Domingo XVIII del Tiempo Ordinario ciclo B: " Mi Padre os da el verdadero pan del cielo " (Jn 6,24-35)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Éxodo 16,2-4.12-15
   “Voy a hacer llover del cielo pan para vosotros” 

       (Salmo  77)  “Le dio trigo de los cielos”

2ª Lectura:   Efesios 4,17.20-24
   
“Os revestís del hombre nuevo creado a imagen de Dios”

Evangelio:   Juan 6,24-35
 “El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo”



 


  PALABRA DE VIDA

 

               Con la marcha de Jesús al final del domingo pasado, el autor dejaba en suspenso el reconocimiento de la realeza de Jesús hasta la hora de la cruz. El texto de hoy restablece la comunicación de la gente con Jesús. La primera pregunta (¿cuándo has venido?) suena casi formal, una forma de iniciar la conversación. Inmediatamente Jesús centra el tema en los vs. 26-27 invitando a la gente a descubrir lo que quería evocar la acción milagrosa realizada el domingo pasado.

               La formulación del descubrimiento en términos laborales determina la siguiente pregunta de la gente. ¿Qué tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere? La gente pide a Jesús un aval, una garantía de lo que acaba de decir, a semejanza de lo que hizo Moisés con sus antepasados: ¿Qué signo nos ofreces tú? ¿Cuál es su trabajo? (vs. 30-31). Jesús responde afirmando que el sello de garantía del pan lo pone el Padre (vs. 32-33). Ante un pan que tiene un sello de garantía de tal categoría la gente no tiene más pregunta que una petición: danos siempre de ese pan (v. 34). Llegamos al momento culminante del diálogo: Yo soy el pan de vida. El que acude a mí no pasará hambre, el que cree en mí no tendrá nunca sed.

             A propósito de los diálogos del cuarto evangelio será conveniente recordar los criterios de composición que regían en la historiografía antigua. No se trata en ellos de una reproducción material de lo dicho por los personajes, sino de reconstrucciones hechas por el escritor buscando lo más verosímil de acuerdo con la naturaleza del personaje y de la situación.

            Refiriéndonos al diálogo de hoy, éste no reproduce palabras textuales de Jesús. Jesús no hablaba como en el cuarto evangelio; Jesús hablaba como aparece en Mateo, Marcos o Lucas, Juan pone en labios de Jesús no lo que Jesús dijo, sino lo que Jesús es; pan de vida, camino, verdad. Las palabras del Jesús de Juan son verbalizaciones de la naturaleza y del significado de Jesús. La verdad de esas palabras no hay que situarla en la forma reproductora sino en el fondo reproducido.

              La gente iba en busca de Jesús, pero en realidad no le buscaba a él, buscaba sus dones. Para aquella gente el enviado de Dios era la Ley escrita, interpretada por los maestros. Frente a esta concepción Juan afirmaba que el enviado de Dios es Jesús. Trabajar en lo que Dios quiere no es trabajar en conocer mejor la Ley, sino en conocer mejor a Jesús y en adherirse a él. El sello de garantía de Dios no lo tiene la Ley, lo tiene Jesús. Conocer y adherirse a Jesús en el supuesto anterior es haber encontrado el alimento que sacia el hambre y la bebida que apaga la sed.


                Los que escuchan a Jesús comprenden que éste se presenta como enviado de Dios y que pide fe en su persona como única y necesaria condición para alcanzar la vida eterna. Sin embargo, no les parece suficiente lo que ha hecho Jesús en el desierto, exigen milagros mayores para que crean en él. Mientras esto no suceda, ellos se atienen a las enseñanzas de Moisés, pues éste sí que dio pan del cielo.
   
            

 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

 

 

 

 

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

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