Domingo de la Ascensión del Señor Ciclo B: "Id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia" (Mc 16,15-20)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Hechos 1,1-11

  “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo…y seréis mis testigos”                           

   Salmo : 46
  “Dios asciende entre aclamaciones”

2ªLectura:   Efesios 1,17-23

  “Para que conozcáis las esperanza a la que habéis sido llamados”

Evangelio:  Mc 16,15-20
  “Ellos salieron a predicar por todas partes”

   

 

 

PALABRA DE VIDA

     “¿Qué hacéis ahí mirando el cielo?”    (Hc 1,11) va a marcar el sentido de la solemnidad de hoy.  No podemos estar de manera pasiva esperando la “solución desde el cielo”, ni vivir del recuerdo nostálgico de Jesús, de su vida, mensaje, experiencias junto a él. Es la hora de la misión y del compromiso de la Iglesia, y esto es una exigencia para nosotros.
    La Ascensión de Jesús se nos presenta hoy en dos versiones, la del libro de los hechos (1ª lectura) y la del evangelio de Marcos (Mc 16,15-20). La Ascensión es, para Jesús, la plenitud de la Resurrección. El lenguaje con el que es presentado, subir al cielo, estar sentado a la derecha del Padre, nunca se ha de interpretar con categorías espacio-temporales, pues es una forma de expresar que Jesús ha culminado su tarea en este mundo, se coloca para siempre junto al Padre, e inaugura un nuevo modo de presencia entre los suyos. Para nosotros, sus discípulos, la Ascensión es en primer lugar buena noticia porque nos ayuda a comprender “la esperanza a la que henos sido llamados”, y en segundo lugar un compromiso porque nos empuja a ser testigos de esta Buena Noticia.
         El texto está dividido en dos claras escenas. En la primera de ellas, (Mc 16,14-18), Jesús resucitado se aparece a sus discípulos haciéndoles un encargo: predicar el evangelio. Su lenguaje revela la característica de universalidad de esta misión y. a la vez, menciona los signos que acompañaran a los crean. Dichos signos son expresiones de experiencias de los primeros cristianos, razón por la que se utilizan términos extraños y ajenos a nuestra mentalidad, siendo necesario una “traducción”. Todos ellos están indicando un signo de vida y liberación que nos recuerdan la coherencia necesaria que ha de existir entre lo que se anuncia y lo que se hace.
      La segunda escena (Mc 16,19-20) narra directamente la ascensión de Jesús. Superando las categorías espacio-temporales del texto (arriba-abajo),  porque Jesús Resucitado ya no ocupa un lugar físico ni se encuentra en ninguna de las dimensiones para nosotros conocidas, descubriremos los que el evangelista nos intenta transmitir: que Jesús ya vive la misma vida de Dios. No importa que utilice una simbología propia del lenguaje religioso de la época.
      Donde realmente va a poner el acento el evangelista, no va a ser en la descripción de la Ascensión,  sin o en el hecho de que los discípulos cumplieran la misión encomendada por Jesús. Ellos cumplen, “salieron a predicar por todas partes”, y el Señor estará siempre presente, “el Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaban”. Con ello se quiere significar que, a pesar de la partida en su Ascensión, Jesús no se ha desentendido de los suyos y de la tarea que les encomendó: el Resucitado sigue asistiendo a los suyos, y seguirá a través de todos los tiempos y épocas de la historia.
     El evangelio de la Ascensión posee un fuerte acento misionero. Así, sabiendo ya lo que significó para Jesús, y para sus discípulos la Ascensión,  debemos centrarnos en descubrir qué significa para nosotros y a qué nos compromete. El carácter universal de la misión, me indica que han desaparecido las barreras de los pueblos y Jesús resucitado es el Señor de toda la tierra. Jesús manda a los suyos con un mensaje sin distinción de personas, que ofrece a los hombres una doble opción: creer, ser bautizado y salvarse, o no creer y ser condenado (v. 15). El mensaje evangélico no se impone, y cada uno tendrá que decidir. El Resucitado, el Señor de la vida y de la muerte, está con nosotros y camina con nosotros hasta el fin de los tiempos.



 

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •   La Ascensión implica, según se ha dicho, un encargo misionero. ¿Me siento comprometido e interpelado por este encargo?
  • “A los que crean les acompañarán estos signos…” ¿Cómo traducirlos hoy? ¿Qué signos liberadores espera la gente de los creyentes?
  • “El Señor cooperaba con ellos, confirmando la palabra con las señales que la acompañaba” ¿Cómo te anima esta afirmación para seguir trabajando como testigo del Reino?



















     

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