Domingo I de Adviento Ciclo C:"Se acerca vuestra liberación"
(Lc 21,25-28.34-36)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Jeremías 33,14-16

  “En aquellos días suscitaré a David un descendiente legítimo”    

   Salmo : 24
  “Tú eres el Dios que nos salva”

2ªLectura:   1ª Tesalonicenses 3,12-4,2

  “Que cuando Jesús se manifieste… os encuentre fuerte e irreprochables”

Evangelio:  Lucas 21,25-25.34-36
   “Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube”



   

 

 

PALABRA DE VIDA

   Empezamos este tiempo de Adviento, destinado especialmente a la esperanza y a la vigilancia, con una llamada a comprometernos a acoger adecuadamente la salvación que viene. A pesar de los contratiempos de la historia, la salvación de Dios se acerca, tanto con la promesa de un rey justo (1ª lectura), como con el anuncio de la venida del Hijo del hombre (evangelio).
    A lo largo de este ciclo litúrgico, leeremos el evangelio de Lucas, conocido como el “evangelista de la ternura de Dios”. Al hablarnos de Jesús nos lo presenta con el rostro de la ternura y de la misericordia de Dios. Les escribe a una comunidad situada en Acaya, al sur de Grecia, surge de una situación de desesperanza, pues habían sido dominados y conquistados por los romanos, a la fuerza. Procedían del paganismo y estaban imbuidos de la cultura popular griega. La predicación cristiana, probablemente de la mano de Pablo de Tarso, les transmitió la esperanza. Por eso, Lucas no se va a cansar de exponerles que  Cristo es el único Señor de la vida., y que sólo de Él brotaba la misericordia que hacía de la existencia humana una realidad digna de ser vivida.
    El texto de hoy tiene dos partes bien diferenciada. En la primera se anuncia la venida del Hijo del hombre (vv.25-28), y en la segunda se exhorta a los discípulos a estar preparados para ella (vv.34-36). El pasaje hay que situarlo al final del ministerio público de Jesús, pronunciando estas palabras cuando se encuentra en Jerusalén enseñando en el templo. El texto forma parte del “discurso escatológico”, llamado así porque se refiere a los acontecimientos últimos que tendrán lugar al final de los tiempos.    
    Jesús habla en un lenguaje apocalíptico, género literario muy utilizado en aquella época, caracterizado por utilizar un simbolismo enigmático, cuyo significado está escondido y debe ser interpretado. Así, las “señales” mencionadas afectan a la totalidad de la creación: cielo, sol, luna, estrellas, tierra y mar. Es decir, es el universo entero el que se convulsiona. Lo que sucede en el cielo tiene su reflejo en la tierra. Así, la sacudida de las potencias del cielo hacen presentir el final de un orden injusto, de un mundo “viejo” que se encamina a su destrucción. Ante ello, se ha de sentir miedo, pero ya sabemos que la finalidad de la apocalíptica es despertar esperanza en medio de las tribulaciones, por eso anuncia la venida del “Hijo del hombre”. Este personaje, al que se le identifica con Jesús, vendrá como juez al final de los tiempos, según la descripción que hace el profeta Daniel. Lucas va a resaltar su condición celeste, mostrándolo bajando en una nube con gran poder y gloria.
    Este acontecimiento es presentado por Lucas como buena noticia, pues él ve a Jesús más como Salvador que como Juez, por eso dice que esa venida segunda o (parusía) supondrá la liberación definitiva. De este modo, las “señales” previas, que simbolizan los sufrimientos actuales, no deben angustiar a los creyentes, sino infundirles ánimo. Lo importante no es saber “cuándo”, pues eso es imposible, sino “cómo” hay que prepararse. Se trata de vivir el momento presente en vigilancia activa, pues la historia sigue su curso, según los designios de Dios, y los cristianos estamos llamados a dar testimonio de Jesús en medio de este mundo y sus dificultades. Es nuestro tiempo, es el tiempo de la Iglesia.
    Esperar al Señor no puede nunca estar relacionado con previsiones sobre el fin del mundo, sino vivir el presente con la lucidez y responsabilidad propia de los creyentes, sin alarmismos, por más convulsas que sean las sacudidas, pero tampoco en actitud conformista. Se trata de creer en un futuro de salvación y mantener viva la esperanza, pues esperamos la venida liberadora del Hijo del hombre.    


 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  • Esperar la venida liberadora de Cristo nos compromete a adelantar esta liberación ¿Cómo concretar ese compromiso en nuestra vida cotidiana?
  • ¿Qué realidades nos embotan el corazón y nos impiden vivir el presente con esa actitud vigilante que Jesús nos pide?
  • Estamos en Adviento, tiempo de esperanza. Aunque el panorama sea oscuro, ¿Cómo me ayudan las palabras “ánimo, alzad la cabeza se acerca vuestra liberación”, a mantenerme firme y vigilante?






















     

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