Domingo IV de Adviento Ciclo C:“¡Dichosa tú, que has creído!”
(Lc 1,39-45)



 

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Miqueas 5,1-4

  “Belén Efrata…de ti sacaré al que ha de ser soberano de Israel”       

   Salmo : 79
  “Despierta tu poder y ven a salvarnos”

2ªLectura:     Hebreos 10,5-15

  “Al entrar en este mundo dice Cristo:…aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”

Evangelio:  Lucas 1,39-45
     “Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”



   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Este último domingo de Adviento, muy cercana la Navidad, nos pone a través de su Palabra en el escenario de los hechos. Iremos de la mano de los personajes que los protagonizarán, descubriéndonos el sentido de lo que celebraremos casi de inmediato. Así, Belén de Judá, María la creyente y Jesús se preparan para ofrecernos el gran misterio: Jesús que entra en este mundo dispuesto a hacer la voluntad de su Padre para que su salvación nos visite y se quede permanentemente con nosotros.
     En el texto de hoy, están los dos personajes del domingo pasado, aunque su presencia en escena no sea en primer plano. Juan el Bautista y Jesús son dos niños no nacidos, aún están en el vientre de sus madres y no pueden hablar, pero el encuentro entre las madres nos brindará una nueva ocasión para comprender mejor el papel de cada uno en la historia de la salvación.
    El pasaje forma parte de los “evangelios de la infancia”, donde se relatan los primeros episodios de la vida de Jesús. Se utiliza un género literario que resulta ser más catequético que biográfico e incluye narraciones en las que la luz de la fe pascual se proyecta sobre la figura del Niño. Así, el misterio que encierra su persona es presentado, desde el mismo momento de su concepción, a tenor de lo que la comunidad cristiana creía de él gracias a la resurrección.
    Nada más que recibir la noticia de su maternidad, María decide visitar a su prima Isabel, al haberse enterado de su embarazo a través del anuncio del ángel Gabriel. Se trata de un signo prodigioso, pues la imposibilidad de engendrar hijos ya era patente en Isabel, anciana y estéril. Por eso le ha presentado a María como “señal” del poder divino y garantía de que ella será también madre a pesar de su virginidad. La escena es Ain karim, una aldea de la montaña de Judea a pocos kilómetros de Jerusalén.
    El motivo de este viaje no lo dice explícitamente Lucas, aunque se puede suponer que se trata de un acto de solidaridad familiar de María. Hay ciertos detalles que nos hacen ir más allá de un mero acto solidario. Así, el evangelista dice que fue “deprisa a la montaña de Judá”, cosa que nos recuerda la prontitud de los pastores para ir a ver al Señor cuando les es anunciado su nacimiento. Es decir, se ha recibido una “señal” que está revelando una intervención de Dios. La rapidez de su respuesta nos está indicando la disponibilidad a colaborar con los planes de Dios. La que ha sido “visitada” por el Señor se apresura a transmitir la buena noticia que ha recibido. Siempre que Dios interviene provoca una acción misionera, contando siempre con la libertad y disponibilidad del sujeto. Tras la señal, “ya está de seis meses la que llamaban estéril”, María descubre la acción misionera concreta: ir a visitarla.
    El relato tiene un doble plano. En el primero, se da el encuentro entre las dos futuras madres. Para Lucas, la alegría es el sentimiento que embarga a los que experimentan la salvación de Dios. Por eso, la reacción provocada por el saludo de María, nos indica que se trata de algo más que una visita de cortesía. Se trata de la visita del mismo Dios encarnado en Jesús, como lo confirman las palabras de Isabel que, inspirada por el Espíritu Santo, reconoce que la criatura que María lleva en su vientre es “el Señor”. Si la bendice y felicita no es por el gesto de la visita, sino por ponerse al servicio de Dios, y por una maternidad fruto de su fe. Una fe que permite que los planes del todopoderoso puedan cumplirse.
    En el segundo de los planos del texto, aparecen los dos niños nonatos, verdaderos protagonistas de la escena, dejando claro el papel de cada uno. Así, los saltos de alegría del pequeño Juan suponen un reconocimiento prenatal de la condición mesiánica de Jesús y de su papel subordinado frente a él.
    Las madres anticipan la misión de sus respectivos hijos y la relación  que ambos mantendrán durante su vida pública: María como portadora de la Buena Notician de la salvación; Isabel proclamando la alegría por la llegada del Mesías y sintiéndose indigna de que la visite “la madre de su Señor”.
    María es figura imprescindible en el Adviento: es modelo de creyente, portadora de Buena Noticia, mensajera de alegría. Gracias a ella Jesús realizó su primer viaje misionero, y también gracias a ella nos ha visitado la salvación. Que, como ella, sepamos acoger esta Buena Noticia y esta salvación para comunicarla a los demás.

 
 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO  

  • ¿Sientes tú la alegría de ser creyente? ¿En qué aspecto la fe de María puede ser modelo para tu fe?
  • ¿En qué momentos de nuestra vida hemos experimentado la alegría de sentirnos visitados por el Señor?
  • “María se pudo en camino y fie deprisa a la montaña” ¿Qué nos enseña la disponibilidad de María a la hora de revisar nuestro compromiso cristiano? ¿Qué podemos hacer nosotros para que la salvación de Dios siga visitando y alegrando a quienes más lo necesitan?






















     

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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