Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario Ciclo C:“Vendrá un día en que todo será destruido” (Lc 21,5-19)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Malaquías 4,1-2

  “A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia”                           

 Salmo 97
  “El Señor viene a gobernar el mundo con justicia”

2ªLectura:    2 Tesalonicenses 3,7-12                               
   “Trabajé a fin de no ser una carga para nadie”

Evangelio: Lucas 21,5-19
      “Esto os servirá para dar testimonio”














 


 

 

PALABRA DE VIDA

              Empezamos la recta final del año litúrgico, con lo que hemos completado un tramo más de la historia de la salvación. La liturgia nos va a recordar que esta historia llegará un día a su fin. Por eso, la Palabra de hoy, evocará el juicio definitivo de Dios, que podrá ser condenatorio o salvador. En la esperanza del salmista, diremos que Dios llega a nosotros trayendo en sus manos la salvación y la victoria. Y el evangelio, con la probable destrucción de Jerusalén en el año 70, nos invita a mantenernos fieles al mensaje en cualquier momento de nuestra existencia, por difícil y doloroso que pueda ser.
         El evangelista Lucas concluye la predicación de Jesús en Jerusalén con el llamado “discurso escatológico”. Con la forma de escribir propia de la época y desde la visión de la historia de la salvación que tiene Lucas, el pasaje ofrece una enseñanza sobre cómo vivir el seguimiento de Jesús en tiempos de dificultad.
            La expectación de una parusía (manifestación al final de los tiempos) cercana puede estar teñida de engaño. No existe una fecha fijada en el curso de la historia. El "momento" se sitúa más allá de todas las crisis y los conflictos humanos (guerras, revoluciones, terremotos, hambre, peste, espantos y grandes signos en el cielo...). Todo esto pertenece al antes, y los cristianos se han de preparar para vivir el largo tiempo de la historia. En ese "antes" largo y conflictivo, los cristianos vivirán una etapa llena de persecuciones. Se trata de rehacer ahora en su historia el mismo camino de Jesús hacia la cruz ("os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre"): serán acusados de herejía por la sinagoga y de traición por los tribunales del Estado. Su fuerza radicará en la paciencia mientras se espera la nueva vida que viene de la resurrección.
             Jesús anuncia la destrucción del templo porque Israel, como pueblo, ha rechazado al enviado de Dios. La gente que le está escuchando le pregunta cuándo sucederá y cuáles serán los signos que permitan adivinar que la destrucción ya es inminente. La respuesta va mucho más allá que la pregunta: habla no sólo de la destrucción del templo, sino de la segunda venida del Hijo del Hombre, pero sin confundir ni poner en relación directa una cosa con la otra, insistiendo en que los discípulos no se dejen engañar por quienes se presentan como mesías atribuyéndose la autoridad de Jesús y diciendo que han llegado ya los últimos tiempos. El evangelista tiene claro que el final no vendrá en seguida.
              Las luchas entre los pueblos, las epidemias, el hambre y las catástrofes cósmicas pueden verse como presagios del fin de los tiempos, pero este fin no tiene por qué venir inmediatamente después de estos hechos. Más bien se subraya y se prepara a los oyentes de Jesús para los tiempos de "antes de todo eso", es decir, para los tiempos en que los cristianos deben dar testimonio. Seguramente es Lucas quien más subraya este testimonio que los cristianos deben dar y que consiste, en definitiva, en seguir el mismo camino de Jesús: también ellos serán perseguidos de diversos modos por el hecho de pertenecer al grupo de sus discípulos ("os echarán mano, os perseguirán... os harán comparecer ante reyes... os traicionarán"), aunque aquí no se insiste demasiado en la muerte violenta como coronación del testimonio ("matarán a algunos de vosotros"), puesto que no es éste el testimonio normal para la mayoría de creyentes.
             El optimismo y la confianza empapan las palabras de Jesús: "yo os daré palabras y sabiduría...", "ni un cabello de vuestra cabeza perecerá", "salvaréis vuestras almas". Al tiempo que Lc escribe su evangelio es testigo de que esta Buena Nueva está llegando "a los confines de la tierra" (Hch 1.9) entre odios y cárceles, pero sobre todo, con la fuerza de la presencia del Señor, que hace mantener constantes a los discípulos. Testimonio, fe en la asistencia del Señor a sus testigos y perseverancia en la lucha y los sufrimientos son algunos de los puntos a subrayar en estas últimas palabras que Jesús dirige a todo el pueblo.
              El texto de hoy es una invitación a tomar conciencia de las dificultades y de los riesgos. La historia es inevitablemente compleja, hoy más que nunca, tal vez, porque los hilos de la historia contemporánea son probablemente más numerosos y más complejos que nunca. El creyente en Jesús no es un iluso al respecto. Pero el creyente es alguien con una paz y una confianza especiales, derivadas de su trato y familiaridad con Dios. Le pase lo que le pase, el creyente no se vive a sí mismo desde el desamparo y la indefensión. El texto de hoy es, en primera instancia, una invitación a la paz interior y a la confianza. Jesús lo formula mucho mejor y más gráficamente: "Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá".


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “Estad atentos”. ”No os asustéis” ¿Cuál es el rostro de Jesús que aparece en el evangelio de hoy? ¿Qué espera de mí como creyente?
  • “Vendrán muchos usurpando mi nombre” ¿Quiénes son los falsos mesías de hoy?
  • “Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá” ¿Hasta qué punto somos signo de esperanza ante los demás por nuestra manera de afrontar los problemas?






     

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

Imprimir Correo electrónico

Real Parroquia Sta María Magdalena
info@rpmagdalena.org
Telf: 954 22 96 03
Calle Bailén, 5
, 41001 Sevilla

Mapa del Sitio
  De Interes...
© 2021 Real Parroquia de Santa María Magdalena

 

Real Parroquia Sta María Magdalena
info@rpmagdalena.org
Telf: 954 22 96 03
Calle Bailén, 5,
41001 Sevilla


© 2021 Real Parroquia de Santa María Magdalena