Domingo VIII Tiempo Ordinario Ciclo A: “No andéis preocupados”
(Mt 6,24-34)

 

   La Palabra de Hoy

1ª Lectura:  Isaías 49,14-15 

  “¿Acaso olvida una mujer a su hijo?”            

 Salmo 61
  “Descansa sólo en Dios, alma mía”

2ªLectura:    1 Corintios 4,1-5                     
  “No juzguéis antes de tiempo”

Evangelio:   Mateo 6,24-34
     “Buscad ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él”

 


 



 


 

 

PALABRA DE VIDA

          La palabra de Dios de hoy nos presenta varias imágenes de Dios, y todas ellas son complementarias. Así, Isaías habla de él como de una madre    que no puede olvidar a su hijo. Jesús, en el evangelio, lo presentará como el Padre providente y amoroso que cuida de sus hijos. Y Pablo lo presenta como el Dios de Jesucristo en su dimensión de juez justo que pone de manifiesto las intenciones del corazón. Ante este Dios, el salmo nos invita a entonar un cántico sereno, porque sabemos que sólo en él encontraremos descanso.
          El pasaje de Mt. 6, 24-34, es uno de esos textos inquietantes de la Biblia, que sacude las bases de mucha gente. Sugiere un modo de vida para los seguidores de Jesús que es radicalmente distinto de aquello que se piensa hoy en día.  Los cristianos se contradicen cuando sostienen que el modo de vivir de Jesús, él lo podía llevar, pero no nosotros. Somos miopes cuando proclamamos que aceptamos la doctrina de Jesús, pero no su modo de actuar. Nosotros casi nunca tratamos de corregir la doctrina de Jesús, más bien fácilmente interpretamos y excusamos su comportamiento. Sin embargo, Jesús nos revela más con su modo de vivir que con sus palabras, y no sólo revela Quien es Dios, sino lo que el hombre tiene que llegar a ser.
          Tenemos aquí el enunciado general de esta instrucción sobre las preocupaciones de esta vida en relación con la premura del reino.El v. 33 será la conclusión y pondrá de manifiesto la instrucción. Es muy importante no caer bajo el agobio de las preocupaciones de la vida, ya que el reino y sus contornos se diluirían con facilidad. No está prohibido trabajar sino hacerlo en la intranquilidad y la angustia. Dios se preocupa del que cree en eso que es esencial: la opción por el reino.
          El símil de los pájaros no viene aquí a resaltar su inactividad, sino su serena actividad, sin inquietudes ni agobios. Dios colma sobradamente la actividad pequeña y elemental de los pájaros. Cuánto más colmará el deseo profundo del hombre. Dios solamente rompe el círculo opresor de la limitación y de la necesidad del hombre. Sólo Dios da continuidad y perpetuidad a la aspiración más íntima del hombre.
          El segundo símil para aclarar la idea que se quiere exponer es este de los lirios, asimilados a la hierba en el v. 30.  Difícil de expresar de forma tan sencilla la fe de Jesús y de sus discípulos en Dios creador. Dios lejano, pero inmensamente cercano al hombre. Dios potente, pero delicado en su amor para cada hombre y cada cosa. Para llegar a descubrir esta naturaleza fundamentalmente bienhechora de Dios y encontrar en ella una llamada a la confianza, es necesaria la fe.
          Este es el sentido general y la conclusión a la que se quería llegar. Lo mismo que los paganos "buscan" un tipo de vida lo más muelle posible, los creyentes "buscan" (el mismo verbo) gozosamente el reino. No se trata de una búsqueda apasionada e inquieta, sino que se tiene la seguridad de que el que busca encuentra , ya que el término de todo es Jesús mismo. Todo esto no enseña una confianza pasiva en la providencia, ni el desprecio de las necesidades del cuerpo, como opuestas a las del alma, sino que llama a una búsqueda de lo esencial y, en consecuencia, a una sosegada simplificación del tren de vida que llevamos. Son dos concepciones diferentes de la vida, pero nunca una oposición entre trabajo y ocio. La confianza en Dios da al creyente una mayor actividad.
          Se ha escrito atinadamente que Jesús apenas habla de Dios pero que siempre habla desde Dios, a quien siente, a quien ama, con quien vive. Hoy es uno de los pocos textos en los que, además, Jesús habla de Dios. Este sí que es el Dios verdadero, el que hace posible que desaparezca el agobio por la comida, la bebida y el vestido, el que hace posible que todo esto sea superabundante.
          Este evangelio de hoy es tremendamente actual, porque vivimos en una sociedad consumista que nos empuja a preocuparnos en demasía por los bienes materiales. La inquietud desproporcionada, la preocupación obsesiva, el agobio por lo material, la ansiedad por el futuro, son males que nos azotan y ante los cuales podemos cuestionarnos hoy,

         
 


 



 

PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • ¿Cómo es el Dios del que Jesús nos habla en el pasaje de hoy? ¿Cómo percibo su amor providencial en mi vida?
  • ¿Hasta qué punto soy libre ante el dinero y a otros bienes materiales?
  • ¿Qué puedo hacer para seguir las indicaciones que Jesús da en este evangelio?













     

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