Domingo XIX del Tiempo Ordinario ciclo B: " Yo soy el pan de la vida " (Jn 6,41-52)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  1 Reyes 19,4-8
    “Con la fuerza de aquél alimento caminó hasta el monte     de Dios” 

       (Salmo  32“Gustad y ved que bueno es el Señor”

2ª Lectura:   Efesios 4,30-5,2
   
“Vivid en el amor, como Cristo”

Evangelio:   Juan 6,41-52
  “El pan que yo os daré es mi carne para la vida del mundo”



 


  PALABRA DE VIDA

 

               A pesar del signo de la multiplicación de los panes y los peces, donde Jesús ha mostrado sus entrañas de misericordia y su misión, muchos siguen sin entender nada. Esta es la razón por la que Juan desarrolla el tema del pan que da la vida y con el que Jesús se identifica. El texto de hoy ahonda en las relaciones entre el Padre y el Hijo y la necesidad de creer en él.

               Como ya sabemos, el signo del pan apunta directamente a la persona de Jesús que, de forma paulatina se ha ido revelando como el pan bajado del cielo, Al menos así terminaba el evangelio del domingo pasado, y en los primeros versículos de éste hace una afirmación similar, revelando su origen divino. Con una sola frase cumple este objetivo. Así, en la primera se evidencia la procedencia: “He bajado del cielo”; y en la segunda, “Yo soy”, su esencia. Esta última es sólo comprensible para un judío, pues recuerda el nombre con el que Dios se da a conocer a Moisés. Por esta razón, lo que dice es escandaloso para los oyentes, pues no es posible que el hijo de José, a cuya familia todos conocen pueda alegar origen divino, Los galileos empiezan a murmurar, igual que los israelitas en el desierto (Ex 16). Al igual que entonces las murmuracio0nes contra Moisés iban dirigidas contra Yavé, ahora negarse a creer en Jesús es negarse a aceptar el plan de salvación de Dios. Así, sin rechazar su origen humano, Jesús trata de explicar su condición divina y profundizar en la relación con el Padre.

               Para poder explicar y profundizar en su origen divino, nos habla de la estrecha vinculación que le une con el Padre que, resumiéndola podíamos decir que se trata de una relación de cercanía e intimidad que llega a extremos insospechados para el hombre: sólo Jesús ha visto a Dios y  lo conoce, sabe lo que quiere y por eso ha venido a hacer su voluntad. El Padre, que es el responsable y origen último de su misión es el único que puede hacer que los que escuchan a Jesús lo acojan como el enviado, o lo que es lo mismo, como el mediador entre Dios y los hombres.

               En los últimos versículos se remota el tema central de todo el discurso: Jesús es el pan de la vida para quien lo coma no muera. La invitación a comerlo no se queda en el acto físico de llevar un alimento a la boda para masticarlo y luego digerirlo. Se trata, y así lo dice Jesús, de nutrirse interiormente de él, de asimilar su palabra y aceptar su persona, para que así pueda ser sustento básico, el pan de sus vidas. Por eso insiste que el que da ese pan es el Padre, al cual le une una estrecha relación.

               Jesús es el pan que el Padre ofrece a este mundo necesitado y hambriento de vida. Esta “comida” sólo es posible desde la fe: adhesión a su persona, mensaje y programa de vida. La fe, es un don y una tarea, es necesaria para aceptar que la salvación llega con Jesús. Y, como dice el evangelio, hay que dejarse instruir por Dios, y ello sólo es posible desde la escucha atenta de su Palabra, desde el encuentro personal en la oración y la participación en los sacramentos.

              Según Jesús, hay dos cosas que podemos hacer desde en el día a día: escuchar al Padre y reproducir las obras que él hace (v. 45b). No habla de un Padre alejado del ser humano en los cielos; habla de un Padre-Dios que se hace manifiesto en la vida a través del Hijo que ha enviado y que se identifica con él. Es precisamente en la cotidianidad de la asamblea comunitaria donde se da la comunión en Jesús.

   
            

 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

 

  • Aceptar a Jesús y comulgar con él, no es tanto una cuestión de ideas, sino de relación. ¿Cómo anda esa relación en tu vida? ¿Qué significa tener fe a la luz de este pasaje?

 

  • “Todo el que escucha al padre y recibe su enseñanza me acepta a mí” ¿Cuándo te has dado cuenta de que Dios te enseñaba? ¿Te ha costado “aceptar a Jesús?

 

  • Aceptar a Jesús es vivir como él, que se entregó “para la vida del mundo” ¿Qué realidades de nuestro mundo están necesitando esa “vida” que Jesús  ofrece?

 

 

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