Domingo XXII del Tiempo Ordinario Ciclo B:Dejáis a un lado los mandamientos de Dios (Mc 7,1-8.14-15.21-23)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Deuteronomio 4,1-2.6-8

  “Escucha las leyes y preceptos que os enseño a practicar”                       

   Salmo :14
  “Señor, ¿Quién puede hospedarse en tu tienda?”

2ªLectura:    Santiago 1,17-18.21—22.27

  “Poned en práctica la Palabra”

Evangelio:  Marcos 7,1-8.14-15.21-23
   
“Lo que sale de dentro es lo que contamina al hombre”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

 



 

   

         

    


     Tras un período de 5 semanas leyendo el evangelio de Juan, volvemos al de Marcos. De nuevo nos encontramos con Jesús, acompañado por la gente junto a sus discípulos, y enfrentado a los fariseos y maestros de la ley.  Hay dos escenarios y dos destinatarios para la enseñanza de Jesús en el evangelio de hoy. Por un lado, la polémica con los adversarios se da en terreno público y termina con una enseñanza dirigida a la gente (Mc 7,1-15), y la enseñanza a los discípulos se desarrolla en privado (Mc 7,17-23).
     Los fariseos buscan el pretexto para la discusión en el comportamiento de los discípulos. Jesús les ha enseñado a distinguir entre lo esencial y lo accesorio, entre el fin en sí mismo, y los medios para conseguirlo. Lo ha hecho saltándose ciertos preceptos de la ley que, lejos de liberar, esclavizaban y excluían a muchos de la vida social y religiosa (Mc 2,13-17).
     Se trata de una discusión entre lo impuro-puro, es decir, entre lo que inhabilita al hombre para el encuentro con Dios (impuro), y lo que lo posibilita. Así, quienes hacen algo impuro, comer sin lavarse las manos, están lejos de Dios y excluidos del pueblo de Israel. La pregunta de los fariseos, “porqué tus discípulos comen sin lavarse las manos”, origina una respuesta de Jesús que se desarrolla en tres momentos.
    En un primer momento Jesús se dirige a los fariseos y maestros de la ley, y su respuesta es dura. En continuidad con la tradición profética cita un  texto de Isaías “Este pueblo de honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. En vano me dan culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos” (Cf. Is 29,13). Es respuesta astuta, devolviéndoles un argumento que sus adversarios siempre usan: el Antiguo Testamento.
    En un segundo momento, Jesús se dirige a la gente en un tono muy diferente (Mc 7,14-16). Les hace una exhortación a escuchar y entender bien. No hace alusión a las Escrituras, como lo hizo antes con los fariseos, sino que utiliza razones de sentido común para apoyar sus enseñanzas. Así, la primera de ellas declara puros todos los alimentos y la segunda subraya que la relación con Dios se da en el interior de cada persona. Así, el fin, lo inmutable e irrenunciable, es el encuentro con Dios, en el interior, y un medio que puede ayudar a ello, por tanto no esencial y que se puede cambiar u obviar, es el rito purificatorio del lavatorio de las manos.
    Entre la segunda y la última parte, Jesús habla con sus discípulos, los auténticos destinatarios de su enseñanza (Mc7,17-23). El lugar escogido es la casa, que en Marcos es el espacio preferido para instruirlos. Ante la pregunta de los discípulos que no han entendido, Jesús, extrañándose de su incomprensión, les da claras explicaciones, como antes hizo con la gente (esta parte es omitida en el texto litúrgico, por lo que se recomienda leerlo en la Biblia)
    En la tercera parte Jesús da una enseñanza para todos, discípulos y gente u oyentes en general. Según la mentalidad bíblica, el corazón es ese centro en el que se forja lo que la persona es y, por tanto, puede llegar a hacer. Es en el corazón donde está la verdadera fuente de la pureza e impureza para el ser humano, pues en él anidan todas las actitudes que pueden dañarle a él y a los demás, o pueden beneficiar o ayudar a él o a los demás.

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  • “Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está lejos de mi” ¿Te sientes aludido por esta crítica profética?¿Cómo te hace relación sobre tu relación con Dios?
  • En mi proceso de fe ¿valoro más la conversión del corazón, o la seguridad que me proporciona el cumplimiento de costumbres y tradiciones?
  • ¿Qué tenemos que purificar en nuestro interior, corazón, para que en él aniden y salgan al exterior sentimientos y actitudes que nos dañen ni dañen a nadie?
























     

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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