Domingo VI de Pascua Ciclo B: "Permaneced en mi amor" (Jn 15,9-17)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Hechos 10,25-25.34-35.44-48

  “Dios no hace distinción de personas”                         

   Salmo : 97
  “Ha recordado su amor y fidelidad hacia Israel”

2ªLectura:  1 Juan 4,7-10

  “Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”

Evangelio:  Juan 15,9-17
   
  “Mi mandamiento es éste: amaos unos a otros como yo os he amado”

   

 

 

PALABRA DE VIDA

     La Palabra de este domingo es una invitación a profundizar  en la comprensión del misterio del amor.  En Primer lugar, se trata de un amor de Dios para todos, universal,, que no hace acepción de personas (primera lectura). En segundo lugar está la definición clásica de Dios al afirmarse que “Dios es amor” (2ª lectura). Y, por último, Jesús invita a permanecer en su amor y a  hacer extensible esta experiencia amorosa de Dios, invitándonos en el evangelio a amarnos unos a otros como él nos ha amado. Este amor teologal del que habla la Palabra de hoy, nos invita a profundizar en el misterio de Dios amor.
    El término “permanecer” aparecía en el evangelio del domingo pasado, donde Jesús nos invitaba a permanecer unidos a él como los sarmientos a la vid. Hoy dando un paso más, concreta en lo que esa permanencia significa: la unión entre Jesús y el creyente, semejante a la existente entre el Padre y el Hijo, es una comunión fundamentada en el amor, y se debe expresar en el cumplimiento del mandamiento nuevo. Y, por concretar más, a esta relación la llama “amistad”, siendo a su vez, fuente de alegría y buenos frutos.
    Juan, en este pasaje del evangelio, va esbozando diversos temas, lo cual nos puede llevar a una dispersión. Su finalidad es la de descubrir y mostrar los rasgos genuinos del verdadero discípulo. Hay dos esenciales: “permanecer unidos a Jesús”, y “dar fruto”.  Para conseguir la permanencia, es necesario hacerlo en su amor: “permaneced en mi amor”. Se trata de un amor especial, con un recorrido concreto: comienza en Dios y, a través de Jesús, llega a los discípulos, que son amados en la misma medida en que Él es amado por el Padre. Jesús quiere  hacernos partícipes de sus mismas motivaciones y experiencias de amor y obediencia que le ha vinculado tan íntimamente con el Padre. Por eso pide el cumplimiento de sus mandamientos, y que se condensa en uno: el amor.
    Este amor es dinámico, prolonga esa corriente de amor dado por él y por el Padre, de ahí que pida un amor semejante al dado por él: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Esta compenetración que Jesús quiere establecer con sus discípulos, les proporciona una estrecha comunión con Dios, impulsándoles a extender el mismo amor que han recibido de manera gratuita. A esta relación la llama “amistad”. La confidencialidad y cercanía, característica de toda amistad, hace al discípulo situarse por encima de otros modos de relacionarse, como el mercantil o laboral (siervos), donde toda relación se acaba tras el cumplimiento del contrato o al finalizar la obra. De este modo, les ha revelado todo el designio del Padre sobre el hombre y sobre el mundo (v. 15: “todo lo que oído a mi Padre os lo he dado a conocer”), y porque su amor precede a la decisión de cada uno (v. 16: “no me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido...”).
    La conciencia de la gratuidad amorosa de la elección de parte de Jesús,  ayudará al discípulo a liberarse de la autosuficiencia y del desaliento. La llamada gratuita e inmerecida,   pues su amor da la seguridad de la presencia y del auxilio del Maestro en la misión de dar frutos de amor para el mundo (v. 16: “os he destinado parar que vayáis y deis fruto”). La existencia cristiana, como la vida misma de Jesús, no es sólo gratuidad o comunión, sino un misterio que se extiende y difunde a todos los hombres.            



 

   

         

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO   

  •   ¿Qué es para mi “permanecer en su amor”?
  • ¿Me muevo como consecuencia de ser y sentirme amado por Dios, o mi acción en la Iglesia la pongo para “agradar” a Dios?
  • Mi compromiso cristiano, ¿está motivado por las palabras “amaos unos a otros como yo os he amado”?
  • Orar es “hablar de amistad con quien sabemos que nos ama”(Dios), como decía Santa Teresa. Jesús me llama amigo, ¿me invita este calificativo a potenciar esta “amistad” en la oración, en la escucha de la Palabra, o en cualquier celebración?



















     

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