Domingo XXXI del Tiempo Ordinario Ciclo B:“El mandamiento más importante”
(Mc 12,28-34)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Deuteronomio 6,2-9

    “Escucha, Israel: amarás al Señor, tu Dios”    

   Salmo : 17
  “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza”

2ªLectura:    Hebreos 7,23-38

  “Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa”

Evangelio:  Marcos 12,28-34
   “¿Cuál es el mandamiento más importante?”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

     Las lecturas de hoy nos sitúan en el meollo de la espiritualidad bíblica. El evangelio exhorta a vivir desde lo esencial, que se resume en un amor indiviso a Dios y al prójimo. Al reconocer a Dios como único Señor, según prescribe el Deuteronomio, y tal como enseñaron los profetas respecto al amor al hermano, Jesús lleva a plenitud este mandamiento.  
     Jesús se ha revelado como el Mesías.  Esta revelación, por sus palabras y gestos, encontrará la oposición por parte de las autoridades judías, utilizando el descalificativo ante el pueblo para poner en duda su honorabilidad. Por eso hacen preguntas hostiles. A pesar de ello, destaca la actitud de un escriba que, lejos de pretender ridiculizar a Jesús con alguna trampa, desea contrastar con él su visión del mandamiento más importante de la ley.
    Después de la entrada mesiánica en Jerusalén, Marcos relata en su evangelio cinco disputas de Jesús con los grupos más representativos del judaísmo oficial, preparando así el proceso que le llevará a la muerte. El evangelio de hoy recoge uno de estos momentos que, lejos de ser una disputa, es un diálogo, pues el maestro de la ley no se presenta como un adversario de Jesús, sino como alguien empeñado en buscar lo esencial, el mandamiento principal.
    Los escribas o maestros de la ley eran hombres que habían dedicado muchos años al estudio de la ley de Moisés y, por tanto, eran consultados cuando surgía alguna duda acerca de la interpretación. Aunque los escribas debían tener a mano todas las respuestas, el evangelista Marcos nos presenta a uno que dudaba. La razón: que con el tiempo los mandamientos que Yavé entregó a Moisés para que ayudaran al pueblo a caminar en su presencia, se había multiplicado enormemente, de manera que era difícil distinguir entre lo esencial y lo secundario.
    Por eso la pregunta del experto en la ley de Israel no era una cuestión superflua, sino un tema de candente actualidad. Quería contrastar su visión con  la de aquel maestro y descubrir qué era lo más importante en la Torá. Jesús como respuesta le da el credo de Israel (Dt. 6,4-5 y Lv 19,18). El escriba corrobora lo dicho por Jesús aunando el amor a Dios y al prójimo. Y añade que este mandamiento tiene un valor superior al de los holocaustos y sacrificios. Es ésta una respuesta atrevida, porque relativiza el culto, se sitúa en la misma línea de pensamiento que los profetas del A.T (Is 1,11 ss; Os 6,6), y porque se hace eco de las críticas lanzadas contra el templo desde distintos ámbitos judíos de la época (Jesús también lo había sido. Ver Mc 11,15-18).
    Como el escriba parece estar de acuerdo con el mandamiento básico de amor a Dios y al prójimo, Jesús le dice: No estás lejos del Reino de Dios”. El amor es el mandamiento más importante para un judío y para un discípulo de Jesús. Pero hay un detalle en el pasaje que llama la atención: el maestro de la ley no se convierte en discípulo. Como judío reconoce y adopta los presupuestos de la doctrina de Jesús, pero esto no es suficiente para incorporarse al seguimiento. Le falta reconocer a Jesús como Señor, como alguien  mayor que David (Mc 12,35-37) cuyo origen está en Dios. Ser cristianos no es sólo semejanzas o diferencias en la doctrina; es cuestión en primer lugar de adherirse a la persona de Jesús. El Maestro y el escriba están de acuerdo en la unión de todos los mandamientos en uno solo y ni siquiera les distingue la crítica al culto. Lo que hace singular a Jesús y a sus seguidores no es sólo tener clara la unión de ambos mandamientos en uno, sino la manifestación suprema de ese amor a Dios y al prójimo, que puede implicar incluso la entrega de la propia vida. En este año de la Fe es algo que deberíamos poner como meta para testimoniar una fe más auténtica, creíble y sin montajes ideológicos sean del signo que sean. No cabe duda de que el amor es la norma suprema del cristiano, hasta el punto de que todo lo demás, incluso el culto que ofrecemos a Dios, carece de valor si no expresa amor a Dios y al hermano.
 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  • Este pasaje ofrece el rostro de un Jesús que llena de admiración, pero que también cuestiona nuestra fe, a veces, a cumplir normas más que contrastarse con el evangelio. ¿Cómo ayuda este pasaje a profundizar en tu relación Jesucristo? ¿Qué te enseña sobre él?
  • ¿Qué consecuencias personales y sociales tiene para tu vida el diálogo entre Jesús y el escriba?
  • ¿Qué leyes, normas, costumbres…has colocado en tu vida por encima del amor? ¿Qué puede ayudarte a poner como norma suprema un amor como el de Jesús?






















     

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