios psicológicos. Simplemente señala una situación que es una constante en su Evangelio: un desechado descubre a Jesús, algo en él que le impone, le impresiona, le cambia.
               "Hoy estarás conmigo en el paraíso": El condenado ha confesado su culpa, ha aceptado el castigo y ha proclamado la fe. Recibe, ahora, el anuncio de su salvación. No es aquella salvación que esperaban las voces burlescas, una salvación terrenal, un milagro extravagante; se trata de una salvación muy distinta. Es en Jesús en quien se realiza el hoy definitivo, el día de la salvación.
               En la disparatada sucesión de presencias que Lucas ha descrito nadie se ha tomado en serio que Jesús sea rey. Sólo este marginado lo hace. Y Jesús, el increíble Jesús de Lucas, le sorprende con lo único que tiene: el paraíso, es decir, ese reino que la Ley del Estado, sus poderosos y fuertes con la pasividad del pueblo, no han permitido que fuera ya una realidad aquí. Pero tampoco a éstos le enjuicia Jesús (de nuevo el increíble Jesús de Lucas): "Padre, perdónalos, que no saben lo que se hacen". Y así, entre poderosos y humildes (empleando los mismos términos de Lucas en el Magnificat, al comienzo de su obra), sigue esta historia nuestra de cristianos.



 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • Decir que Jesús es rey puede entenderse de muchas maneras ¿Cómo nos ayuda este pasaje a entender la realeza de Jesús?
  • Desde la cruz Jesús reina sobre el mundo y la historia ¿Cómo podemos manifestar en nuestra vida que Jesús es nuestro rey, tal como nos lo ha dado a entender el evangelio de hoy? ¿Qué podemos hacer para que este reinado se extienda cada día más?
  • Jesús muere en la cruz en medio de las burlas de quienes se sienten victoriosos. Pero, paradójicamente, la victoria es de Jesús ¿Quién tiene realmente más poder, el que castiga o el que perdona?







     

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