Bautismo del Señor Ciclo B: "Tú eres mi Hijo amado"
(Mc  1,6-11)     
 

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Isaías 55,1-11

   “Acudid por agua; escuchadme y viviréis”.      

   Salmo :  Isaías 12,2-6
   “Sacaréis aguas con gozo…”

2ªLectura:   1 Juan 5,1-9

  “El Espíritu, el agua y la sangre”

Evangelio: Marcos 1,6-11
   
 
  “Fue bautizado por Juan en el Jordán”

 

 

PALABRA DE VIDA

          El texto del evangelio presenta dos momentos. En el primero de ellos, vv 6 al 8, se presenta el estilo de vida de Juan, austero en el vestir y en el alimento, y de su predicación. En el segundo se narra el bautismo del propio Jesús. Es la primera vez que aparece en el evangelio de Marcos. Pero él no habla, Marcos prefiere que otros den testimonio de él, en concreto Juan y la voz del cielo.
          El significado del bautismo de Juan era mostrar el arrepentimiento y deseos de conversión. De este modo, los habitantes de la región de Judea y de Jerusalén acudían a él, reconocían sus pecados y eran buatizados. Estamos ante un símbolo, en el sentido de que aquellas aguas no perdonaban los pecados, pero quienes se sumergían sí se comprometían a llevar una vida nueva, pues se hundían en las aguas de la muerte y salían a una vida nueva. Jesús lo hace porque está convencido de que a partir de ahora tienen que llevar una vida nueva, la pública, la de la  predicación, entrega y cumplimiento de la voluntad del Padre. Por fidelidad a esta vida, con todos sus componentes, será condenado y crucificado.
               
          Jesús no necesita conversión, como lo indica Juan al proclamarlo el “fuerte”, ante quien es indigno incluso de desatarle las sandalias. Todo el texto está orientado a presentar a Jesús y destacar su dignidad. Por eso Juan se empequeñece para ensalzarle. El es el precursor, e incluso su bautismo es insignificante, pues él bautiza en “agua” (símbolo de purificación y de penitencia ante el juicio, mientras que el de Jesús es en el “Espíritu” (tiempo de gracia, de experiencia del Espíritu).
          En bautismo de Jesús, en sí mismo, va a ser un momento privilegiado de  manifestación en el que se revela quien es Jesús. El hecho de que se abra el cielo, descienda el Espíritu y se escuche una voz, indica que la presencia de Dios se ve y se oye. Desde antiguo, a los profetas Dios le concedía el Espíritu al encomendarles una misión, e igualmente les dirigía la palabra, pero a ninguno de ellos llamó jamás hijo suyo. Así, la llamada que Dios le hace a Jesús y la efusión sobre él del Espíritu, constituirá el punto de partida de su ministerio.
          Cuando le llama “Hijo en quien me complazco”, le indica cuál es su misión: hacer la voluntad del Padre. A partir de ahí, Jesús comienza su etapa vital más atrayente y apasionada: servicio al Reino.  Pero antes, con su bautismo, y lo que en el relato se narra, se nos comunica que tenemos acceso abierto para comunicarnos con Dios, que es Padre y que vive en el cielo. También nos recuerda nuestro propio bautismo y su sentido, pues en él Dios nos hizo hijos suyos, nos permitió una nueva relación con él, de cercanía y cariño, encomendándonos a la vez una misión, como a Jesús.                                                                                                                                                                                                                                 

          Tenemos el Espíritu, la triple misión de Cristo, de sacerdotes, profetas y reyes desde el día que nos ungieron con el Crisma sagrado. Si no queremos que esa consagración que un día recibimos se convierta en un rito que otros,  nuestros padres, abuelos y amigos, vivieron por nosotros, es necesario que actuemos:
    -Como sacerdotes, con capacidad para relacionarnos directamente con Dios.
    -Como profetas,  denunciando en nombre de Dios todo mal e injusticia, y anunciando a la vez la Buena Nueva.
    -Como reyes, con capacidad para extender el Reino de Dios.
    Todo ello lo podemos renovar hoy, tomando conciencia de nuestra mayoría de edad en la fe. Ya no son nuestros padres y padrinos quienes prometen, ahora somos nosotros quienes nos comprometemos a seguir a Jesús, hasta el final y sus últimas consecuencias.

 

    


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  •  La Trinidad: la voz del cielo (Padre), el Hijo, y el Espíritu aparecen actuando en este pasaje. ¿Cómo experimento en mi vida de bautizado ese baño trinitario? ¿Siento que Dios me llama y habla?  ¿Veo el cielo abierto y bajar el Espíritu sobre mí? ¿Siento que soy el hijo en quien el padre se complace por cumplir su voluntad?
  • “El os bautizará con Espíritu” ¿Me mueve el Espíritu que recibí en mi bautismo a vivir con certeza y esperanza mi tiempo e historia como definitivos?
  • Hemos sido bautizados en agua y en Espíritu. ¿Vivo y estoy yo, después de leer este texto, al servicio del Reino?






     

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