GLORIFICA AL SEÑOR, JERUSALÉN

 
Hoy, quisiera pediros en primer lugar que recéis por mi hija, que padece una grave enfermedad y es intervenida quirúrgicamente. Ella y yo sabemos la fuerza de la comunión de los Santos, necesitamos de vuestras oraciones y súplicas para que el Señor haga suya nuestra voluntad... “Que se haga tu voluntad y no la nuestra... Pero escúchanos, Señor, no nos deje con este desconsuelo, atiende nuestras plegarias, nuestros ruegos y oraciones bañadas en lágrimas. Tú eres todo poderoso y nada hay imposible para Ti. Concédenos lo que te pedimos. Amén”...
 
Estos días, en donde tanto inmigrante acuden a nuestras costas, arriesgando su vida en alta mar, huyendo de la pobreza y de las guerras que asolan sus países de procedencia, los cristianos tenemos que hacer examen de conciencia y pararnos a pensar lo que quiere Dios de nosotros, sus hijos... Pronto olvidamos lo que tanto predicamos. A la mayoría nos ocurre esto, y yo el primero. Somos rápidos en criticar y vilipendiar a aquellos que arriesgando sus vidas les ayudan desinteresadamente, rescatándolos del peligro que corren. Esos son hombres de buena voluntad, cristianos o no, pero que sin lugar a dudas ven a Cristo en esos ojos asustados ante las adversidades... y la voluntad de Dios está en ellos, no me cabe la menor duda.
 
“Dios grande, fuerte y terrible; no es parcial ni acepta soborno, hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al forastero,
 dándole pan y vestido... Amareis al forastero... temerás al Señor... Él será tu alabanza, tu Dios”... libro del Deuteronomio (10,12-22)
Glorificar al Señor y no tener caridad de aquellos que necesitan de nuestra misericordia: los enfermos, los hambrientos, los sedientos, los peregrinos, los desnudos, los presos, los difuntos; así como enseñar a los que no saben, aconsejar, corregir al que se equivoca, perdonar a los que nos ofenden, consolar a los afligidos, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar por nuestros hermanos y por el alma de aquellos que fallecen. Esto es lo que nos dice el Señor, “DAD Y SE OS DARÁ” (Lc 6:38), o “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia" (Mt.5, 7)
 
El Señor, quiere que su pueblo lo glorifique, quiere de sus alabanzas y de sus rezos, pero siempre que se anteponga la caridad y la misericordia con nuestros hermanos. El mensaje de la cruz es un mensaje esencialmente de amor, y sin él no tendría sentido el sacrificio del Hijo de Dios por nuestra redención y salvación. Es imposible amar a Dios sin amar a sus hijos. Es imposible sentirse cristiano y pasar de largo ante las necesidades y sufrimiento de los demás. Si el mundo viviera en la Palabra de Dios, sería un mundo mucho más justo, viviría en paz y sería más feliz
 
Reflexión de Diego Mestre Domínguez

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