Domingo XVII del Tiempo Ordinario Ciclo B: “Comieron todos hasta quedar saciados” (Jn 6,1-15)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: 2 Reyes 4,42-44

  “Comerán y sobrará”                       

   Salmo :144
  “Abres tú la mano y sacias de favores a todo ser viviente”

2ªLectura:   Efesios 4,1-6

  “Os ruego que andéis como corresponde a la vocación a la que habéis sido llamados”

Evangelio:  Juan 6,1-15
  
“Tomó los panes y…los distribuyó entre todos”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

 



 

   

         

    


           A partir de este domingo dejamos el evangelio de Marcos para escuchar el capítulo 6 del evangelio de Juan, donde se realiza una estupenda reflexión sobre el misterio de Cristo–Pan de Vida, que se encarna en la historia, ofrece su vida por la salvación de la humanidad y se hace presente en medio de la comunidad cristiana en el pan de la eucaristía. De este modo se funden admirablemente la meditación eucarística y la reflexión cristológica, el misterio de la encarnación (el pan de Dios que baja del cielo) y el misterio de la redención (el pan que da la vida al mundo).La acción del Señor, por tanto, tiene un valor simbólico que nos invita a descubrir algo más. Se revela el misterio de la gloria de Jesús. A través del hecho exterior estamos invitados a captar un mensaje y una verdad más profunda. El “signo” se vuelve anuncio y catequesis del misterio de Cristo “pan de vida”.
            El evangelio relata el “signo” que Jesús realiza en favor del pueblo extenuado de hambre. El texto sitúa cronológicamente  el momento: “estaba próxima la fiesta judía de la pascua” (v. 4). Con ello se pone en relación con la pascua el gesto de Jesús. Los elementos comunes serían: Jesús, igual que Moisés, ha atravesado “el mar” (cf. Ex 14,1-31) y estaba con el pueblo en “la montaña” (cf. Ex 19,20.24) (v. 3). Así, todo hace pensar que la acción realizada por Jesús revela un misterio de liberación, al estilo de la antigua pascua hebrea. El simbolismo de la montaña se puede explotar aún más. La montaña es el lugar en donde se dio la Ley a Israel (Ex 19) y también el espacio sagrado en donde Dios preparará el banquete mesiánico para todos los pueblos (Is 25,6-10). Ahora es Jesús, en la montaña, el que prepara el banquete mesiánico, presentándose a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo.
          Jesús al “ver” que mucha gente acudía a él, toma la iniciativa de darles de comer, preguntándole a Felipe: “¿dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?” (v. 5). El relato presenta ante todo a Jesús como donante generoso ante la multitud; su gesto, gratuito, depende de la mirada dirigida sobre ella. Al preguntarle Jesús a Felipe en el v. 5 (“¿dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?”), pone de manifiesto la imposibilidad del hombre para procurarse el “verdadero” pan. Jesús espera la reacción de Felipe, el cual no capta la dimensión metafórica de la pregunta de Jesús y le responde haciéndole notar que tienen muy poco dinero para comprar alimento para tanta gente (v. 7).
          En el diálogo entre Jesús y Felipe, se añade que Jesús “sabía lo que iba a hacer” (v. 6), refiriéndose a algo más que a un simple milagro. Para que toda aquella gente tenga vida, Jesús dará mucho más que unos panes que sacian materialmente. Les ofrecerá las palabras que ha oído del Padre, y su propia persona a través de la muerte. La intervención de Andrés, al igual que la de Felipe, quieren poner de manifiesto la grandiosidad del signo y la impotencia humana (v. 8).
          Jesús ordena que todos se sienten, es decir, los invita a la mesa que él mismo va a servir. Jesús dona el alimento y preside aquella comida en común. Los gestos de Jesús nos recuerda los de la última cena: toma los panes, da gracias a Dios y los distribuye; el mismo reparte el pan, él es el que da de comer a la multitud, indicando que el pan distribuido representa a Jesús que dona su vida para la salvación de la humanidad. Se ordena que recoger los restos sobrantes para que nada se pierda (v. 12), pues aquel alimento significa también la incorruptibilidad del don de Dios y de la vida donada por Jesús a los hombres Al final Jesús es aclamado por la gente como el profeta que debía venir al mundo, semejante a Moisés (v. 14). Quieren tomarlo para hacerlo rey, pero Jesús huye sólo a la montaña. Y aquí aparece el signo de la cruz: Jesús, al final, está sólo en lo alto, un espacio que representa el mundo de Dios. Jesús recibe gloria sólo del Padre, no de los hombres.

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  • En el signo hecho por Jesús se revela algo de su identidad. ¿Qué aspectos de su ministerio personal entiendo mejor al releer este evangelio?
  • El Señor nos sigue hablando a través de signos ¿descubro su mensaje a través de los signos de los tiempos?
  • Jesús descubre la necesidad de la gente, y les da una respuesta ¿Cómo me ayuda el texto a descubrir nuestro compromiso cristiano en medio de un mundo tan desigual, donde se dan auténticas situaciones de indignidad? ¿Pongo al servicio de los demás lo “poco” que soy y tengo?
























     

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