Domingo IV de Adviento Ciclo B: “El que va a nacer se llamará Hijo de Dios”
 (Lc 1,26-38)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: 2 Samuel 7,1-5. 8-12. 14. 16

   “Tu dinastía y tu Reino subsistirán para siempre ante mí”   

   Salmo  88
   “Mi amor hacia él será eterno”

2ªLectura: Romanos 16,25-27

  “Dios ha revelado el misterio”

Evangelio:   Lucas 1,26-38
   
  “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre… y su Reino no tendrá fin”

 

 

PALABRA DE VIDA

          María es, junto a Juan Bautista, uno de los personajes centrales del Adviento. Por eso la liturgia no podía dejar de mencionarla en este tiempo. Ella es la mujer disponible que supo escuchar y poner por obra la Palabra, la que supo conducir su vida según     la voluntad de Dios. Dejando que él actuara se comprometió con su obra liberadora y consintió que el Hijo se encarnara en su seno para que la salvación llegase a la humanidad entera. Gracias a ella la esperanza se hizo realidad.
          El episodio del evangelio que hemos escuchado se sitúa en el contexto narrativo del llamado “evangelio de la infancia” (Lc 1-2). Para componer estos capítulos, Lucas utilizó ciertas técnicas y procedimientos literarios característicos de su época. A través de ellos no pretendió escribir un resumen de la vida de Jesús cuando era pequeño, sino reflejar su fe en el resucitado que, como una luz, se proyecta también sobre su niñez.
          Desde el comienzo, el texto hace referencia al relato anterior. “Al sexto mes…”. En él se narra otro anuncio de nacimiento: el de Juan Bautista (Lc 1,5-25). En ambos casos se utiliza una misma estructura en la que se repiten una serie de elementos característicos de este género literario llamado “esquema de anuncio”: aparición y anuncio de un mensajero divino, asombro de quien recibe el anuncio, transmisión del mensaje celeste, objeción del interesado seguida de una explicación, aceptación final del mismo y señal ofrecida por Dios como garantía.
          Presentando así las cosas, Lucas aclara la identidad del niño y cuál será su misión. A los títulos típicamente mesiánicos, Lucas añade el de “Hijo de Dios” para aludir a su relación única con el Padre. El mismo nombre, Jesús, es significativo, pues su traducción es: “Dios salva”. Puede resultar chocante dirigirse así al hijo de una mujer humilde como María, natural de un rincón perdido de Galilea, región alejada de Jerusalén, sede de las grandes instituciones políticas y religiosas de Israel. La salvación de Dios no llega por los cauces esperados. Todo se debe a la intención teológica de Lucas, para quien lo único importante es reconocer la auténtica identidad de Jesús desde los primeros momentos de su vida, aunque esta no se revele plenamente hasta después de la Pascua.
          Llama la atención la importancia que Lucas concede al Espíritu, dándole un papel preponderante. La expresión que se utiliza para expresar su acción sobre María recuerda aquella que se le aplica en el Génesis a propósito de la creación (Gn 1,2). Eso significa que el nacimiento de Jesús es obra de Dios y con él comienza un tiempo nuevo en el que la humanidad será recreada. Modelo de esta humanidad nueva es la Iglesia, cuyo nacimiento en Pentecostés también es fruto del Espíritu. El mismo que movió toda la vida de Jesús (Lc 4,18) y por eso puede fortalecer a sus discípulos para que continúen su misión (Hc 1,8).
          Finalmente debemos fijarnos en la respuesta de María, pues es la destinataria del anuncio. De ella aclara el texto que está desposada con José, un hombre “de la estirpe de David” , aludiendo de este modo a la promesa mesiánica. En su diálogo con el ángel va descubriendo que la ha escogido, por gracia, para ser la madre del Mesías y la postura que debe tomar ante lo que Dios le pide. El texto señala tres actitudes a la madre de Jesús. Primero su reacción de turbación ante el saludo de Gabriel, luego la extrañeza ante su anuncio y los interrogantes que le suscita y, finalmente, su absoluta disponibilidad al plan de Dios. De este modo refleja Lucas el proceso que recorre todo creyente –también nosotros – cuando descubre lo que Dios quiere de él.
          Este último domingo de Adviento huele ya a Navidad y María nos enseña cuál es el mejor modo de prepararnos para celebrar esa fiesta. Antes de que la Palabra se encarnara en su seno se había ya encarnado en su corazón. Por eso supo decir “sí”.     

 

 

     

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • La encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu es uno de los misterios que profesamos en el credo. ¿Cómo me ayuda a entenderlo la lectura de este pasaje?
  • “Hágase en mí según tu Palabra”, rezamos en el Ángelus. ¿A qué me compromete el “sí “ de María? ¿Hasta qué punto consiento, como ella, que la Palabra de Dios transforme mi vida?
  • La Virgen es modelo de esperanza porque se fió de Dios para el cual “nada hay imposible”. ¿Cómo puede ayudarnos su ejemplo a vivir anclados en esta virtud?

REAL PARROQUIA SANTA MARÍA MAGDALENA -SEVILLA-

 

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