Domingo I de Cuaresma Ciclo A: “Si eres Hijo de Dios…”
(Mt 4,1-11)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura: Génesis 2,7-9;3,1-7 

  “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”              

 Salmo 50
  “Ten piedad, oh Dios, por tu amor”

2ªLectura:    Romanos 5,12-19                    
  “Por la obediencia de uno solo, todos alcanzarán la salvación”

EvangelioMateo 4,1-11
      “El Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba”

 


 



 


 

 

PALABRA DE VIDA

           Iniciamos la cuaresma, y la Palabra nos lleva al comienzo de la historia de la salvación. En el libro del Génesis se nos presenta a un mundo creado como bueno donde el ser humano fue puesto para ser feliz, pero la desobediencia del hombre, al querer ser como Dios, frustró este proyecto y plan. Esta vieja tentación     ha sido vencida por Jesús, rompiendo la amenaza que desde el principio recayó sobre la humanidad. Su obediencia de Hijo nos hace descubrir que es imposible reencontrar el camino de la salvación al margen de la voluntad del Padre.
          El evangelio de las tentaciones es de obligada lectura en este primer domingo de Cuaresma. Después del bautismo en el Jordán, que lanza a Jesús a la misión, y antes de empezarla predicando y actuando en Galilea, el evangelio nos presenta esta escena llena de significado que simboliza y sintetiza, por contraste, el estilo de Mesías que Jesús quiere ser.
          Jesús se dispone a empezar su anuncio del Reino. La escena de plegaria en el Jordán en la que ha sido manifestado como Hijo amado de Dios, continúa ahora más pausadamente, en el encuentro con el Padre en el desierto, donde le mueve la fuerza del Espíritu. Y aquí se plantea qué es lo que ha de significar su misión. Y el planteamiento es radicalmente realista: experimentar todo lo que le desviaría del camino de Dios, y vencerlo, y disponerse a emprender su misión según la manera de pensar de Dios y no del diablo. Como el diablo no puede desviarle del camino de Dios, le deja hasta una nueva oportunidad: será en la pasión, "la hora del poder de las tinieblas" , cuando Jesús tendrá que decidir si llegar hasta el final en el camino de Dios, y volverá a vencer. Colocando esta escena aquí el evangelio está haciendo varias afirmaciones: que Jesús es humano, y que por tanto, se le plantean problemas y oscuridades sobre la misión que ha de llevar a cabo; que los cristianos y la Iglesia también somos humanos, y tener tentaciones no descalifica a nadie; y que hay unas determinadas tentaciones, las que tuvo Jesús, que son las que más hay que combatir, porque son las que contradicen más radicalmente el camino de Jesús.
          Las tres tentaciones quedan ciertamente bien caracterizadas y en definitiva son muy similares: son proponer a Jesús que actúe (y busque eficacia evangelizadora) por otros caminos diferentes (contrarios) al contenido mismo de lo que quiere anunciar: el amor fiel, confiado, entregado (hasta la muerte si es menester), como única manera de vivir que realmente humaniza y diviniza. Frente a eso, el diablo propone:
    1) Escapar de las dificultades de este amor entregado, y buscar tranquilidad y bienestar utilizando el nombre de Dios.
    2) Dominarlo todo, y poder imponer lo que Jesús quiera imponer (es la tentación más "diabólica": en las otras dos, el diablo dice a Jesús que haga intervenir a Dios; en ésta no le es necesario).
    3) Conseguir la adhesión de la gente engatusándolos con actuaciones espectaculares en lugar de buscar convertir los corazones a Dios.
          Sólo comprenderá el valor de las tentaciones de Jesús aquél que se detenga a meditar en las razones que le ofrece el diablo. En un mundo en que millones mueren de hambre, ¿no tendrá razón Satán cuando suplica simplemente que Jesús y que la iglesia ofrezcan pan a los que esperan? En un mundo en el que oprimen toda clase de tiranos, ¿no es lógico que Cristo y que la iglesia se convirtieran en centro de poder y garantía de un imperio de paz y de confianza? Sobre una tierra en que millones de personas se sienten incapaces de llegar a la verdad, ¿no sería lógico que Cristo y que la iglesia se sirvan de milagros para hacer que todos crean? Pienso que muchos de nuestros cristianos responderían y responden hoy de una manera diferente a la de Cristo ante la urgencia de las mismas tentaciones. Pienso que muchos de nosotros hemos dado la razón al diablo.
          Ante la vieja y nueva tentación conservan su valor las respuestas de Jesús.
    a)El verdadero pan del hombre es más que la comida. El ser humano es más que simple economía; por eso es necesario alimentar el corazón con la palabra del evangelio, de manera que los hombres se repartan mutuamente lo que tienen.
    b) El poder del evangelio no es simple dominio político del mundo. Toda opresión interhumana, por más orden que produzca, es don del diablo. Lo que Jesús ofrece a los suyos es la obediencia a Dios y la exigencia del servicio mutuo.
    c) Dios habita en el campo de la fe y no a la altura de un prodigio externo; sólo quien tenga confianza en la vida y encuentre en el fondo el amor que Jesús nos ofrece, sólo quien se arriesgue a creer y suscitar la fe en los demás, podrá entender lo que Cristo significa.
         Los cuarenta días de ayuno que Jesús pasó en el desierto inspiraron la duración de la Cuaresma cristiana. Lo que se nos pide no es tanto privarnos del alimento, sino renovar nuestra vocación de hijos de Dios, la que recibimos en nuestro bautismo, y que está amenazada, como la de Jesús, por múltiples tentaciones que tratan de anular el dinamismo del Reino.

         
 


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “Si eres Hijo de Dios…” ¿Cómo entiende Jesús su condición de Hijo de Dios? ¿Y tú?
  • “Todo te lo daré si te postras y me adoras”. ¿Qué tentaciones amenazan mi coherencia de vida cuando trato de vivir como hijo de Dios en la línea en que lo hizo Jesús?
  • “No tentarás al Señor, tu Dios…” ¿Qué puedo aprender de la actitud de Jesús ante las tentaciones?













     

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