Sede de antiguas hermandades y cofradias

    Los religiosos de la Orden de Santo Domingo hicieron del templo de San Pablo el Real, actual sede de la Real Parroquia de Santa María Magdalena, un destacado foco de la religiosidad popular y un espacio privilegiado para la celebración del culto católico. Ello explica que siempre haya sido y sea sede de señeras hermandades y cofradías sevillanas.
 
    Recogemos dos hermandades extintas que existieron en nuestra parroquia.
 
ILUSTRE Y PRIMITIVA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO 
 
    Su historia como hermandad autónoma es de las más significativas de la ciudad desde su creación hasta el siglo XIX.
 
    Las primeras Cofradías del Rosario surgen en el seno de la Orden de Predicadores a partir de 1479 y siguiendo el parecer de Romero Mensaque "todo parece indicar que en el Real Convento de San Pablo se funda una de estas Cofradías en fecha muy temprana, 1481, siendo prior Fray Alonso de Ojeda, aunque la documentación propia más antigua que se conserva es de finales del siglo XVI".
 
    La Hermandad del Rosario ocupó originariamente una de las Capillas de la Iglesia Conventual, pero pronto los cofrades obtuvieron del Arzobispo fray Diego de Deza (1505-1523), también dominico, autorización para labrar una capilla contigua al templo -la actual capilla sacramental- pues contaba con importantes recursos económicos ya que en su nómina de hermanos había cofrades pertenecientes a la nobleza de la ciudad. 
 
    En la segunda mitad del siglo XVII, se detecta una mayor apertura a otros estamentos sociales debido a la difusión del Rosario tras la peste de 1649 y el auge que cobró como devoción central en todas las misiones populares, en las que el convento de San Pablo era uno de los focos más importantes al que acudían las procesiones del Rosario con sus estandartes. Entre los 582 hermanos inscritos en el libro de hermanos del siglo XVII destaca Bartolomé Esteban Murillo, que fue cofrade de la hermandad hasta su muerte.
 
    La actual y bellísima Imagen de Nuestra Señora del Rosario, gubiada en 1787, es obra de Cristóbal Ramos. 
 
    En el siglo XIX la Ilustre y Primitiva Hermandad de Nuestra Señora del Rosario sufrió una profunda decadencia a raíz de la desamortización de los bienes del Convento de San Pablo, cuya comunidad fue exclaustrada. Para asegurar su subsistencia, se fusionó en 1867 con la hermandad de penitencia del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat. Esta fusión perduró hasta el año 1941, cuando debido a una discrepancia de opiniones entre la Hermandad y la Parroquia, se dictó un Decreto de separación de ambas. A partir de ese momento la vida de la Corporación del Rosario languideció totalmente. 
 
    En la década de 1980 se encomienda la custodia de la imagen de Nuestra Señora del Rosario a la Hermandad Sacramental, que le tributó cultos con ocasión de su festividad. El único hermano subsistente en su nómina -don Rafael Jiménez Cubero- inició los trámites para su revitalización y con fecha 10 de enero de 2006 se aprueban las nuevas Reglas de esta Ilustre y Primitiva hermandad de Nuestra Señora del Rosario. Seguidamente la Hermandad se fusionó nuevamente con la Hermandad de penitencia del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat, quien actualmente tiene a la Virgen del Rosario como una de sus titulares, rindiéndole en el templo parroquial en torno al 7 de octubre.
 
COFRADIA DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENOS Y NUESTRA SEÑORA DE LA ANTIGUA, SIETE DOLORES Y COMPASIÓN
 
    La cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión evoca el pasado glorioso de nuestras cofradías. Su recuerdo llega hasta nuestros días dejando como legado sus imágenes titulares: Nuestro Padre Jesús Nazareno actualmente en la parroquia de San Nicolás donde es titular de la hermandad de La Candelaria con la advocación de Nuestro Padre Jesús de la Salud, y Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores que recibe culto en la parroquia de Santa María Magdalena en una capilla del crucero.
 
 
    La cofradía de Nuestra Señora de la Antigua se funda en 1546, producto del fervor existente por esta advocación mariana que preside la más importante capilla catedralicia tras la Capilla Real. Cincuenta años después, la cofradía penitencial de los Dolores de la Santísima Virgen fundada en el convento de Santo Domingo de Silos, se fusiona con la de la Antigua. 
 
    Su advocación se materializaba en el enorme corazón de plata que llevaba sobre el pecho atravesado por siete cuchillos en representación de los siete dolores de la Virgen. Su inmensa devoción entre los sevillanos la lleva a presidir rogativas por sequías como las de los años 1680 y 1736 o rogativas por la Guerra de Sucesión en 1706.
 
    La cofradía tenía una enorme relevancia por la pertenencia a ésta de destacados e ilustres miembros de la sociedad sevillana y española, incluso los monarcas Felipe II y Felipe III pertenecieron a la hermandad. Hacía estación de penitencia a la catedral el Jueves Santo, haciendo estación en el Monumento y en la capilla catedralicia de Nuestra Señora de la Antigua.
 
    En 1766 realiza su última estación de penitencia, sufriendo una larga decadencia que se agravó en los primeros años del siglo XIX con la venta de sus pasos y enseres. Como curiosidad, además de las imágenes titulares han llegado a nuestros días la capilla de la corporación, hoy propiedad de la Hermandad de Montserrat, y los bordados exteriores de las bambalinas de su palio que luce actualmente la Virgen del Valle. 
 
    Sus imágenes titulares son de enorme valor: Nuestro Padre Jesús Nazareno (hoy Señor de la Salud) se atribuye a la gubia de Francisco de Ocampo. La Virgen de la Antigua y Siete Dolores se ha venido atribuyendo a Pedro Roldán, realizada a mediados del siglo XVII, pero nuevas teorías adelantan su realización hasta principios del mismo siglo, considerándose más bien como obra de Andrés de Ocampo.
 
    El valor histórico y artístico de la imagen de principios del XVII que conocemos como Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores es inmenso. Y por encima de todo su valor devocional ya que "pocas imágenes hay en esta ciudad, con ser tantas las que de la Santísima Virgen venera, que hayan tenido la devoción que esta, y pocas también que la igualen en celebridad y nombre" en palabras de José Bermejo y Carballo en su obra Glorias religiosas de Sevilla, publicada en 1882.

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