El Papa Francisco, en su Ex. Ap. EVANGELII GAUDIUM, nos ofrece una preciosa reflexión sobre lo que titula “la fuerza evangelizadora de la piedad popular” (EG. 122-126).

   En ella se presenta a la piedad o religiosidad popular como un fruto de la inculturación de la fe, entendiendo por cultura aquella “que un pueblo recrea permanentemente” y a través de la cual “cada generación le transmite a la siguiente un sistema de actitudes ante las distintas situaciones existenciales (y) que ésta debe reformular frente a sus propios desafíos” (“el ser humano es al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece”) (EG. 122). Desde esta perspectiva, la religiosidad popular aparece como el fenómeno por el que cada porción del Pueblo de Dios traduce a su vida el don de Dios, la fe, según su genio propio, recepcionando la de sus mayores y enriqueciéndola con nuevas expresiones (EG. 122).

   Siguiendo la estela de sus predecesores y, en especial, la de Pablo VI y su Evangelii Nuntiandi, la valoración que el Papa hace de la piedad popular no puede ser más positiva: en palabras de Benedicto XVI, la califica como “un precioso tesoro de la Iglesia católica”, en el que el Espíritu Santo es su principal agente y en el que se “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer” (Juan Pablo II)(EG. 123). Constituye una “verdadera espiritualidad encarnada”, no vacía de contenidos, pero que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el uso de la razón instrumental; que acentúa más el credere in Deum que el credere Deum (EG. 124).

   Pero quizá el rasgo que más resalta y valora es su fuerza evangelizadora y misionera: a través de la religiosidad popular “el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo”, constituyendo una “verdadera expresión de la acción misionera espontánea”. Continúa con énfasis: “El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador” (EG. 124).

   Por todo ello, concluye el Papa que menospreciar o ignorar esta forma de religiosidad “sería desconocer la obra del Espíritu Santo”. Por tanto, es preciso alentarla y fortalecerla, dado que “las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG. 126).

    El pasado, presente y futuro de nuestra parroquia  de la Magdalena sencillamente no existiría –o sería muy distinto- sin las hermandades que en ella han tenido y tienen su sede canónica.

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