Domingo de la Sagrada Familia Ciclo B: "Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él" (Lc 2,22-40)

 

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Génesis 15,1-6;21,1-3

   “Así será tu descendencia”   

   Salmo  104
   “El Señor; nuestro Dios, se acuerda de su alianza      eternamente”

2ªLectura:  Hebreos11,8.11-12.17-19

  “Se fió del que se lo había prometido”

Evangelio:   Lucas 2,22-40
   
 
 “Mis ojos han visto a tu salvador”

 

 

PALABRA DE VIDA

     La fe y la descendencia son los dos grandes temas de las lecturas de este domingo de la Sagrada Familia. Dios hace promesa a Abrahán de una gran descendencia, y su respuesta es creer en la Palabra del Señor. Esta actitud es ponderada en la Carta a los Hebreos, recordándolo como el hombre de fe que supo abandonarse a Dios sin excepción alguna. La promesa de Dios a Abrahán encuentra su pleno cumplimiento en Jesús, y ante él los ancianos Simeón y Ana confiesan su fe. María y José son ejemplo de la confianza que se hace admiración y escucha de la voluntad de Dios. Por eso, son modelos de fe para todas la familias cristianas.
     La escena del evangelio representa el momento en el que Jesús es presentado en el templo para cumplir lo prescrito por la ley. Es precisa ente allí, y por dos personajes que pertenecen al Antiguo Testamento, lo van a reconocer la novedad que significa Jesús. Estos dos personajes nos introducirán en lo íntimo de la familia de Dios.
El evangelio de la infancia de san Lucas (cap 1-2) comenzaba con la escena del anciano Zacarías en el templo (1, 5-22). Desde el templo, lugar de la presencia de Dios en medio de los suyos, se ha escuchado la palabra que dirige la historia hacia su meta (anunciación de Juan). Hacia el templo, lugar de plenitud del pueblo de Israel, se ha dirigido la historia de la infancia. De la infancia de Jesús en ese templo trata nuestro texto. Podemos distinguir 4 elementos fundamentales son los siguientes:
   a) Presentación (2,22-24).
   b)Revelación de Simeón (2, 25-35).
   c) Testimonio de Ana (2, 36-38)
   d) Vuelta a Nazaret (2, 39-40).
     En el fondo de la escena de la presentación (2, 22-24) está la vieja ley judía según la cual todo primogénito es sagrado y, por lo tanto, ha de entregarse a Dios o ser sacrificado. Como el sacrificio humano estaba prohibido, la ley obligaba a realizar un cambio de manera que, en lugar del niño, se ofreciera un animal puro (cordero, palomas) según prescribe Ex 13 y Lev 12. Parece probable que al redactar la escena Lucas esté pensando que Jesús, primogénito de María, es primogénito de Dios. Por eso, junto a la sustitución del sacrificio (se ofrecen dos palomas) se resalta el hecho de que Jesús ha sido "presentado al Señor", es decir, ofrecido solemnemente al Padre. El sentido de esta ofrenda se comprenderá solamente a la luz de la escena del calvario, donde Jesús ya no podrá ser sustituido y morirá como el auténtico primogénito que se entrega al Padre para salvación de los hombres. Unido a todo esto Lucas ha citado sin entenderlo un dato de la vieja ley judía: la purificación de la mujer que ha dado a luz (cfr Lev 12). Para Israel, la mujer que daba a luz quedaba manchada y por eso tenía que realizar un rito de purificación antes de incorporarse a la vida externa de su pueblo. De esta concepción, de la que extrañamente han quedado vestigios en nuestro pueblo hasta tiempos muy recientes, parece que Lucas no ha tenido ya una idea clara; por eso en el texto original ha escrito "cuando llegó el tiempo de la purificación de ellos", refiriéndose también a José y a Jesús. La tradición litúrgica ha corregido el texto original de Lucas, refiriéndose sólo a la purificación de María, ajustándose de esa manera a la vieja ley judía.
     El centro de nuestro pasaje lo constituye la revelación de Simeón (2, 25-35). Jesús ha sido ofrecido al Padre; el Padre responde enviando la fuerza de su Espíritu al anciano Simeón, que profetiza (2, 29-32.34-35). En sus palabras se descubre que el antiguo Israel de la esperanza puede descansar tranquilo. Su historia, representada en Simeón, no acaba en vano: ha visto al salvador y sabe que su meta es ahora el triunfo de la vida. En esa vida encuentran su sentido todos los que esperan porque Jesús no es sólo gloria del pueblo israelita, es el principio de luz y salvación para las gentes.
     Tomadas en sí mismas, las palabras del himno del anciano (2. 29-32) son hermosas, sentimentalmente emotivas. Sin embargo, miradas en su hondura, son reflejo de un dolor y de una lucha. Por eso culminan en el destino de sufrimiento de María (2, 34-35).Desde el principio de su actividad, María aparece como signo de la Iglesia, que llevando en sí toda la gracia salvadora de Jesús se ha convertido en señal de división y enfrentamiento. La subida de Jesús al templo ha comenzado con un signo de sacrificio (2, 22-24); con signo de sacrificio continúan las palabras reveladoras de Simeón. Desde este comienzo de Jesús como signo de contradicción para Israel, u origen de dolor para María, se abre un arco de vida y experiencia que culminará sobre el Calvario y se extenderá después hacia la Iglesia.
     Todo el que escucha las palabras de consuelo en que Jesús se muestra como luz y como gloria (2, 29-32) tienen que seguir hacia adelante y aceptarle en el camino de dureza, decisión y muerte. En ese caminar no irá jamás en solitario, le acompaña la fe y el sufrimiento de María.
Con las palabras de alabanza de Ana, que presenta a Jesús como redentor de Jerusalén (2, 36-38) y con la anotación de que crecía en Nazaret lleno de gracia (2, 39-40) se ha cerrado nuestro texto.


 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • Simeón y Ana se sienten agraciados porque han visto a Jesús ¿Dónde veo hoy a Jesús, el Salvador? ¿Lo acojo con los brazos abiertos como estos personajes que se movían entorno al Templo?
  • La familia de Nazaret estaba dispuesta a cumplir en todo la voluntad de Dios ¿Qué pasos concretos me invita a dar en mi vida familiar?
  • Simeón y Ana esperaban al Mesías orando en el Templo ¿Espero en mi vida al Salvador? ¿Dónde?¿Cómo?

 

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