Domingo XX del Tiempo Ordinario ciclo B: " El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él " (Jn 6,51-58)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Proverbios 9,1-6
      “La sabiduría dice: `venid a comer mi pan´”

       (Salmo  33“Venid, hijos, escuchadme: voy a enseñaros el temor del Señor”

2ª Lectura:   Efesios 5,15-20
   
“Tratad de descubrir cuál es la voluntad del Señor”

Evangelio:     Juan 6,51-58
 
“El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”



 


  PALABRA DE VIDA

 

               En la primera lectura (Proverbios) y en el evangelio de Juan, tratan un mismo tema: la comunión por el banquete. Así, en el libro de los proverbios, la sabiduría, que está junto a Dios, prepara un convite donde se dan pan y vino que proporciona a los comensales una enseñanza que proporciona vida. De igual manera, Jesús también estaba junto a Dios, se encarnó y bajó a nosotros para prepararnos un convite en el que él se da como alimento (pan) y bebida (sangre). Es decir, se nos da en persona. Quien lo acoge con fe, entra en una comunión inesperada con Dios. Gracias a esta comunión podemos descubrir lo que nos dice hoy San pablo: Darnos cuenta de lo que el Señor quiere de nosotros.

               En nuestro evangelio continuamos con el discurso posterior a la multiplicación del pan. La semana pasada veíamos las relaciones entre el Hijo y el Padre, y se nos invitaba a creer en él para recibir el don de la vida. En el de hoy, “Carne” y “sangre”, nos hacen pensar en la eucaristía, un banquete necesario para vivir eternamente.

               Con el pasaje de hoy llegamos al final del discurso sobre el “pan de vida” (Jn 6,22-59). A o largo de4 este discurso se ha hecho mención al pan, es decir, a Jesús (“el pan bajado del cielo”), y a la oposición entre creer y no creer, es decir, aceptarlo o rechazarlo. Serán los judíos quienes, con preguntas capciosas y malentendidos, provocarán la insistencia de Jesús en revelarse como Pan de vida. Si recordamos, el evangelio de hoy comienza con las mismas ideas de los de domingos anteriores.

               “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” (v.52) será el punto de partida para que Jesús de una larga respuesta. Así, el lenguaje es realista y en él se exponen  dos experiencias cotidianas para las primeras comunidades. Así, en la primera de ellas,  “Carne” y “Sangre” les recuerda a los antiguos sacrificios en el Templo de Jerusalén, por los que, para la mentalidad judía, se personaban los pecados. De manera análoga, Jesús se convierte en la víctima verdadera cuya muerte, cruel y violenta como la de los animales sacrificados, es la única que otorga vida eterna. La segunda experiencia, la de tomar alimentos, es algo imprescindible para tener energía suficiente para la vida. Pero hay una novedad: Jesús, el anfitrión, se nos da como comida y bebida, que significa acoger su persona como don de Dios y tener vida por él.

               Los términos “Carne y Sangre” no sólo recuerdan que J4sús se entregó hasta el final, sino que también aluden a la Eucaristía, el banquete cristiano en el que se hace memorial (se vuelve a realizar) de la muerte y resurrección de Cristo. Una muerte que da vida, por eso comer su carne y beber su sangre es tener vida por Jesús y tener vida en Jesús. Comer su cuerpo y beber su sangre tiene consecuencias en los creyentes.    Jesús, al ser alimento y anfitrión, nos da la vida eterna pero aún no en plenitud. Este adelanto de vida consiste en introducirse en la comunión que se da entre el Padre y el Hijo y, por tanto, mutua pertenencia:”El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él” (Jn 6,56),

              Jesús, que como pan se ha partido y repartido a la multitud (Jn 6,1-13), nos invita hoy a su banquete para que, alimentados con su propia vida, nos convirtamos en pan partido y repartido.    

             San Agustín nos dice: “Este manjar y esta bebida significan la unidad social entre el cuerpo y sus miembros, que es la Iglesia Santa, con sus predestinados, y llamados, y justificados y santos ya glorificados, y con los fieles. La primera de las condiciones, la predestinación, ya tuvo lugar; la segunda y la tercera, la vocación y la justificación se están realizando; la cuarta y última, la glorificación, se realiza ahora sólo en esperanza, pero en el futuro será una realidad. El sacramento de esta realidad, es decir, de la unidad del cuerpo y sangre de Cristo, se prepara en el altar del Señor; en algunos lugares, todos los días y en otros, a intervalos. Se recibe de la mesa del Señor, recibiéndolo unos para la vida y otros para la muerte. Pero la realidad misma contenida en este sacramento procura a cuantos participan de él la vida, nunca la muerte.” (Sermón 132 A)

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él” ¿En qué sentido te ayuda la celebración de la Eucaristía a alimentar tu vida de fe? ¿Cómo te ayuda a estrechas la relación con Jesús y con el Padre?
  • En la Eucaristía Jesús nos dice “Haced esto en conmemoración mía”. ¿A qué nos compromete el hecho de experimentar que él se convierte en pan partido y repartido?
  • ¿A qué nos compromete celebrar el memorial de la muerte y resurrección de Jesús?

 

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