Domingo del Bautismo del Señor Ciclo C: "Él os bautizará con Espíritu Santo"
(Lc 3,15-16.21-22)

 

  La Palabra de Hoy

1ª Lectura:    Isaías 42,1-4.6-7
    “Éste es mi siervo a quien sostengo”   

       Salmo Salmo 28
    “La voz del Señor se cierne sobre las aguas”
  

2ª Lectura:   Hechos 10,34-38
   “Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder”

 
 

Evangelio  Lucas 3,15-16.21-22
    “Tú eres mi Hijo el amado, en ti me complazco”




 


  PALABRA DE VIDA

               Hoy, de nuevo, estamos ante una epifanía, es decir, una manifestación de Dios que se revela por medio de su Hijo. Así, en su Bautismo, se va a revelar que Jesús es el Hijo amado de Dios, ungido con la fuerza del Espíritu para una misión de salvación. Con esta fiesta del Bautismo del Señor, cerramos el tiempo de Navidad y nos disponemos a entrar en el Tiempo Ordinario, donde escucharemos las palabras y contemplaremos las acciones y gestos realizados por Jesús durante su ministerio público. Su Bautismo, recibido en esta nueva etapa de su vida, es la revelación de su identidad ante todo el pueblo, Hijo amado, quedando su misión legitimada por el Padre.

               Como el pueblo estaba a la expectativa y se preguntaba si Juan no sería el Mesías, Lucas les quiere aclarar que Juan no era el Mesías esperado, pero sí su precursor. Por esta razón, marca la diferencia entre su bautismo penitencial “con agua” y el que practicará el Mesías “con Espíritu Santo y fuego”. Esta alusión está referida al acontecimiento de Pentecostés (Hch 2,1-4) y, al mismo tiempo, subraya el sentido del bautismo cristiano, que va más allá de un simple rito purificatorio, pues es un don del Espíritu para el creyente.

              Jesús se bautiza sin hacerle falta el bautismo de Juan, por eso Lucas no describe al detalle el bautismo en sí mismo. Lo que sí describe con detalle, y se recrea en ello, es en la bajada del Espíritu Santo y en lo que dice la voz del cielo, dándole gran solemnidad a la escena. En un momento previo, el evangelista acentúa que Jesús estaba orando, como hará en otros momentos importantes de su vida, y éste lo es porque es el inicio de su ministerio público. Lucas llama Santo al Espíritu que desciende sobre Jesús, insistiendo además en que su bajada se realizó en forma visible, es decir, que se produjo realmente. Con ello, el Bautismo que recibe Jesús no es el de Juan, sino el del Espíritu Santo. La consagración que tuvo lugar en el momento de la concepción, se actualiza en este momento en función de la misión que va a empezar dentro de poco.

               Es la voz del cielo la que ratifica lo sucedido y ayuda a comprender el sentido del Bautismo de Jesús. En las palabras del Padre, hay una alusión al comienzo de los Cánticos del Siervo de Yavé, de la primera lectura. También el mismo Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, 2ª lectura, nos dice que Jesús fue “ungido” en su bautismo con “Espíritu Santo y poder”. Por eso, más allá de las apariencias, descubriremos que él, y no Juan, es el Mesías, el Ungido de Dios , cuya misión salvadora se realiza al estilo del Siervo, 3s decir, desde la humildad, solidaridad universal y la entrega de sí mismo. El es el Hijo amado dispuesto a hacer en todo la voluntad del Padr4e, hasta aceptar otro bautismo: el de su propia muerte.

               En la fiesta del Bautismo del Señor, será bueno plantearnos: "El os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego". Los sacramentos de la Iglesia (el sacramento del bautismo, la eucaristía), no son sólo unos ritos externos, con su simbolismo más o menos rico, acompañados de nuestra plegaria personal y comunitaria, de nuestros deseos, propósitos o compromisos. Con el agua, el celebrante, la comunidad reunida y nosotros mismos, hay siempre -¡y sobre todo!- "el que puede más que yo". Aquel sobre el cual bajó el Espíritu Santo nos bautiza a nosotros "con el Espíritu Santo y con fuego". La acción de los sacramentos penetra hasta el fondo de nuestro ser como un fuego purificador, transforma íntimamente como sólo el Espíritu de Dios puede hacerlo. También nosotros, pues, según nuestra capacidad, tenemos el cielo abierto  y desciende el Espíritu Santo, igualmente escuchamos la voz del Padre que nos dice: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto".

             
            

 


PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO

  • “Tú eres mi Hijo amado” ¿Qué has descubierto en este pasaje sobre la persona de Jesús?
  • “Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego” ¿Cómo nos ayuda este texto a comprender mejor nuestra condición de bautizados?
  • ¿Somos conscientes del compromiso que conlleva el haber sido bautizados con el mismo Espíritu que consagró a Jesús para la misión?




     

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