Domingo II del Tiempo Ordinario Ciclo B: “Venid y lo veréis” (Jn 1,35-42)
    
 

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: 1 Samuel 3,3-10.19

   “Habla, Señor, que tu siervo escucha”       

   Salmo :  39
   “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”

2ªLectura:   1º Corintios 6,13-15.17-20

  “Vuestros cuerpos son miembros de Cristo”

Evangelio:  Juan 1,35-42
   
 
  “Venid y lo veréis”

 

 

PALABRA DE VIDA

          Las lecturas de este domingo  hablan de seguimiento, al que precede una llamada: Dios a Samuel, y Jesús a sus discípulos. Todo seguimiento tiene dos características propias, como son la cercanía y el movimiento.  Para ello será necesario haber oído y haber visto, es decir, el testimonio de alguien, Juan Bautista, y la experiencia o encuentro personal, “fueron donde vivía y se quedaron con él”.
        El texto que hoy leemos pertenece al “prólogo narrativo” del evangelio de Juan (Jn 1,19-2,11), donde se presenta el proceso de fe de los discípulos. Dicho proceso comienza con el testimonio de Juan y termina con la manifestación de la gloria de Jesús, razón por la que sus discípulos creen en él. “Manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él” (Jn 2,11).
        Se trata de un relato de vocación, destacando en el mismo los verbos “ver” y “oir” por su estrecha relación. El Bautista, vocacionado a precursor, ya había oído cómo reconocer a Jesús (Jn 1,33), lo vió y lo anunció a otros. Los discípulos oyen “Éste es el Cordero de Dios”, lo siguen y “ven” dónde vive, es decir, descubren su estilo de vida. Algo parecido ocurre con Pedro, pero esta vez después de “oir” el testimonio de su hermano Andrés.
        Es significativo que Pedro nos lo muestre el texto tan callado, sabiendo siempre que en otros pasajes del N.T aparece como hombre inquieto y de iniciativas. En esta ocasión, es su hermano Andrés quien va a actuar de mediador entre él y Jesús, pues venía de una experiencia personal y honda con Jesús. Pedro la va a tener ahora, no sólo por la presentación, sino porque es llamado por su nombre, cosa que no le deja indiferente. El hecho de ser llamado por su nombre, está indicando la manera peculiar de encuentro con Jesús, buen pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre.
        El título con el que es presentado Jesús, el “Cordero de Dios”, recuerdo del rito central de la pascua judía, transportará al oyente a una certeza de fe: Jesús realiza en él mismo la Nueva Pascua y en él Dios concede la plenitud del perdón. También es llamado “Maestro” y “Cristo” (ungido, consagrado), títulos distintos para llamar al Mesías de Israel.
      Nosotros hemos podido tener la misma experiencia de los discípulos que aparecen en el texto. Todos hemos conocidos a testigos que nos mostraron, por diversos medios, al Cordero de Dios, al Mesías. Y ahora nos toca a nosotros seguirle para ver dónde vive y quedarnos con él. Esto no es un proceso estático, sino dinámico, dándose en infinidad de ocasiones este movimiento a lo largo de nuestra vida. No se trata de una llamada un día y nada más, sino de una sucesión de llamadas, de encuentros y de respuestas por nuestra parte. Lo importante es ir creciendo y, a la vez, convertirnos en testigos de nuestra propia experiencia: que Jesús nos ha llamado por nuestro nombre y decidimos seguirle. El único camino es el encuentro personal con El, en la oración, en los sacramentos, en la propia vida. ¿Cómo seguirle, si no le conocemos? ¿Cómo anunciarlo, si desconocemos su rostro? ¿Cómo adherirnos a El ,eso es la fe, si no estamos cerca?
      Esta aventura nos sitúa en un orden distinto. Hasta ahora vivíamos en una apacible normalidad, sin interpelación llamativa. Ahora, tras la lectura del texto, se nos ha llamado por nuestro nombre y se nos ha invitado a ir y ver dónde vive Jesús, es decir, cuál es su estilo de vida. ¡¡¡Nos toca responder!!!

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • Nos sentimos interpelados por Jesús y, como a los discípulos del evangelio, nos pregunta: ¿Qué buscáis?
  • Los discípulos fueron y vieron. ¿Cuántos momentos dedico a “ver”, a estar descubriendo el rostro de Jesús, a indagar cuál es su estilo de vida?
  • ¿Cómo soy testigo para los demás de Jesús? ¿A quiénes le anuncio? ¿Qué imagen transmito de Él?








     

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