Domingo XIII del Tiempo Ordinario Ciclo B: “Jesús es el Señor de la vida”
(Mc 5,21-43)

 

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Sabiduría 1,13-15;2,23-25

  “Lo creó para la inmortalidad”                        

   Salmo : 29
  “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”

2ªLectura:  2ª Corintios 8,7.9.13-15

  “Conocéis la generosidad de Jesucristo”

Evangelio:  Marcos 5,21-43
  
“Contigo hablo, niña, levántate”


   

 

 

PALABRA DE VIDA

 



 

   

         

    


       Existe un tema de convergencia en las lecturas de hoy: Dios amigo de la vida. Es el Dios de la inmortalidad, el que llama a compartir la fe y bienes materiales, y el Dios que se ha mostrado Señor de la vida en Jesucristo. Acogerle llena nuestra existencia.
      El domingo pasado Jesús recriminaba a sus discípulos la falta de fe “¿Todavía no tenéis fe?”. En el evangelio de hoy Jesús obtiene esa respuesta de fe que los discípulos no supieron darle, a través de dos personales: una mujer y el uno de los dirigentes de una sinagoga judía. Es precisamente esa fe la que posibilita que Jesús se manifieste como Señor de la vida y de la muerte.
      En el evangelio de Marcos que leemos estos domingos, se está presentando quién es Jesús, y se hace a través de los milagros. En el de hoy se dan tres partes, para expresar el dominio de Señor sobre la vida y la muerte. No son partes independientes, sino que cada una de ellas guarda relación con las otras. Así, en la primera, Jairo suplica a Jesús por su hija, mientras va de camino cura a la hemorroisa, para terminar resucitando (reviviendo) a la hija de Jairo. Pretende no sólo mostrar el poder de Jesús, sino también remarcar la actitud que deben tener los discípulos: la fe.
     La confianza en Dios es la columna vertebral sobre la que está montado el pasaje de hoy. La fe que Jesús pide al jefe de la Sinagoga es la que muestra la hemorroisa, superando los obstáculos levantados por las costumbres sociales y las prescripciones religiosas de la época. El evangelio de hoy enlaza con el del domingo pasado porque la fe que Jesús exige en estos pasajes contrasta con el asombro que experimentaron los discípulos en el relato de la tempestad calmada.
     Los dos relatos reflejan la mentalidad judía que dividía el mundo en dos ámbitos: el sagrado y el profano. Así, lo sagrado era el espacio de Dios,  lo santo y puro. Lo profano estaba alejado de Dios,. era lo impuro, lo pecador (Lv 11,44-45). Poco a poco se fueron estableciendo normas para proteger lo puro de lo contaminado, unas “reglas de pureza” que afectaban a todos los ámbitos de la vida. Se consideraba que el contagio de la impureza se transmitía por contacto, de hay que existieran personas consideradas “intocables”, gente a la que no se le podía tocar ni de la que uno se podía dejar tocar. Esto provocaba la consiguiente marginación a tres grupos de personas: las mujeres con la menstruación (Lv 15,25-27), cadáveres (Nm 19,11) y leprosos (Lv 13,45-46).  
     Los personajes destinatarios del milagro del evangelio de hoy son dos mujeres, sin nombre, a las que les falta la vida. A la mujer judía, con una hemorragia o menstruación que duraba unos 12 años, se le estaba escapando su realización como madre, estaba condenada a la esterilidad y, por tanto a malvivir. Además, era marginada al ser considerada impura (Lv 15,25-27). La otra, la hija de Jairo, estaba en edad de desposase y generar vida, había muerto, convirtiéndose por tanto en intocable también.  El protagonista en ambos casos es Jesús, Señor de la vida y de la muerte, que inaugura un tiempo de plenitud vital que se alcanza por la fe.
     Se impone el silencio mesiánico, tan característico de Marcos, a los testigos de estas curaciones. La razón de este silencio es bien sencilla: evitar el triunfalismo y que a Jesús se le acepte por lo que es, el Mesías que además va a padecer muerte escandalosa. Este silencio prevalecerá hasta que se tenga la experiencia del resucitado, la cual nos convertirá en testigos del Señor de la vida.

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •   La hemorroísa contaba con una fe decidida y valiente; el jefe de la sinagoga tenía una fe probada en la tribulación. Los discípulos no alcanzan la hondura de la fe. ¿Con qué personaje te identificas? ¿A qué me invita cada uno de ellos?
  • El contacto con Jesús sana y libera a los “intocables” de su tiempo. ¿Quiénes son los marginados de nuestra sociedad? ¿Cómo podemos transmitirles vida, dignidad, integración?
  • ¿Por donde se me escapa la vida? ¿Qué puedo hacer?




















     

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